Ni tan histórica ni tan pasajera

La Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras fue la más importante de las aprobadas en este cuatrienio, cuyo más grande lunar estuvo en la aprobación y posterior objeción del Gobierno a la reforma a la justicia, a mediado de 2012.

El presidente Juan Manuel Santos en la instalación del Congreso de la República, el 20 de julio del año pasado. / Semana

Unas de cal, otras de arena. Así podría definirse la labor del Congreso de la República durante el cuatrienio 2010-2014, que terminó ayer. Porque si bien es cierto hubo mucho control político al Gobierno y se sacaron adelante iniciativas claves como la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, el Marco para la Paz, la ley de vivienda, la reforma a las regalías, una reforma política, varios TLC y otras que tienen que ver con cuestiones laborales y del procedimiento penal, también se puede decir que la crisis que generó el hundimiento de la reforma a la justicia, en 2012, significó un punto de quiebre para la ya alicaída imagen del Poder Legislativo.

“Si hace uno un balance del número de leyes que han sido aprobadas en estos cuatro años, y hace uno un análisis no solamente de la cantidad sino de la calidad, la verdad es que el Congreso trabajó con mucha eficiencia y eficacia”, dijo el miércoles pasado el presidente Juan Manuel Santos. Las estadísticas muestran que en estos cuatro años de su primer mandato fueron presentados un total de 1.028 proyectos —815 con origen en el Senado y 213 en la Cámara de Representantes—, de los cuales 296 fueron sancionados y 451 archivados. A su vez, el Gobierno presentó 156 iniciativas. Hay que tener en cuenta que algunos proyectos no alcanzaron a ser discutidos o siguen en trámite. Asimismo, se aprobaron nueve de 73 actos legislativos radicados.

Y según el jefe de Estado, gracias a esas normas, hoy la economía del país es más sólida, se han producido recursos para beneficio de las políticas sociales y se ha generado confianza hacia los inversionistas: “Son leyes que les han dado a los colombianos más garantías en el respeto a sus derechos. Leyes progresistas, leyes que el mundo entero las está señalando como un ejemplo”, agregó el primer mandatario, precisamente durante el acto de sanción de la Ley Contra la Violencia Sexual, otra de las normas aprobadas en la legislatura.

Habría que mencionar también la Ley Estatutaria de la Salud, la del cuatro por mil para entregarle esos recursos al agro, la ratificación de la Alianza del Pacífico, la ley de beneficios a las madres comunitarias, la prórroga a la Ley de Orden Público, una reforma a la Ley de Justicia y Paz, la Ley de Bomberos, la norma que sanciona más drásticamente a los conductores borrachos, el nuevo Código Penitenciario, la nueva ley de extinción de dominio, la reforma a la Fiscalía, el arancel judicial y la llamada pensión familiar.

Pero no todo fue color de rosa. Y pese a los resultados que destaca el Gobierno, el Congreso sigue siendo una de las instituciones más desprestigiadas del país. Para la muestra un botón: en la última encuesta de Gallup para El Espectador el 49,7% de los colombianos tenían una opinión desfavorable del Legislativo. “En todos los países, el Congreso es siempre el pararrayos de los males sociales y la inconformidad de la gente se canaliza hacia esta institución. El Congreso no tiene manejo de imagen y aunque es el que hace las leyes, el Ejecutivo es el que saca pecho al sancionarlas”, explica Gregorio Eljach, secretario general del Senado.

Ahora, lo que sí reconoce es que la actual legislatura hay que medirla el entre antes y el después de la reforma a la justicia, que se hundió a mediados de 2012 por orden del mismo Gobierno y en medio de un gran escándalo por los ‘micos’ que a última hora se le colgaron, algunos en beneficio de los mismos congresistas. “Eso generó desprestigio y una gran molestia en la sociedad, pero también es una realidad que sirvió para corregir y que a partir de ese entonces la asistencia mejoró y el trabajo fue más armónico. Por ejemplo, en el último año apenas se cayeron tres leyes por vicios materiales”, agregó Eljach.

Claro que la reforma a la justicia no fue el único revés para Gobierno y Congreso en este cuatrienio. El hundimiento de la reforma a la salud y el retiro de la reforma a la educación fueron también hechos polémicos. Lo mismo que los debates de control político a ministros y altos funcionarios del Estado, que en algunos casos provocaron directa o indirectamente renuncias, como la del ministro de Agricultura Francisco Estupiñán o la del embajador en Estados Unidos Carlos Urrutia. Y están también los escándalos de parlamentarios que perdieron su investidura o les fueron abiertas investigaciones penales ante la Corte Suprema de Justicia.

 

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