Líderes, más que partidos

La victoria de Petro en Bogotá, el avance de los independientes, los altibajos de los partidos tradicionales, el retroceso del uribismo, la barrida al Polo y el giro hacia la Unidad Nacional, los hechos electorales.

La victoria de Gustavo Petro en Bogotá, con su movimiento Progresistas, fue la nota predominante de la jornada electoral de ayer. Una vez más la capital marcó una tendencia que cada vez gana mayor terreno en el ámbito nacional: el voto ganador por líderes políticos de movimientos independientes. No fue una derrota de los partidos tradicionales, que a través de alianzas o con candidatos propios conservan amplios márgenes de poder, pero la política colombiana es cada vez más de nombres y no de organizaciones.

Los ejemplos abundan. Los triunfos de Sergio Fajardo en Antioquia, de Rodrigo Guerrero en Cali, de Elsa Noguera en Barranquilla, de Campo Elías Terán en Cartagena, de Richard Aguilar en Santander o de Édgar Díaz en Norte de Santander, a pesar de que tuvieron el respaldo de algunos partidos, constituyen avances de dirigentes ajenos a la política tradicional. En ciudades intermedias aún pesan mucho las maquinarias, pero la democracia se oxigena con voces nuevas y discursos cercanos a la gente.

Más allá de esta tendencia generacional, no fueron muy extremos los cambios en el mapa político del país. El modelo de Unidad Nacional que desarrolla el presidente Juan Manuel Santos ganó un segundo aire con victorias claves: Álvaro Cruz en Cundinamarca, Guido Echeverry en Caldas y el mismo Fajardo en Antioquia. Al margen de estos resultados, el propio Gustavo Petro dejó claro su interés de trabajar con el primer mandatario en importantes proyectos para Bogotá, con visión de Estado.

En cambio, quien dejó ver un retroceso frente a los últimos comicios locales y regionales fue el uribismo, encarnado en la figura del expresidente Álvaro Uribe Vélez. No fue ‘barrido’ como vaticinaban algunos analistas, pero perdió plazas importantes, incluso en su natal Antioquia, donde parecía imbatible. Lo que se aprecia es que la política santista de Unidad Nacional impera ahora sobre la postura uribista basada en el concepto de la seguridad como elemento determinante de la gobernabilidad.

En contraste, uno de los grandes derrotados de la jornada electoral de ayer fue el Polo Democrático. No sólo quedó relegado en lo que era su gran fortín, la capital de la República, sino que evidenció el mismo retroceso en Valle, Nariño y la Costa Atlántica. Si se tiene en cuenta que Petro ya habló de darle a su movimiento Progresistas una proyección nacional, que Gina Parody planteó una opción similar respecto a las fuerzas de Antanas Mockus y que las divergencias internas en el Partido Verde presagian reingeniería, la opción del Polo como tercera fuerza quedó enterrada.

Los partidos tradicionales pueden ostentar un balance de estabilidad. Ni ganaron del todo ni perdieron. En cuanto al liberalismo, en términos estadísticos registró un gran avance y esa realidad política fortalece la que ha sido su idea en los últimos tiempos: lograr la reunificación y que expresiones como Cambio Radical o el Partido de la U, que nacieron de sus filas, vuelvan a congregarse en torno al liberalismo unido. Ayuda en esta labor la gestión del presidente Santos y su fórmula de la Unidad Nacional.

A su vez, los conservadores, como siempre vigentes en municipios menores, aunque dejaron ver un estancamiento frente a anteriores elecciones en los que llegaron a ser la primera fuerza del país, también mostraron sus fisuras de los últimos tiempos. La falta de figuras de la colectividad azul en el orden nacional, su papel de escuderos del expresidente Uribe sin un heredero claramente conservador y las pugnas internas entre sus actuales directivos y el expresidente Pastrana, obligan su replanteamiento.

Uno de los temas de mayor complejidad en la democracia colombiana es la influencia de las organizaciones ilegales en la política. La Misión de Observación Electoral, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y algunas organizaciones no se cansaron de advertir sobre los riesgos de algunas candidaturas. Aunque con el curso de los días quedará decantado qué tanto poder conservaron los ilegales, una mirada general deja ver que el fantasma de la parapolítica, encarnado hoy en las bacrim, no quedó desterrado del todo. Seguramente la justicia seguirá actuando.

Aun así, es importante constatar que hoy el país es más seguro que épocas recientes y que la influencia nefasta de los grupos armados ilegales a través de la violencia política ha descendido notoriamente. Se presentaron asesinatos de candidatos y una que otra acción de bandas criminales o guerrillas para sabotear el proceso electoral, pero en términos generales fue una jornada que transcurrió en paz, salvo incidentes menores en algunas ciudades intermedias y municipios.

Aunque suene a lugar común, la ganadora es la sociedad colombiana, que una vez más impuso su mandato. No se trata de un país con cultura política, pues la abstención sigue siendo cercana al 50%, pero con movimientos cívicos ganadores, líderes no tradicionales ahora con encargo ciudadano o la victoria del voto en blanco en algunas plazas, demuestra que la sociedad civil sigue cobrando forma para beneficio de Colombia. Ahora es borrón y cuenta nueva, hay un nuevo mapa político y, quiérase o no, ya empiezan a jugar unos y otros para la próxima cita: las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2014.