El viejo anhelo de la reunificación Liberal

Liberales, la U y Cambio Radical: otro desafío para Duque

El bloque parlamentario, decisivo en la moción de censura contra Guillermo Botero y la elección del nuevo magistrado del CNE, cuenta con mayorías que pondrían en jaque las relaciones del Ejecutivo con el Congreso. Si bien analistas dicen que son atajables, sus reclamos no pueden subestimarse.

El pasado miércoles, la coalición lanzó una proclama en la que reclamaba, entre otras, cambios en la política de seguridad y respeto a la protesta. / Cortesía: prensa Roy Barreras

Detrás de la moción de censura que motivó la renuncia de Guillermo Botero al Ministerio de Defensa, así como de la estratégica movida para que Virgilio Almanza Ocampo ocupara un puesto en el Consejo Nacional Electoral (CNE), hay un bloque partidista que, hábil y sagazmente, sigue abriéndose paso como fuerza política decisoria en el Congreso de la República, aprovechando, entre otras, las flaquezas del Gobierno de Iván Duque en su relación con el Legislativo.

Si bien esta coalición, conformada nada menos que por los liberales, la U y Cambio Radical, no puede enmarcarse en un espectro de oposición —de hecho, la U está declarada como partido de gobierno, mientras los otros dos son independientes—, sí puede calificarse de sublevada y contestataria a los intereses del Ejecutivo, al punto que, coinciden analistas, llegaría a convertirse en una verdadera amenazada para un Gobierno que luce frágil y con poco margen de maniobrabilidad para sacar adelante sus proyectos en el Congreso.

(Contexto: encuentra aquí el último intento por realizar la reunificación liberal)

Juntas, estas tres colectividades de estirpe liberal conforman una alianza que abarca el 40 % del Senado (44 parlamentarios de 108) y más de la mitad de la Cámara (90 de 172 representantes). De allí su importancia y determinación cuando de maquinaria legislativa se trata.

Aunque otrora los liberales, la U y Cambio Radical han trabajado unidos en frentes comunes —por ejemplo, cuando rechazaron al unísono las objeciones de Duque a la Ley Estatutaria de la JEP—, hoy figuran más alineados que nunca y, de hecho, para algunos pinta como la tan anhelada reunificación de las vertientes del trapo rojo, una ambición de vieja data que le apuesta a aglutinar de nuevo, en un solo frente, a quienes en el pasado conformaron las huestes del liberalismo.

(Encuentre más información sobre la histórica  división en Partido Liberal).

Muestra de la consolidación del bloque fue la proclama conjunta que divulgaron el pasado miércoles pesos pesados de los partidos como los senadores Roy Barreras, Roosvelt Rodríguez y Maritza Martínez (La U); Rodrigo Lara y Richard Aguilar (Cambio Radical), y Guillermo García Realpe (de los liberales). En ella critican la política de seguridad del Gobierno —evocando los crímenes de líderes sociales y de miembros de la Fuerza Pública, así como el reclutamiento de menores— e instan al primer mandatario a reenfocar su agenda hacia la paz, el desarrollo rural, el empleo y el fortalecimiento de lo social.

(El intento del senador Roy Barreras por conducir al Partido de la U a la independecia del Gobierno Duque) 

Además de criticar la renuncia de Guillermo Botero previo a la votación de la moción de censura y de señalar que “el cambio de ministro no es suficiente”, sino que debe endurecerse el mecanismo, el bloque reivindica que el Congreso ha recuperado su autonomía y saca pecho por la “eficacia del control político”, en pro del equilibrio de poderes. En esa línea, advirtiendo que observarán “desde la independencia”, le piden al primer mandatario que efectúe cambios en materia de política pública. En otras palabras, un timonazo en su forma de gobernar y relacionarse con el Legislativo.

“Presidente Duque, escuche las voces de la inmensa mayoría de colombianos que claman por una agenda de país que mire hacia el futuro y no hacia el pasado. No se atrinchere en un círculo cerrado de voces radicales que, cayendo en la tentación de la arrogancia, suelen decirles a los gobernantes que todo va bien”, concluyen en su proclama, mandando además un guiño a las movilizaciones del 21 de noviembre, que el mandatario alegó se están promoviendo “a través de la violencia”.

(Lea aquí más sobre la proclama de los congresistas independientes)

¿Oportunidad o amenaza?

Para el analista Javier Garay Vargas, doctor en ciencias políticas, si bien el fortalecimiento de este bloque interpartidista es una muestra de la capacidad de independencia y decisión de los movimientos políticos, deja al desnudo también la baja capacidad del presidente para maniobrar en el Congreso. “No ha podido generar apoyo mayoritario, incluso con partidos gobiernistas, y no lo ha consolidado porque intentó luchar en contra de lo que se denominó mermelada. Eso muestra cómo funciona la maquinaria política, pero además evidencia la improvisación y falta de experiencia del mandatario”.

En esta lectura coincide Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, quien sostiene que la existencia del bloque “traduce la debilidad del Ejecutivo”. Sin embargo, al margen de una amenaza, lo ve como una oportunidad de renegociar las relaciones con el Congreso y enviar la señal de que los parlamentarios son tenidos en cuenta.

Incluso, Basset va más allá y sostiene que la coalición entre liberales, Cambio Radical y La U aún no tiene fuerza, es frágil y persisten divisiones internas. En otras palabras, que todavía se les puede atajar antes de que lleguen a poner en jaque a Duque. En esa línea, Carlos Arias, analista político y profesor de la Universidad Externado, considera que el Ejecutivo ya ha dado los primeros pasos para fracturar la alianza.

“Han actuado inteligentemente para blindarse con los nombramientos de Claudia Blum como canciller (uribista, pero cercana a Cambio Radical) y Carlos Holmes Trujillo, que trabajó como diplomático con Juan Manuel Santos antes de distanciarse de Uribe. Eso puede tender puentes con Cambio Radical y La U con miras a lograr fisurar el bloque”, sostuvo Arias.

El balón está en campo de juego del Gobierno que, recalcan los analistas, debe fortalecer sus relaciones con el Congreso, lo que implica revaluar el papel de la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, según manifiesta Garay, para tener “más contacto y que el diálogo con los partidos fluya”. Eso sí, los expertos coinciden que, en caso de dejar crecer el bloque, sería un acabóse para la gobernabilidad de Duque: “No se trata de mermelada. En cualquier sistema presidencial hay acuerdos programáticos con el Parlamento. Hay formas de convencer, pero se necesita agenda de Gobierno y liderazgo”, precisa, por su parte, Yann Basset. La mesa está servida.

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2019-11-17T20:00:00-05:00

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2019-11-18T09:44:59-05:00

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-Javier González Penagos / @Currinche

Política

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