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Los extremos del centro: hacia una alianza electoral para el 2022

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La ausencia histórica del centro podría estar a punto de remediarse con una coalición socialdemócrata, que deberá tener una ideología clara y progresista. Opinión.

El “extremo centro”

El debate sobre el “centro” y su ideología se ha reavivado con las reuniones recientes de un grupo de políticos que buscan un acuerdo para que uno de ellos sea candidato o candidata en las próximas elecciones presidenciales.

A este propósito, el presidente Duque declaró hace unos meses que él se ubicaba en “el extremo centro”. La frase del mandatario es más que un ingenuo juego de palabras: lo que sugiere, implícitamente, es que el centro también admite matices ideológicos.

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Las ideologías políticas se definen, entre otras cosas, por su grado relativo de progresismo o tradicionalismo, y por los medios que proponen para transformar o conservar el statu quo. Por eso la máxima tensión política ha sido la disyuntiva entre reforma y revolución.

Si aceptáramos, en gracia de discusión, que el centro lo constituye el liberalismo, entonces la centroizquierda sería la socialdemocracia y la centro- derecha la democracia cristiana o conservatismo social.

Siendo así, Duque ha debido aclarar en cuál de estos extremos del centro se ubica ideológicamente. No obstante, el reformismo que caracteriza a estos “extremos” no ha sido un rasgo del actual mandatario ni del partido de gobierno. Lo demuestra su abierta oposición a la reforma agraria, el primer punto de los acuerdos de paz con las FARC.

Es también una incoherencia ideológica del “Centro Democrático” condenar el uso de la violencia de izquierda para la trasformación social en Colombia y no condenar el de la extrema derecha en el plano internacional. En el contexto político actual resulta más progresista condenar cualquier uso de la violencia, venga de donde venga, a nivel nacional e internacional.

La ideología del centro

Contrariamente a lo que algunos han afirmado, las ideologías políticas y los centros existen.

Sin ideología no es posible hacer política. Ésta proporciona las ideas, los símbolos, las identidades, las afinidades, las cohesiones y los medios que las colectividades políticas necesitan para actuar. Son los cimientos de la acción política. Y así como nadie admira, en primera instancia, los cimientos de una casa hermosa, las ideologías sólo emergen en las coyunturas críticas y en los cambios de época como un problema que hay que afrontar y definir.

Es en estos momentos cuando se pone de relieve lo que siempre ha definido a la política: la acción colectiva y conflictiva sobre la construcción, transformación o conservación del orden social. Así lo demuestran la confrontación en torno al proceso de paz en Colombia o la reciente campaña presidencial en Estados Unidos. En ambos casos, lo que está en pugna son dos proyectos de sociedad muy distintos.

En este sentido —el de empezar un acuerdo político para definir los cimientos ideológicos— interpreto la propuesta de Humberto De La Calle. En julio del 2020 invitó a que cada uno de los sectores ponga sobre la mesa los “límites o líneas rojas” que no estaría dispuesto a traspasar. La meta es llegar a un acuerdo sobre un programa común, para una posible coalición de centro-izquierda que derrote al uribismo en el 2022.

La ausencia histórica del centro

De La Calle está proponiendo crear uno de los “extremos del centro”. Esto es un avance para la política colombiana, puesto que, con excepción de algunos amagues, no hemos tenido centro ideológico de ningún extremo. Es decir, no ha existido ni partido social demócrata ni partido demócrata cristiano.

Dos organizadas, serias y bien definidas tendencias reformistas de centro en la política colombiana hubieran podido mitigar y reducir las horrorosas consecuencias de la polarización política de los últimos sesenta años. Su existencia hubiera permitido lograr, de manera más temprana y sin tantos sobresaltos, un consenso en torno a la modernización del país.

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Los pocos y muy tímidos esfuerzos modernizadores, como la fallida reforma agraria, se le pueden atribuir al partido liberal. La revolución liberal, sin embargo, fracasó en Colombia con la guerra de los Mil Días. Para subsistir, el Partido Liberal tuvo que moderarse y andar de la mano del Partido Conservador, agudizándose su acercamiento durante el Frente Nacional. En Colombia, por lo tanto, no ha habido centro sino derecha y, más recientemente, extrema derecha.

Hay que reconocer que en el país ha habido algunas tímidas manifestaciones de centroizquierda y centroderecha. Por ejemplo, los intentos de crear un Partido Demócrata Cristiano por parte de Francisco De Paula Jaramillo y Álvaro Rivera Concha—entre otros—, que tuvo una modesta participación en el gobierno de Belisario Betancur.

Podrían contarse los esfuerzos de López Michelsen por revitalizar al Partido Liberal intentando afiliarlo a la Internacional Socialista, organización que agrupa a los partidos socialdemócratas del mundo y cuyo vicepresidente, entre 2005 y 2008, fue Horacio Serpa. También Misael Pastrana trató de darle al Partido Conservador un matiz social durante la época de la constituyente de 1991. Incluso Juan Manuel Santos intentó introducir en su segundo mandato un tono socialdemócrata, aunque fuera en la versión conservatizada de la “tercera vía”.

Pero estos esfuerzos no han logrado las grandes reformas políticas, económicas y sociales que Colombia necesita. Por el contrario, han sido obstaculizadas por la falta de voluntad de las facciones clientelistas y desideologizadas que dominan los partidos tradicionales y la extrema derecha.

Las revitalizadas fuerzas progresistas

Por este motivo son bienvenidos los esfuerzos y propuestas como las de Humberto de la Calle y demás líderes que se han reunido para crear una tendencia seria de centroizquierda. Con la creación de los “extremos centros” será posible elegir entre múltiples opciones progresistas y no sólo entre la derecha y la ultraderecha.

Si bien en otros países los partidos socialdemócratas están en crisis, aquí cobra vigencia esta tendencia. Como dice Marco Palacios, en Colombia ha habido históricamente un (des)encuentro con el liberalismo; a esto agrego el desencuentro con la socialdemocracia, lo que explica las dificultades para aceptar plenamente las implicaciones del Estado Social de Derecho, establecido por la Constitución de 1991. Siendo, a mi juicio, de orientación socialdemócrata, la Constitución ha carecido de una fuerza que la haga su proyecto político y la desarrolle a fondo.

La falta de una revolución liberal en Colombia también incidió en la lectura que ha hecho la izquierda sobre el desarrollo político y económico del país. El poco arraigo que han tenido valores liberales como la autonomía personal, el derecho a disentir y la tolerancia, le han pasado una dolorosa cuenta de cobro a ciertas expresiones de la izquierda y a las movilizaciones populares.

Por eso la evolución ideológica de la izquierda ha pasado de posiciones dogmáticas, en los años setenta, a una revaloración de la democracia, la justicia redistributiva, el medio ambiente y el respeto por las diversas identidades. Un ejemplo es el MOIR, que pasó de grandes discusiones teóricas sobre la “semifeudal y neocolonial” sociedad colombiana, en los años setenta, a la actual adhesión de su principal representante, Jorge Enrique Robledo, a la posible opción socialdemócrata.

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En cuanto a Gustavo Petro, sabemos que en la próxima campaña electoral la extrema derecha lo tildará, una vez más, de “castro-chavista”, degradando la verdad histórica para polarizar el ambiente electoral. Esto contradice su origen ideológico en el M19, movimiento que siempre tuvo una orientación nacionalista y estuvo alejado de las discusiones sobre los alineamientos ideológicos internacionales. Tampoco se puede afirmar objetivamente que su programa político para una “Colombia Humana” sea socialista, sino que, por el contrario, es socialdemócrata.

Las condiciones políticas de hoy hacen que Petro se debata entre la izquierda y la centroizquierda. Ambas vertientes aspiran a contar con gran caudal electoral. Sin embargo, Petro combina su posición ideológica con una idiosincrasia que hace difícil para los demás actores un acuerdo político, en especial con Sergio Fajardo y sectores de la alianza verde, con quienes hay mutuas rencillas.

No obstante, para quienes representan la centroizquierda, una victoria sobre la derecha no sería posible sin Petro y sin el también abundante caudal electoral de Fajardo. A este último le ha faltado contundencia y una más clara definición ideológica, dado que el actual contexto político no admite posiciones tibias. En este momento hay que subordinar los egos a una visión integral y a largo plazo (lo que Petro ha denominado un “acuerdo histórico”).

Lo que está en pugna son dos proyectos de país que se excluyen entre sí: la continuidad de una sociedad conservadora, autoritaria y excluyente que le tiene miedo a las transformaciones sociales progresistas, y, por otro lado, una Colombia más democrática, social y territorialmente integrada, incluyente y equitativa.

Las condiciones históricas y coyunturales exigen una complicada convergencia entre la izquierda y la centroizquierda, para llevar al país a la modernidad que siempre le ha sido esquiva. Sin embargo, hasta el momento, las condiciones para esa convergencia son muy conflictivas y frágiles.

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