Los actores políticos frente a las movilizaciones

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Mientras que el partido de gobierno ha sido señalado de “estimular” los excesos policiales, se cuestiona también el papel pasivo de otros sectores frente a lo que ocurre en las calles.

Las denuncias por posibles excesos policiales durante el paro nacional se acumulan en las principales ciudades del país. Incluso, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU en Colombia reclamó que miembros de su comisión recibieron amenazas, agresiones y hasta disparos de uniformados en la noche del pasado lunes en Cali. Y mientras las alertas por los abusos de la Fuerza Pública se apoderan de las redes sociales, cada vez más se cuestiona el papel que han cumplido -o dejado de cumplir- los distintos actores políticos del país en medio de las movilizaciones, en las que se reportan más de 1.000 casos de violencia policial y poco más de 30 muertos por estas mismas acciones irregulares.

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Cada sector ha tomado una posición distinta. El Centro Democrático plegó sus fuerzas a favor del Ejecutivo. Aunque en un principio el partido de gobierno marcó distancias con el presidente Iván Duque frente a la reforma tributaria, los últimos pronunciamientos dejan ver el rechazo a las protestas de los últimos días. “El presidente Duque, al retirar la reforma, dejó ver con nitidez que el vandalismo y las vías de hecho ocurridas durante el paro nacional nada tenían que ver con esta. Se trata de un macabro plan de la izquierda radical y criminal, financiada por el narcotráfico, para desestabilizar la democracia colombiana”, se lee en un comunicado de la colectividad, donde algunos piden hasta la declaratoria de Estado de conmoción interior.

Los pronunciamientos han venido acompañados de una lectura marcada por conceptos ideológicos traídos de las nuevas derechas a nivel internacional. Esto se evidencia en el la calificación de “revolución molecular disipada”, expresada por el expresidente Álvaro Uribe, que hace referencia a una teoría planteada por un reconocido neonazi chileno. El exmandatario también ha sido cuestionado por el papel que ha cumplido en la violencia que ha opacado las movilizaciones. El pasado viernes, Twitter dio de baja un trino suyo en el que pedía apoyar “el derecho de soldados y policías a utilizar sus armas”. Esta comunicación fue considerada por la red social como una “glorificación a la violencia”.Para expertos, el accionar del partido de gobierno era “esperable”. Así lo indicó la politóloga Nadia Pérez, investigadora de la UNAB, quien dice que desde el Centro Democrático se está buscando posicionar en la ciudadanía un discurso de militarización y hasta de desconocimiento de los mecanismos internacionales. Esto último se reflejaría en el mensaje de la senadora Paloma Valencia, que calificó de “politizados” los pronunciamientos de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. Para Jorge Iván Cuervo, analista y docente de la Universidad Externado, dichas posiciones son un intento de sacar rédito político, lo cual se evidencia en que Uribe ha querido interpretar y responder a las movilizaciones “estimulando los excesos que se puedan cometer”.

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Por otro lado, ambos expertos coincidieron en que el paro no está enmarcado en un movimiento político particular. A pesar de que algunos han buscado tomar su vocería, no hay una representación verdadera de un sector político que pueda apropiarse de la movilización social. En palabras de Cuervo, “en estas protestas se acentuó la ruptura entre sociedad política y sociedad civil”. La profesora Pérez complementó dicha visión al plantear que “otros sectores se han quedado desdibujados por importancia u omisión”. Esto se vería sobre todo en los partidos tradicionales e incluso en organizaciones que normalmente lideraban los paros -como los sindicatos- que no han tenido voces representativas y solo se destacan uno que otro por sus pronunciamientos.

De hecho, aunque partidos como el Liberal y Cambio Radical fueron fundamentales para bloquear la reforma tributaria, este papel no se ha traducido en representación en las movilizaciones ciudadanas. Algo similar estaría pasando con los partidos de izquierda, como el Polo Democrático. Si bien algunos de sus miembros, como los senadores Wilson Arias y Alexánder López, han denunciado los excesos policiales y hasta han hecho presencia en las calles, no han tenido el impacto suficiente para que se reconozca su vocería en la protesta. La falta de representación se ha visto en el Congreso, que ha sido criticado por no “aparecer como institución”, aseveró Pérez.

Esta posición no solo ha sido expresada desde la academia. Varios congresistas, como el senador Armando Benedetti, critican abiertamente que el Legislativo no haya asumido la discusión de lo que está pasando en las calles. Por ejemplo, en la plenaria del Senado del miércoles pasado, ni siquiera se abrió el espacio para dejar constancias sobre el paro y la reforma tributaria, sino que entre proyectos se habilitaron pequeños períodos para este fin. Por otro lado, en la Cámara, se intentó que en la sesión de ayer se cambiara el orden del día para que se les diera espacio a las víctimas de los excesos policiales y a las organizaciones sociales, pero esto se negó con el argumento de que la plenaria de hoy se destinará para este fin.

Un paro en año preelectoral

La cercanía de las elecciones de 2022 también ha enrarecido el ambiente frente a las movilizaciones y la relación con estas. Por los lados del uribismo, según el docente Cuervo, existe una conciencia de que el mandato de Duque, la pandemia y las protestas les van a costar en los comicios de 2022. Esta sería la razón de la actual respuesta, lo que sería un intento de suavizar los daños. Por otro lado, desde el centro y las toldas petristas la mirada sería más de precaución frente a la forma de acercarse a la movilización social y esto se estaría materializando en la manera como se han expresado.

En el caso del centro, representado por la Coalición de la Esperanza, el mensaje ha tratado de ser de unidad, al tratar que sus integrantes trinen de igual forma y hagan comentarios conjuntos. Sin embargo, según la visión de los consultados, esta estrategia ha tenido el efecto contrario. “Lo que intentan es mostrar unidad de que no hay personalismos, pero la ciudadanía no lo ha tomado así”. Cuervo coincidió en que esa estrategia lo que hace pensar es en “que todos son iguales”. En su concepto, se estaría desperdiciando la oportunidad de desactivar los extremos y aprovechar los espacios dejados por el uribismo y el petrismo.

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En cuanto al llamado Pacto Histórico, la actitud asumida por Gustavo Petro ha roto con los comportamientos de anteriores movilizaciones. El líder de Colombia Humana ha sido cauto y limitado en sus comunicaciones. Solo ha tenido tres pronunciamientos públicos -uno antes del paro y dos en los últimos días-. A los ojos de Nadia Pérez, al principio se pudo interpretar esta estrategia como un silencio prudente, pero ahora, con los casos de violaciones a los derechos humanos, “se necesita que mueva la opinión pública para que denuncie los desmanes”. No obstante, los dos analistas coinciden en que la posición de Petro es difícil, ya que por cualquier lado le cobrarán sus posiciones hacia la movilización.

La actividad de las movilizaciones sociales de las últimas jornadas deja ver su ruptura con proyectos políticos e intereses de índole partidario. Estas han estado dominadas por la sociedad civil y por pequeños grupos sociales, incluso radicales. Aunque esto refleja una independencia frente a intereses políticos marcados, al mismo tiempo se convierte en un tema problemático. Justo en estos momentos que el presidente Duque anunció la instalación de mesas de diálogo nacionales, no hay la suficiente centralización para llevar estos planteamientos en voces que sean consideradas representativas. Un hecho que se vivió en el diálogo convocado por el primer mandatario en 2019 y cuyos resultados fueron limitados por este mismo hecho.

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