La senadora Claudia López explica en El Espectador los siete mandatos de la consulta y qué se necesita para que sea de cumplimiento obligatorio para el Estado.

hace 1 mes

Minjusticia crearía directriz para que notarios unan parejas del mismo sexo

La plenaria del Senado decidió aplazar la discusión y aprobación del proyecto de ley para este miércoles.

Como la semana pasada, nuevamente manifestantes a favor y en contra del matrimonio LGBTI se agolparon en la Plaza de Bolívar.  / Andrés Torres
Como la semana pasada, nuevamente manifestantes a favor y en contra del matrimonio LGBTI se agolparon en la Plaza de Bolívar. / Andrés Torres

La reglamentación del matrimonio igualitario por parte del Congreso es un tema que despierta pasiones como pocos. En medio de argumentos jurídicos, éticos y hasta religiosos ha venido avanzando la discusión en el Legislativo. A pocos metros, en la Plaza de Bolívar, miles de personas, entre simpatizantes y detractores, se manifiestan con comparsas, cánticos, rechiflas y arengas defendiendo su posición. Pero por ahora lo único claro es que de no cumplirse con el trámite de la ley, serán los notarios quienes tendrán que definir las condiciones de las uniones entre parejas del mismo sexo.

En el marco de esta coyuntura, y sin tener claro el futuro del matrimonio igualitario, desde el Gobierno —que se había mantenido al margen del debate— surgió una solución salomónica. La ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, anunció la creación de una comisión integrada por miembros de la Superintendencia de Notariado y Registro y del Ministerio para establecer los lineamientos bajo los cuales los notarios del país deberán operar en casos de matrimonios de personas del mismo sexo.

Sin inmiscuirse en el debate de la reglamentación de la Sentencia C-577, que le pidió al Congreso “legislar sobre los derechos de las parejas del mismo sexo con la finalidad de eliminar el déficit de protección que, según los términos de esta sentencia, afecta a las mencionadas parejas”, la ministra Correa identificó que el problema que se venía encima no era de poca monta.

La movilización social generada a favor y en contra del matrimonio igualitario se vería reflejada en las notarías del país en caso de que, como parece un hecho, el Congreso hunda la reglamentación. Pues señala la misma sentencia que “si el 20 de junio de 2013 el Congreso de la República no ha expedido la legislación correspondiente, las parejas del mismo sexo podrán acudir ante notario o juez competente a formalizar y solemnizar su vínculo contractual”.

Por eso, en diálogo con El Espectador, dejó claro que “el Ministerio como ente regulador del notariado en Colombia está previendo la situación que se puede presentar. Queremos ser claros en el sentido de que nosotros no podemos crear derecho, no pretendemos regular, porque esta es una facultad que le corresponde al Legislativo. Pero sí queremos estar preparados por si el 20 de junio no hay regulación”, dijo Correa, quien explicó que esto se puede hacer a través de decreto reglamentario o de una circular de servicio dirigida a los notarios.

No obstante, Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, manifiesta su desacuerdo con esta propuesta y sostiene que “cualquier otro contrato o forma jurídica diferente al matrimonio es discriminatorio, porque nosotros estamos buscando los mismos derechos, con los mismos nombres”.

En la arena de la discusión legislativa el debate también presenta radicales posiciones. La senadora Claudia Wilches, quien tiene una clara posición en contra de la unión de parejas del mismo sexo, plantea que “la Corte no le dijo al Congreso que legislara sobre ningún tipo de matrimonio” y afirma que la Constitución señala que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer.

Aunque es conocido que Wilches es una de las principales lideresas de una iglesia cristiana en Bogotá, afirma que no esgrime ningún argumento religioso, aunque los tiene y los conoce. El que sí defendió su posición religiosa fue el senador conservador Roberto Gerlein, quien dijo que “uno no puede quitarse la piel para venir al Congreso. Soy católico y no lo puedo dejar de ser. Las relaciones entre política y religión deben ser aliadas. Creo que la Iglesia católica iluminó a quienes han escrito nuestras cartas políticas para definir el matrimonio como la unión entre hombre y mujer”.

Gerlein fue más polémico al señalar que “no comparto, ni aplaudo, el sexo escatológico. A mí me parece que el sexo escatológico es un sexo inane, incapaz de generar vida, un sexo que se practica casi que con fines recreativos. Le falta el imponderable de la belleza que nace del amor, para mí carece de importancia”.

Desde la otra orilla del debate, que hoy prosigue en el legilativo,  está el senador Armando Benedetti, autor de la iniciativa, quien afirma que una ley como la que reglamenta el matrimonio entre personas del mismo sexo busca que, acorde con la Constitución, todos los ciudadanos tengan los mismos derechos.

Benedetti fue tajante al señalar que “los argumentos que plantean quienes están en contra del matrimonio igualitario son los mismos que se exponían en su momento, cuando en Colombia se discutían temas como la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos para las mujeres, negros e indígenas. Son tesis cavernarias”.

Argumentos de parte y parte, pero es claro que, más allá de las medidas que pueda tomar la ministra Ruth Stella Correa para definir los lineamientos sobre los cuales actuarían los notarios en el país, la decisión que tome en última instancia el Congreso de la República o los planteamientos religiosos frente a la discusión, el debate sobre el matrimonio igualitario es un tema que genera radicales posiciones.

Así se ha visto reflejado en la Plaza de Bolívar, que se ha convertido en el epicentro de las manifestaciones de quienes están en contra o a favor de la iniciativa. Algunas, como hace ocho días, han rayado con las expresiones violentas. Y otras, como ayer, en las que cada una de las partes armó una fiesta multicolor y a costa de arengas, cánticos y bailes buscaban hacerse escuchar.

Las premisas eran claras. De un lado cantaban, con el mejor tono de una barra brava: “No callaré, no callaré, el matrimonio es entre un hombre y una mujer”. Desde el otro respondían: “Respeto, laicismo y tolerancia para poder vivir en democracia”. De este tamaño es la discusión.