La mujer que le dio vida a Fundaleo

Leonardo tiene un retardo severo. Por falta de oxígeno perdió muchas neuronas al nacer. Se demoró más de 15 días en hacerlo y no hubo una incubadora para cuidarlo en Quibdó (Chocó).

Ana Yolanda Palacios fué reconocida por su labor con el Premio Mujer Cafam 2013. / Archivo - El Espectador
Ana Yolanda Palacios fué reconocida por su labor con el Premio Mujer Cafam 2013. / Archivo - El Espectador

Los médicos hicieron sus diagnósticos y no le dieron más de seis meses de vida. Ana Yolanda Palacios, una morena recia de mirada transparente, se negó a que eso fuera cierto y empezó un viacrucis de tratamientos para luchar por su hijo. Llegó entonces a Bogotá, y trece años después volvió al Chocó con más preguntas que respuestas.

Corría el año 2007 y el único colegio de educación especial que existía en ese departamento ya había cerrado sus puertas por falta de recursos. Fue entonces cuando Palacios se montó en una moto y recorrió Quibdó buscando a los otros niños como Leonardo, que estaban agazapados y olvidados en los rincones de las casas, llevando en silencio sus discapacidades. El registro ascendió a 106 menores de edad con retardo mental, autismo, malformaciones e inmovilidad física, algunos de ellos también víctimas del conflicto armado, de las masacres de Bojayá y Apartadó. Así nació la Fundación Amigos de Leonardo (Fundaleo), que hoy atiende a 45 niños que todos los días reciben capacitaciones, talleres productivos y asistencia social en unos pequeños salones que la Alcaldía les presta. Unos hacen papel reciclable, otros tarjetas, otros decoran zapatos o hacen traperos artesanales.

La historia de Ana Yolanda Palacios salió a la luz hace poco, cuando recibió el Premio Cafam a la Mujer 2013, en un evento que presidieron la Premio Nobel de Paz Rigoberta Menchú y la primera dama de la Nación, María Clemencia Rodríguez de Santos.

“El caso de Ana Yolanda, en el Chocó, es el de tantas mujeres que han convertido sus propias dificultades en oportunidades para ayudar a los demás. Ana Yolanda, que lleva la mitad de su vida cuidando a su hijo, Leonardo, que nació con una incapacidad que le impide valerse por sí mismo, en lugar de lamentarse, en lugar de bajar los brazos, decidió apoyar a otros niños como el suyo y ayudarlos a vivir mejor”, expresó la esposa del presidente Santos durante su intervención ese día.

Palacios, de 41 años, participó con otras 18 mujeres de varias regiones del país y ganó por el trabajo sin pausa que ha hecho desde hace siete años por los niños en situación de discapacidad del Chocó.

“Cada uno nació con un propósito en la vida. El mío es Fundaleo, aunque no tenga un salario. Por eso no pongo a nadie de la fundación a que venda los artículos que hacemos, porque no quiero que los niños sean mendigos o que les compren por lástima. Ellos son seres muy valiosos, son artesanos que hacen cosas muy bien hechas. Por eso parezco una loca en una rapimoto llevando los traperos que hacemos para venderlos”, dice esta mujer que interpreta los sonidos de su hijo y de los demás que no pueden hablar como una exigencia de dignidad.

Dice que antes de que existiera Fundaleo, en la calle todos se burlaban de los niños discapacitados. Los trataban como los bobos del pueblo. Hoy, la historia es otra. Quizás por eso, a esta mujer la embarga la tristeza cuando no puede abrir la fundación, porque no tiene para ofrecerles un refrigerio.

“Desafortunadamente, ellos son los más vulnerables de los vulnerables. Son desplazados, pobres, afros y discapacitados”, señala. Hoy, esta mujer sigue soñando. Quiere que este espacio se convierta en un centro de rehabilitación para niños y jóvenes en situación de discapacidad, con equipos y profesionales médicos. Por ahora tiene que buscar la forma de llegar con algunas sillas de ruedas para quienes aún no pueden siquiera desplazarse.

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