'Los fusiles no se callan con otros fusiles'

Misael Payares, vocero de la organización del Carmen de Bolívar que ganó el Premio Nacional de Paz, da una lectura del diálogo entre Farc y el Gobierno.

Misael Payares (abajo a la derecha) junto a otros líderes de la Asociación de Campesinos de Buenos Aires, galardonada con el Premio Nacional de Paz. / Andrés Torres

Esta semana la Asociación de Campesinos de Buenos Aires (Asocab) fue galardonada con el Premio Nacional de Paz por luchar durante años de forma pacífica por la tenencia de sus predios en la hacienda Las Pavas (Carmen de Bolívar), que por décadas han sido apropiados por narcotraficantes, paramilitares y más recientemente por empresas palmeras. Dos años atrás, Misael Payares, representante y vocero de la organización, estaba en España hablando de su caso en la “Tabla catalana por la paz y los derechos humanos en Colombia”. “En ese momento dije que Asocab era arcilla para moldear una figura de paz y vea, no me equivoqué”, dice pocas horas antes de la ceremonia de entrega del premio que recibió esta semana.

Payares, de 66 años, está sentado en una sala pequeña de un hotel sencillo en Bogotá. Habla con tono caribe del diálogo de paz entre las Farc y el Gobierno, y da su mirada, la de un hombre campesino que sólo estudió un año de escuela, pero leyó mucho y llegó a ser alcalde de Buenos Aires, el corregimiento en que nació, ha peleado sus predios y espera morir. ¿Cómo ve el proceso de paz, usted que realmente ha padecido la guerra? “Lo veo con muy buenos ojos y felicito al presidente Santos por esta búsqueda, pero también lo invitaría a que no tuviera miedo, porque le están metiendo miedo, y los que le meten miedo son los que se han beneficiado de la guerra. Le diría que crea, porque hay gente que lo acompaña, y que busque la paz desde la base, desde la gente”.

¿Cree que de La Habana va a salir firmada la paz que buscan y necesitan los colombianos? “Soy de los que creen que la paz se construye dialogando y no con las armas. Hay que buscar los fusiles y esos no se callan con otros fusiles, esos los buscamos en la conciencia de las personas. También hay otros, unos que están adentro, haciendo mucho daño y los tenemos que entregar, porque sólo cuando uno siente el dolor del vecino como propio, puede verse en paz”, dice el mismo campesino a quien en 2011 una fiscal seccional de Cartagena sindicó de guerrillero. En la decisión, la fiscal también afirmó que en esa región no hubo presencia paramilitar.

“Todo fue una farsa”, argumentó y sentenció que la comunidad de Las Pavas no era víctima, como habían dicho, del bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, en 1998; ni de otro grupo de paramilitares al mando de alias Raúl y alias El rápido, en 2003; ni fueron desplazados nuevamente por Jesús Emilio Escobar Fernández, testaferro de Pablo Escobar, en 2006; ni mucho menos desalojados por empresas palmeras, en 2009. La polémica decisión fue revisada por la entonces fiscal general, Viviane Morales, quien ante el escándalo viajó a la zona y después abrió una indagación preliminar para determinar las causas del desplazamiento. La Unidad de Víctimas, esta semana, inscribió a la comunidad de Las Pavas en el Registro Único de Víctimas (RUV) y reconoció todo lo que Misael Payares y sus compañeros de Asocab han dicho durante años.

El mensaje para quienes se oponen al proceso de paz es contundente: “Al expresidente Álvaro Uribe y a su candidato Óscar Iván Zuluaga les daría a entender que ya basta de dolor. El pueblo quiere paz, y los que han gobernado no han sido capaces de dárnosla. Nací con la violencia, en el 47, y he estado esperando la paz, la esperé como niño, como joven, como adulto, y hoy la estoy esperando como viejo. Pero pa que vea, no nos dividió la guerra, nos dividieron las empresas palmeras en 2011, porque se valieron de la humildad y el abandono, que se traduce en que no hay agua potable, no hay luz ni médico. Aunque no se trata de darnos limosnas o subsidios para que mañana llegue uno y otro cacique político a decir: ‘Eso se los conseguí yo’”.

Por eso Payares está convencido de que la guerra tiene raíz en los conflictos por la tierra. “Ahora que se habla de paz, nosotros los campesinos sólo queremos que se respete la norma y se le dé al campesino el título de su unidad productiva para que cultive la tierra con libertad y no se sienta amenazado por todo”, afirma antes de recordar que el retorno a Las Pavas, que empezó en abril de 2011 con una sentencia de la Corte Constitucional, no ha sido pacífico ni acompañado. “Hemos estado a la deriva y por eso se nos ha hecho tanto daño”, agrega. Entonces recuerda también que hace poco lo amenazaron, le dijeron que no se preocupara, que si le disparaban lo harían en la cabeza, no en el cuerpo que protege con un chaleco antibalas que le dio el Gobierno.

 

 

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