Los jóvenes que quieren ir a La Habana

Ya han recolectado más de 100 mil firmas en todo el país y esperan que el presidente Santos les dé audiencia la próxima semana. Hablan de 6.000 jóvenes que hoy están en la guerrillera y cuyo futuro en el posconflicto es incierto.

Josías Fiesco en plena recolección de firmas de apoyo a una audiencia para la juventud en Cuba.  / Archivo particular
Josías Fiesco en plena recolección de firmas de apoyo a una audiencia para la juventud en Cuba. / Archivo particular

Desde hace varias semanas, un grupo de estudiantes de diferentes universidades del país recoge firmas entre sus propios compañeros, profesores y ciudadanía en general, con un firme propósito: presentarlas ante el presidente Juan Manuel Santos como respaldo para que se avale una audiencia dedicada a la juventud colombiana en la mesa de diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc de La Habana.

La meta era llegar a las 100 mil rúbricas, cifra que según Josías Fiesco, principal promotor de esta iniciativa, a estas alturas ya se ha superado. Y el argumento es que los jóvenes han sido actores transversales de la guerra, como víctimas y victimarios, y un cara a cara con quienes negocian el fin de la guerra serviría para definir los compromisos que el país espera frente a quienes llevarán las riendas del país en el futuro.

“No definir el camino para los 6.000 jóvenes que hoy hacen parte de las Farc es un limbo que urge resolver al Gobierno, pues quienes solo conocen las armas y el combate, en el actual panorama, no irían al Sena ni a Coldeportes. De forma clara, esto es la vía libre para ingresar a las bandas criminales y estaríamos en un escenario peor que estos 50 años ya vividos. ¿Qué hará Colombia con unas ‘bacrim’ fortalecidas con quienes eran miembros de la guerrilla? ¿A qué se refería el presidente Santos en su discurso del 7 de agosto sobre el Sena como la joya de la corona si allá no irán?”, manifestó Fiesco.

Junto a este líder estudiantil de la Universidad Javeriana de Bogotá, trabajan Jorge Camargo y Juan Guillermo Rodríguez, encargados de la recolección de firmas en el país; Germán Almanza en las universidades; Andrés Madriñán, coordinador en el suroccidente del país; Shirly Gordillo en comunicaciones; Laura Zacour en la Región Caribe y en Antioquia Santiago Mejía.

Todos están convencidos de que la campaña publicitaria que implementa el Gobierno invitando a los guerrilleros a desmovilizarse, quedará atrás y tendrá que ser reemplazada en caso de que se logre un acuerdo de paz en La Habana. Por eso, dos de las peticiones concretas que presentarían en la mesa de negociaciones sería que el Estado llegue a las zonas de conflicto no solo con el Plan Patriota sino también con salud, educación y todas esas carencias que han sido cultivo para la violencia, así como buscar el compromiso de la guerrilla de no reclutar más niños y jóvenes.

“La juventud en los diálogos de La Habana no puede ser un tema vedado ni un tema menor. La lista no puede continuar incluyendo nuevas familias sin hijos por secuestro o siendo secuestrador, hay que ponerle fin a los testimonios que relatan desde la otra Colombia —la rural— aquellos que dan fe cómo llegan guerrilleros hasta veredas remotas sin que esto logre la atención del Gobierno”, agrega Josías Fiesco.

En otras palabras, dice, si el presidente Santos recibe elogios y aplausos de muchos sectores por atreverse a dar el paso de dialogar con las Farc, con mayor ímpetu se le debe exigir definir el futuro para los 6.000 jóvenes que abandonarían las filas guerrilleras y que solo saben maniobrar un fusil. “Si el señor presidente designó una comisión de ‘notables’ para que se siente con la guerrilla, también debe atender junto a sus más destacados representantes el llamado de nosotros, las nuevas generaciones de colombianos, sobre el papel de quienes decidan dejar las armas”, dice.

Ahora, aunque Fiesco asegura que es lamentable que el proceso de negociación se haya politizado al punto de que hoy en el país se plantee la disyuntiva de que quien no está a favor de la paz está a favor de la guerra, en su diálogo con El Espectador negó que haya intereses o filiaciones partidistas detrás de la iniciativa: “Nuestra apuesta es de colombianidad y de unión. Nuestra preocupación es que las cosas se hagan mal y nos dejen un país peor”. Y termina con una frase que suena a sentencia: “Sin juventud no hay posconflicto”.