¿A qué llega ‘Fabián Ramírez’ a la mesa?

Experto en el tema de sustitución de cultivos y gran amigo de ‘Joaquín Gómez’, aterrizó en La Habana con sus dos hombres de confianza.

Además de significar la presencia en la mesa de diálogo de Joaquín Gómez, jefe máximo del bloque Sur de las Farc, y disipar las dudas sobre presuntas rupturas en la cúpula de esta organización, la llegada de los guerrilleros Fabián Ramírez, Jairo Martínez y Fidel Rondón a La Habana puede tener otras lecturas. En primer lugar, se trata de tres comandantes de origen campesino, sin formación universitaria, muy experimentados en el campo militar y provenientes de una de las zonas del país más convulsionadas (históricamente, el bloque Sur es el que ha propinado los golpes más fuertes a instalaciones militares y policiales), pero también donde han cultivado una base social muy arraigada.

Más allá de los prontuarios que cada uno tiene en su paso por la guerra, hay que ver los perfiles para escudriñar un poco hacia dónde pueden ir las Farc en el futuro próximo de la negociación. Después de su paso por el Seminario Mayor de Florencia (el mismo donde intentó formarse como sacerdote Luciano Marín antes de convertirse en Iván Márquez), José Benito Cabrera (Fabián Ramírez) ingresó al frente 15, que ejercía influencia en su pueblo natal, Doncello, Caquetá. Entró como guerrillero raso y pronto se ganó la confianza de su jefe, Joaquín Gómez, hasta llegar a la dirigencia del frente. Por aquella época el comandante del bloque era Iván Márquez.

Mientras se desarrollaban los fallidos diálogos en Venezuela y México a comienzos de los 90, Joaquín Gómez y Fabián Ramírez consolidaron al bloque Sur como una de las estructuras más fuertes, no sólo en lo militar sino en las finanzas. Después de ver bajar costalados de billetes en lanchas por el río Caguán, Ramírez tuvo la idea de cobrar el famoso “gramaje”, un impuesto a la hoja de coca que salía de estas tierras y, tal vez sin proponérselo, le dio un giro insospechado al conflicto.

Tímido, radical y desconfiado al extremo, Ramírez cobró una inusitada importancia en la guerrilla. Tras el traslado de Márquez al bloque Caribe, Joaquín Gómez tomó las riendas del bloque Sur y Ramírez se consolidó como su segundo abordo. Se convirtió así en el hombre fuerte de las finanzas al organizar y perfeccionar el cobro de “impuestos” en la cadena productiva de la coca. Fueron famosas las imágenes de poblados como Remolinos del Caguán, donde la pasta de coca se pesaba y vendía a plena luz del día en la calle principal. Él manejaba el negocio.

Más adelante, cuando el líder máximo de las Farc, Manuel Marulanda, empezó a hablar de una salida al problema que les generaba su vinculación con el narcotráfico, Fabián Ramírez fue el llamado a buscar alternativas. Junto con líderes locales de la Iglesia católica apoyó mesas de discusión con los campesinos para crear proyectos productivos alternativos. Varios de ellos se desarrollaron antes y durante los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana.

Ramírez fue quien creó el plan de sustitución de cultivos ilícitos que tenía como plan piloto Cartagena del Chairá y que Marulanda presentó ante decenas de delegados de la comunidad internacional en una audiencia especial en mayo de 2001. Este plan es reivindicado todavía por las Farc en la mesa de La Habana.

¿Apoyo técnico?

En cuanto a Jairo Martínez, más allá de su ingrata recordación como cerebro y carcelero de decenas de secuestros de militares, policías, dirigentes políticos y ganaderos, su llegada a la mesa tiene otras características. Nacido y criado en Caquetá, fue el motor de las marchas de campesinos cocaleros que pusieron en jaque al presidente Ernesto Samper. Es un tipo fuerte, al que no le tiembla la mano para hacer cumplir sus órdenes, pero a la vez es un gran movilizador de masas. Y por eso lo deben recordar muy bien los habitantes de San Vicente del Caguán, donde ejerció como jefe de seguridad durante los pasados diálogos.

Desapariciones y ejecuciones de “posibles infiltrados”, la composición a dedo de la policía cívica que reemplazó a la Policía Nacional y el funcionamiento de las oficinas de quejas y reclamos (mecanismo para impartir justicia con fusil) durante el despeje en el Caguán fueron sólo algunas de sus ejecutorias. También fue clave en la logística del lanzamiento del Movimiento Bolivariano y del PC4, estructuras políticas clandestinas de las Farc.

Por su parte, Fidel Rondón, el menos conocido de los tres, es oriundo de Puerto Rico, Meta. Siendo maestro de escuela se vinculó a las Farc y pronto se volvió muy cercano al Mono Jojoy y a Martín Villa, con quien se formó como uno de los mejores explosivistas. Su conocimiento en el manejo de todo tipo de minas y de cilindros bomba deja la inquietud sobre si las Farc podrían estar preparándose para abordar el tema del desminado humanitario