Los costos políticos del plebiscito

Renunció la ministra Gina Parody y corren voces de más salidas. Humberto de la Calle puso su cargo a disposición del presidente ayer, pero este lo ratificó como jefe del equipo negociador.

Gina Parody renunció al Ministerio de Educación. Archivo

Los coletazos del inesperado resultado del plebiscito por la paz empiezan a azotar en el gabinete de Santos y en los funcionarios cercanos al proceso con las Farc.

La primera en salir fue Gina Parody, quien hasta la mañana de este martes fue la ministra de Educación. Parody se había apartado de su cargo un mes antes del plebiscito para dedicarse a la campaña por el Sí, sin embargo, en sus hombros recae la polémica generada por las cartillas de educación sexual para estudiantes que circularon a principios de agosto. (Lea: Tras resultados del plebiscito, Gina Parody renuncia al Ministerio de Educación)

El hecho generó el rechazo de gran parte de la población, principalmente cristiana, que arguyó lo que llaman como ideología de género, un concepto que gira alrededor de las definiciones del hombre y la mujer. A los pocos días, miles de manifestantes se tomaban las calles exigiendo la renuncia de Parody. (Lea: ¿Cuál es el lío con las cartillas del Ministerio de Educación?)

El asunto tuvo tanta trascendencia que se convirtió en caballito de batalla de los promotores del No en el plebiscito, exponiendo que el acuerdo pretendía implementar esa ideología de género a través del punto de enfoque de género, aunque fuesen dos cosas distintas. A estas alturas, todavía el exprocurador Alejandro Ordóñez la menciona en sus discursos en contra de los pactado. Este es un asunto que habría motivado fuertemente el voto por el No.

Otro de los escándalos que rodearon la gestión de Parody fue la falta de regulación y de toma de decisiones frente al tema de las cirugías plásticas cuando había denuncias sobre personas que estaban operando pacientes sin contar con la preparación necesaria y que, más allá de ser una cuestión de casos aislado, fueron varias las mujeres que dieron a conocer malos procedimientos y los riesgos que corrió su salud por la improvisación médica de estos personajes.

Por senderos aledaños también empieza a correr la voz que se iría el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, y, en caso de que se dé, su renuncia tendría un motivo indudable. El poder político y de votos de todos los partidos que s ela jugaron por el Sí no fue tal y conllevó al fracaso del Sí en las urnas, es decir, una maquinaria que no se pudo engrasar y un capital electoral de todos los sectores de la Unidad Nacional que no supo endosar Cristo. (Lea: Las lecciones del No para el Gobierno)

Las derrotas fueron tan significativas que, por ejemplo, el Sí no ganó ni siquiera en Norte de Santander y el No casi que dobló al Sí en Cúcuta (157.742 votos contra 83.572 votos), la ciudad natal de Cristo. Lo mismo ocurrió en Santander, que, se supondría, es el fortín político del liberal Horacio Serpa.

Ayer Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, puso su cargo a disposición del presidente de la República, sin embargo, este lo ratificó como plenipotenciario y, además, lo designó como miembro de la comisión que entablará diálogos con la oposición, junto a María Ángela Holguín, ministra de Relaciones Exteriores, y Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa. (Lea: Las fichas del Gobierno para el diálogo con los del No)

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