'A legislar para el posconflicto'

En su discurso, el jefe de Estado insistió en que la paz es el valor supremo de toda sociedad y en su construcción “cabemos todos”. Anunció la presentación de un proyecto para eliminar la reelección y ampliar el período presidencial.

El presidente Juan Manuel Santos, ayer, a su llegada al Capitolio donde instaló el Congreso 2014-2018. /Andrés Torres

En medio de la expectativa por el saludo entre el presidente Juan Manuel Santos y su antecesor y más enconado opositor, el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe —algo que finalmente no se dio—, el primer mandatario instaló ayer las sesiones ordinarias del nuevo Congreso de la República para la legislatura 2014-2018, con un discurso centrado en el tema de la paz, anuncios de reformas trascendentales para el país y un balance de lo hecho en sus primeros cuatro años de mandato.

De entrada, Santos reiteró que su triunfo en las urnas el pasado 15 de junio fue gracias a la mayoría de colombianos que quieren el fin del conflicto, y en palabras que bien pueden interpretarse como un mensaje de paz a Uribe, aseguró que al final del proceso electoral vivido no pueden quedar vencedores ni vencidos, sino una sola nación que avanza en el camino de la reconciliación: “Porque la paz es el valor supremo de toda sociedad y en su construcción cabemos todos”, dijo.

Precisamente sobre las negociaciones que hoy se adelantan en La Habana con las Farc, el discurso del primer mandatario estuvo plagado de indirectas a sus opositores —léase uribismo—. “Colombia está cambiando. Colombia está dejando atrás los lastres de la guerra y del odio, y somos capaces de lograrlo”, manifestó, para después agregar: “Yo no pienso, en absoluto, que los que no acompañaron mi candidatura estén en contra de la paz. Por supuesto que la quieren. No hay colombiano en su sano juicio que no la desee”.

Y es que según el presidente Santos, el tema de la paz debe unir antes que dividir. Y, en este sentido, señaló que el nuevo Congreso tendrá en sus manos la enorme responsabilidad de apoyar la implementación de los acuerdos que se alcancen con la guerrilla y de legislar para una nueva nación: la del posconflicto. “Porque este será, no les quepa duda, el Congreso de la paz”, sentenció, no sin antes insistir que la paz que busca es sin impunidad y con verdad.
“Será tarea de este Congreso expedir en su momento la ley estatutaria que desarrolle el Marco Jurídico para la Paz. No se trata —y en esto quiero ser claro— de sacrificar la justicia para lograr la paz. No. Se trata de ver cómo lograr la paz con un máximo de justicia. Una justicia que necesariamente pasa por la satisfacción de los derechos de las víctimas. Y entonces vendrá nuestra gran tarea como nación: la tarea del posconflicto, que deberemos asumir desde un prisma de reconciliación y de oportunidades”, manifestó.

Más allá de la paz, parte de la intervención del presidente Santos estuvo dedicada a las reformas que le planteará al país en su segundo mandato. Entre ellas la que tiene que ver con el llamado “equilibrio de poderes”. Y ahí hubo palabras que, si se quiere, también se pueden acomodar a Álvaro Uribe. El diagnóstico es que, para evitar los abusos, la arbitrariedad y el despotismo, es necesario que “el poder limite el poder”.

“La reforma que proponemos busca restablecer en nuestra democracia el principio de ‘pesos y contrapesos’, que se debilitó por cuenta de la figura de la reelección presidencial y por la falta de claridad en algunas de las competencias de nuestros organismos constitucionales”, aseguró. Y tal y como lo había prometido en campaña, anunció que el primer paso apuntará a la eliminación de la reelección, a cambio de extender el período presidencial a cinco o seis años. Medida que no beneficiará a Santos, sino a sus sucesores.

En esencia, se trata de una gigantesca reforma al Estado que implicaría unificar el período presidencial con los de alcaldes y gobernadores; listas cerradas en las elecciones a Congreso, asambleas y concejos, con la consecuente eliminación del voto preferente y la revisión de la circunscripción nacional para garantizar una adecuada representación de las regiones en el Senado, pues en el Congreso instalado ayer hay 13 departamentos que no tienen puesto en esa corporación.

Una propuesta de ambiciosa reforma que además tocaría al Poder Judicial: “Vamos a eliminar las atribuciones de selección, nominación y designación de autoridades del Estado por las altas cortes, y a ponerle coto a la llamada puerta giratoria. Los organismos de control y fiscalización también requieren una revisión pormenorizada de sus facultades y atribuciones. A partir de la próxima semana me propongo someter estos asuntos —entre otros— a la consideración de todos los partidos y minorías políticas”, comentó el mandatario.

Además de la paz y de la reforma al Estado, las otras prioridades del segundo tiempo de Juan Manuel Santos estarán en el campo, la educación, la salud, la seguridad y el medio ambiente. Así, por ejemplo, desde ya se advierte que el nuevo Congreso será el escenario de arduos debates sobre proyectos como el del estatuto de desarrollo rural, una ley de baldíos y de desarrollo de la altillanura, además de una propuesta para formalizar la propiedad rural. En educación, la promesa es que en 2015 su presupuesto sea el de mayor peso entre todos los sectores, incluido defensa.

Para la salud —según dijo el presidente en su discurso— las prioridades apuntan a la superación definitiva de la crisis financiera, la reglamentación de la ley estatutaria aprobada recientemente y el mejoramiento en la calidad y oportunidad de los servicios. En seguridad, la idea es trabajar para seguir fortaleciendo y modernizando a la Fuerza Pública —incluyendo temas de seguridad jurídica—, además que se anuncia un proyecto de nuevo Código de Policía. Y en medio ambiente se viene la reforma a las Corporaciones Autónomas Regionales y una ley de protección de páramos.

Al final, como está advertido, queda claro que el segundo gobierno Santos estará centrado en la búsqueda de la paz y el impulso de reformas claves para el país político y para el ciudadano del común y corriente, que ya se habían puesto sobre la mesa en estos primeros cuatro años, pero que no fue posible sacarlas adelante. Una tarea que, según sus propias palabras, requiere unidad. De ahí que en muchas partes de su discurso haya tendido la mano al uribismo: “Hoy los convoco —con el espíritu abierto y el corazón desarmado— a que superemos odios y diferencias para unirnos por la paz con prosperidad social”, como dijo al final de su intervención.