Los cuatro ases del póquer que le dieron el triunfo a Santos

Las alianzas, los debates en TV, los caciques de la Costa y el sparring que le puso a Uribe fueron la fórmula ganadora del presidente Santos en segunda vuelta.

EFE

 No fue un triunfo fácil el del presidente Juan Manuel Santos en la elección de ayer. Le tocó pactar con el Polo Democrático, con la sectores de la Alianza Verde, con el progresismo del alcalde Gustavo Petro y con los nuevos y viejos caciques de la Costa Caribe. Una calculada estrategia que se ejecutó con cuidado durante las tres últimas semanas y que le permitió propinar la primera derrota al uribismo en 12 años. Para ponerlo en términos del póquer, el juego que tanto le gusta al presidente, estos fueron sus cuatro ases en la contienda de ste domingo.

1. Le puso sparring a Uribe.

La gran ventaja que hasta la primera vuelta presidencial tuvo la campaña del Centro Democrático fue que mientras el candidato (Óscar Iván Zuluaga) se dedicaba a exponer sus tesis por todo el país y se esforzaba por proyectar una imagen de conciliador, Álvaro Uribe -su promotor- lanzaba los dardos contra Santos. Ejercía una especie de jefatura de debate por fuera de la campaña, en la que no sólo impulsaba a Zuluaga, sino que esparcía mensajes negativos contra su rival.

Por su parte, la estrategia santista de no tocar a Uribe, sino de concentrarse en Zuluaga tenía cierto asidero: de un lado, el elevado riesgo de que el electorado le cobrara ánimos pendencieros a la Unidad Nacional, pues Uribe está curtido en peleas y tiene máster en cómo sacarle réditos electorales. Del otro, porque había que centrar el debate en que la puja era contra Zuluaga.

Lo malo de esa estrategia de no peleas era que lo que Uribe dijese de Santos se quedaba sin respuesta. Ahí fue clave el viraje para segunda vuelta con la llegada del expresidente César Gaviria a la jefatura de debate de Santos. Respetado en todos los espectros políticos y garantía plena de que no busca réditos especiales, Gaviria entró al ataque. Como lo hizo hace ocho años, cuando aceptó volver a la jefatura liberal para poner a un candidato de unidad que se opusiera a la reelección de Uribe. “No entiendo por qué lloran tanto la muerte de Pablo Escobar”, fue una de sus primeras frases contra Uribe en aquella ocasión.

Ese mismo Gaviria, y con frases tanto o más contundentes, fue el que aceptó el desafío de ponerle tatequieto a Uribe durante la segunda vuelta presidencial que terminó ayer. Con un sparring para Uribe, Santos se pudo concentrar en su campaña.

2. Las alianzas.

Con una derrota por cerca de medio millón de votos en primera vuelta, era claro que Santos tenía que manejar muy bien los acercamientos con los sectores políticos de los candidatos que no pasaron a segunda vuelta presidencial. Sólo entre la Alianza Verde y el Polo Democrático había tres millones de votos por buscar y, aunque es difícil establecer cuántos de ellos se fueron en realidad con el presidente-candidato, lo cierto es que logró revertir la tendencia de la primera vuelta. Queda por ver cómo se las arreglará para cumplirles y hasta qué punto lo apoyarán, pues la paz es el punto principal de la agenda presidencial, pero no el único. Similar pregunta cabe también para el caso de la relación con los viejos caciques políticos.

3. Los debates televisados.

Buena parte del resultado en la política electoral del momento, para bien o para mal, se debe a la percepción que los votantes tengan de los candidatos a partir de los enfrentamientos en los debates. No todos los electores están ideologizados, son de opinión o resuelven su voto a partir de un juicioso análisis de las hojas de vida o plataformas de los candidatos. Sencillamente deciden a partir de una lectura hecha a partir de sus apariciones públicas. Por eso son importantes los debates.

Antes de la primera vuelta, cuando había cinco candidatos y menos debates, la intención de voto estaba más dispersa. Para la segunda, con sólo dos aspirantes, era mayor el caudal de votos a recoger y fue allí cuando Zuluaga perdió la compostura, se mostró más agresivo y Santos estuvo por fin al ataque, pero sin salirse de casillas. Zuluaga también se equivocó en su publicidad de final de campaña, igualmente agresiva, pero sin propuestas. Preocupada más en descalificar al adversario que en mostrar ideas propias. Cuando decidió desaparecer de la campaña por su anunciada laringitis (no confundir con laberintitis) la tendencia ya lo mostraba en descenso. Santos, entre tanto, enfatizó en que la elección era entre guerra o paz y logró que le creyeran.

4. El apoyo de los caciques de la Costa.

Una de las razones por las cuales el presidente-candidato resultó derrotado en la primera vuelta tuvo que ver con la distancia marcada entre su campaña y los caciques políticos regionales, que son los que ponen los votos.

Si bien es cierto que todos los dirigentes quieren mostrar un cariz de transparencia en épocas en las que las telecomunicaciones -y los hackers- están prestos para poner en evidencia el más mínimo error de cálculo de los candidatos, en la campaña santista tantas precauciones terminaron por gestar el problema contrario. Los jefes políticos de la Costa Caribe se sintieron discriminados hasta la primera vuelta y se lo hicieron sentir en las urnas a Santos. Ganó, pero no por un margen tan amplio como el que esperaba y eso significaba que quienes mueven la maquinaria electoral querían ser mejor atendidos. Los caciques de antes y los de ahora. Los de familias tradicionales expertos en la manzanilla, pero también los de quienes se las ingeniaron para quedarse con los votos que antes eran cautivos de la parapolítica.

El más de medio millón de votos logrados este domingo en Atlántico demuestra que ese problema fue superado. Lo evidencian también los más de 300.000 sufragios recibidos en Bolívar o los casi 200.000 de Sucre. De hecho, una de las protestas del Centro Democrático en la jornada de ayer apuntaba a los seguidores del controvertido congresista Yahir Acuña estaban haciendo proselitismo en las urnas a favor de Santos en varios municipios de Sucre.