Mezcolanza política en el Eje Cafetero: el método para no perder el poder

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Varios de los que fueron contradictores en las elecciones regionales de 2019 empezaron el año siendo amigos. Adhesiones al gobierno, rupturas en el interior de los partidos y búsqueda de votos en solitario hacen parte del plan para no desaparecer de la escena política.

Las montañas de las cordilleras Occidental y Central que sostienen los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío encierran magia. Pero, no precisamente la que atrae turistas a la tierra del café, sino la que surte sus efectos en la política local y sus complejos entramados para juntar a contradictores y revolver las estructuras del poder. 

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Se trata, en realidad, de las estrategias y movidas de los ganadores de las elecciones regionales de 2019, quienes esperan acumular la mayor cantidad de aliados posibles para gobernar en el cuatrienio que acaba de empezar, pero también de los derrotados en las urnas, que intentan conservar el poder que por años han ostentado. Pese a ser los tres departamentos más pequeños del país, el escenario en cada uno es diferente y particular. De hecho, cuentan por separado con su propia mezcolanza política, un cóctel que reúne las peleas internas de los partidos, la pericia de algunos para no ser relegados y permanecer en la administración pública, y los intereses de todos por tener las riendas del territorio para capitalizar votos en el futuro.

Los reacomodos del Centro Democrático en Risaralda

El juego poselectoral no guarda misterio y consiste en cambiar de roles una vez se posesionan los vencedores. Así, quienes fueron enemigos en campaña ahora son amigos y progobierno. Ese es el caso del Centro Democrático en Risaralda. Meses antes del 27 de octubre de 2019, el partido uribista a nivel regional fue uno de los detractores más grandes de Víctor Tamayo, el hoy gobernador del departamento, y Carlos Maya, alcalde de Pereira. El ojo público criticó a Tamayo y a Maya por las dudas sobre si tenían o no relación alguna con la casa Merheg (línea del Partido Conservador de la que hace parte Habib Merheg, poderoso cuestionado por tener nexos con paramilitares y quien fue aceptado en la JEP). La candidatura de Maya fue acusada, además, de obligar a los contratistas a conseguirle votos. 

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Pese a los múltiples cuestionamientos, ganaron ellos (Tamayo con el apoyo de Colombia Justa-Libres y la ASI, y Maya con el acompañamiento de la coalición liberal-conservadora). En medio de esa contienda electoral, el Centro Democrático hizo lo propio y rechazó las actuaciones indebidas. El partido del expresidente Álvaro Uribe, además, promovió a sus dos candidatos para esos cargos: Eduardo Cardona se postuló a la gobernación y Adriana López lo hizo a la Alcaldía de Pereira. Sin embargo, los apoyos no fueron suficientes y ambos ni siquiera entraron en el podio. 

Meses después, las diferencias, bastante marcadas en campaña, se esfumaron. El único diputado del Centro Democrático en Risaralda se declaró partido de gobierno. ¿A qué se debió el cambio? Según la propia colectividad, fue una recomendación a nivel nacional que, aunque no contó con el apoyo de todos los militantes del departamento, la aceptaron como decisión de la organización. “En noviembre de 2019 se aprobaron unas recomendaciones para los concejales y diputados de las regiones. Esos apuntes se centraron en que, solamente en casos extremos en los que sea evidente que la persona elegida es corrupta o está vinculada con gente ilegal, el partido debe hacer oposición. Se decidió declararnos como partido de gobierno (o en dado caso de independencia constructiva) para ayudar al gobernante y construir con él”, afirmó Gabriel Jaime Vallejo, representante a la Cámara. 

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De hecho, según la fuente, los miembros de la colectividad analizaron la situación de cada municipio, se reunieron con los alcaldes y hasta miraron los planes de gobierno y los programas a ejecutar. En el caso de la gobernación pasó igual. Finalmente, aceptaron ser aliados de Tamayo y Maya, luego de lograr unos compromisos “frente al sector agropecuario, en temas de seguridad y de infraestructura vial”, dijo Vallejo. La cercanía entre la institucionalidad y el uribismo fue aún más notoria cuando Adriana López fue nombrada como secretaria de Desarrollo Económico. “Luego de los compromisos, Tamayo dijo que le gustaría contar con Adriana, pero más allá de la representación política estaba la decisión de declararse de gobierno”, dijo. Y aclaró: “No estamos viendo a los Merheg cercanos a Tamayo. No se puede hablar de una hegemonía concreta, las fuerzas políticas se atomizaron en el departamento”.

En ese último punto estuvo de acuerdo Daniel Silva, diputado por el Polo. Según explicó, además del Centro Democrático, los liberales también decidieron ser de gobierno y, para sorpresa de algunos, el Partido Conservador en la asamblea (con cuatro diputados), eligió declararse independiente. “Hubo una disputa entre los conservadores porque dos querían ser aliados y los otros dos independientes para votar como mejor les pareciera. Y a parte del manifiesto de esa colectividad en la corporación, hasta ahora Tamayo no se ha tomado ni un café con Juliana Enciso, una de las diputadas conservadoras y esposa de Habib Merheg. El gabinete tampoco refleja relación. El apoyo de esa casa a Tamayo se rumoró, pero se aclaró que no están juntos por el nombramiento del gabinete”, dijo. 

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Esas movidas de organizaciones como el Centro Democrático y los liberales muestra un instinto de supervivencia y reacomodo a la realidad política. Pero también deja entrever el debilitamiento de los Merheg. Según las fuentes, aunque lograron la Alcaldía de Pereira y la de Dosquebradas, perdieron la gobernación y la Alcaldía de Santa Rosa de Cabal. “Ellos querían lanzar a la diputada Enciso a la gobernación, pero estaban debilitados recién llegados de Medio Oriente y dieron de baja esa aspiración para no calentar las cosas”, afirmó Silva. 

Grietas en los liberales y verdes de Caldas

En Caldas, el panorama tiene tintes parecidos. La sorpresa se dio por cuenta de los triunfos de Luis Carlos Velásquez, que quedó como gobernador, y Carlos Mario Marín, que es el alcalde de Manizales. El primero de 34 años y el segundo de 28 llamaron la atención por derrotar a las coaliciones tradicionales más poderosas como la liberal. 

Ese éxito fue una mezcla de factores como el voto de opinión que les catapultó sus aspiraciones, la renovación generacional de los votantes, el apoyo del lizcanismo (una fuerza política —también tradicional— del Partido de la U en ese departamento), y el rechazo de la coalición entre el Centro Democrático y el Partido Liberal, una alianza que buscó ganar ambos cargos, pero que se quemó. Con dichos resultados, los partidos se reacomodaron, sobre todo el de la tolda roja que ha sido protagonista en la vida política del Eje Cafetero. 

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¿Qué pasó? Para Víctor Cortés, concejal liberal en Manizales, con el desenlace de los comicios regionales se profundizaron grietas en esa colectividad a nivel regional. “Cuando perdemos nos sacan a todos de las alcaldías y la gobernación y se fortalece el lizcanismo y el grupo político de Luis Emilio Sierra (línea del Partido Conservador que también apoyó las candidaturas de Velásquez y Marín)”, afirmó. Pero más allá de esos detalles tan locales, todo apunta a que hubo un gran perdedor: Mario Castaño, senador liberal y desde hace varios años barón político en Caldas. 

Aunque en el Congreso no tiene mayor visibilidad, es un poderoso en su territorio. Castaño no solo cuenta con votos, sino también con reconocimiento en los pueblos y con los recursos suficientes para apalancar otras candidaturas. Así intentó hacerlo con la fórmula en las pasadas elecciones regionales, pero su método no cuajó entre sus compatriotas. “Es un gran golpe político. Con los comicios Castaño se quedó sin representatividad en el departamento. En campaña (en la que apoyó al delfín Camilo Gaviria a la gobernación y al curtido político Jorge Hernán Mesa a la Alcaldía de Manizales), Castaño tuvo una forma mala de referirse a los otros políticos”, expresó Cortés. 

De hecho, por esos días rondó un video en el que le decía a los ciudadanos de un municipio “abran la jeta, maricas. Metan culito, papitos. No puede ser que en las encuestas Camilo Gaviria borre en Supía y en Anserma, donde tenemos que darle por el culo a los demás, estemos dizque divididos”. Además de ese detalle, es de conocimiento público que Castaño tiene una ruptura con José Luis Correa, representante a la Cámara por ese departamento. 

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“Cuando Mario Castaño llegó al partido lo apoyamos. Se apropió del partido en Caldas y tuvo un crecimiento vertiginoso en el anterior gobierno nacional, pero con Duque y el triunfo de los verdes acá, se diezmó. Por eso estuvo apoyando otras campañas por fuera”, aseguró Cortés. 

En concreto, el concejal liberal se refiere a que Castaño acompañó, por ejemplo, las candidaturas de Roberto Jairo Jaramillo, actual gobernador del Quindío, y la de Leonardo Fabio Siagama, quien quedó como alcalde de Pueblo Rico, Risaralda. Tanta fue la incidencia en las campañas, se dice, que dos secretarios del Quindío son de la tierra de Castaño, algo sin precedentes. Se sabe, además, que el barón político también tiene contacto con la política en el Chocó y en Barranquilla. 

La respuesta a esa situación, en efecto, es un fenómeno que se replica en todo el país y es la búsqueda de votos de congresistas por fuera de sus regiones para asegurar la reelección y continuar como legisladores en el futuro. 

“En el Quindío y Risaralda no tendrá mayor incidencia porque él no es de esos lugares y su entrada choca, de una u otra manera, con los nacidos allá que están buscando un espacio burocrático. Pero en el Chocó sí le iría bien: en medio de las necesidades la gente se vuelve accesible y Mario ha sido boyante en elecciones. Y en Barranquilla él conoce el tejemaneje, la venta de votos, y es una región que se mueve con plata”, afirmó Cortés sobre el asunto. 

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Los liberales no son los únicos con diferencias. También pasa en la Alianza Verde. Pese a haber ganado la Alcaldía de Manizales con Marín, los propios concejales de la colectividad pro medio ambiente tienen sus reservas con su gobernante. “El partido verde es de gobierno obviamente, pero eso no quiere decir que el alcalde esté gobernando con este partido. ¿Por qué dentro de su gabinete no hay gente de este partido? Es la primera pregunta que le haría a Carlos Mario Marín”, expresó uno de los tres concejales de esa organización política. 

Los roces internos vienen desde la campaña del hoy mandatario y, como supo este diario, persisten ahora que maneja la ciudad. “A un sector del verde (el que es de la línea de Sergio Fajardo) se vio afectado por las coaliciones que hizo el alcalde en campaña. Eso deterioró las relaciones al interior del partido. Y el hecho de que uno sea de gobierno no significa que cerremos los ojos. Tenemos que hacer control político así sea de nuestra colectividad”, declaró esa funcionaria. 

A la par, Cortés reconfirmó dicha información. “El verde no acompaña al alcalde entre otras cosas porque Marín se impuso para ser el candidato y atropelló a otros contendores. Se ha aprovechado de la imagen que construyó con Claudia López desde Bogotá. Pero por eso y  por la coalición con el lizcanismo Fajardo dijo que no lo apoyaba porque no le parecía independiente”, reiteró. 

Con todo, pese a las rupturas, los reacomodos y las nuevas amistades con quienes fueron la competencia electoral, todas las fuentes apuntan a una misma idea: la mezcolanza de fuerzas políticas hoy representa, en unos cuantos meses, las estrategias que desde ya están tejiendo los perdedores, ganadores y hasta los congresistas que desean, a costa de cualquier alianza, permanecer como figuras en el Congreso. La pregunta es quién será el candidato de cada colectividad y cómo pondrá a maquinar sus apoyos regionales a su favor cuando sea el momento de reelegirse. ¿Lo hará por obra de magia política?

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