“Renta básica no se puede considerar remuneración al trabajo doméstico”: Ana Isabel Arenas

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Para la economista y activista feminista, no es suficiente con que se le entregue un ingreso propio a la población femenina, pues este debe estar acompañado con proyectos de transformación social y cultural.

Como bien lo dice Ana Isabel Arenas, economista y activista de la Mesa de Economía Feminista y de la Mesa Intersectorial de Economía del Cuidado de Bogotá, cualquier medida económica, macro o micro, debe ser implementada tras el análisis y las recomendaciones de las mujeres. ¿Por qué? Porque a ellas, históricamente, las han dejado por fuera de esas conversaciones y decisiones que terminan impactándolas diferente que a los hombres. Por eso, cuando un grupo de más de 50 congresistas radicaron un proyecto de “renta básica de emergencia” para darle otro alcance al decreto legislativo del Ingreso Solidario, las mujeres salieron a hablar y exigir que se les escuche. No en vano, en la justificación de la iniciativa, se habla de un beneficio para la población femenina, pero a la hora de leer en detalle el cuerpo de lo que se convertiría en ley, no hay una sola mención a las mujeres. Esta es la conversación que El Espectador tuvo con Ar

enas.

¿Cuál es la relación de la renta básica y las mujeres?

Se debe entender que en el sistema capitalista casi todos los servicios que se brindan a la sociedad parten de que la persona está en el mercado laboral. En Colombia, más de la mitad de la población es informal. En otras palabras, no tienen condiciones básicas de una seguridad social en el mercado laboral. Trayendo otras cifras, es importante destacar que por cada 100 hombres pobres hay 120 mujeres, y estas cifras ascenderán a fin de año por cuenta del coronavirus y se perderán 15 años de trabajo para reducir la pobreza. Asimismo, hay otro dato muy importante para la autonomía económica de las mujeres, y es la medición de población sin ingresos propios: en los hombres está en 9,7 %, mientras que en las mujeres en 26,7 %. Entonces, hablar de una renta básica es darles un ingreso base a todas las personas por el solo hecho de ser ciudadanas y, con base en estas estadísticas y otras como las brechas en el dese

mpleo, les da a las mujeres la posibilidad de acceder a un ingreso propio, que a muchas les permitiría salir de la pobreza.

¿Las mujeres reciben ese dinero y qué pasa? Muchos teóricos de la renta básica hablan de que esta otorga libertades...

No es de manera absoluta que una renta básica universal va a cambiar las condiciones de las mujeres y estas gozarán de esa libertad. Contribuye, sí, esencialmente al acceso de unos ingresos propios para ellas, a que tengan libertad de decidir si toman un trabajo o si buscan uno que les interese porque cuentan

con recursos para vivir.

Verlo de esa forma plasma un escenario muy favorable para las mujeres…

Hay varias críticas, como que con este ingreso propio se les asignarán nuevas responsabilidades a las mujeres, que no hay algo de fondo -hablando del proyecto de renta básica del Congreso- que busque la corresponsabilidad en las tareas del hogar. Puede pasar que la mujer siga relegada a las tareas domésticas por el solo hecho de que, como ya contaría con un ingreso propio, no hay necesidad de que salga a buscar trabajo. No hay una transformación en las relaciones sexuales y sociales, y eso es lo que más nos interesa a las feministas.

Si la renta básica no es suficiente para generar ese cambio, ¿qué más se debe promover, bien sea desde el Congreso o el Gobierno?

La renta básica universal tiene que ir acompañada de otros procesos, generar concientización en cuanto a que las tareas del hogar se deben de redistribuir, para darles a las mujeres la posibilidad de elegir y que no se sientan obligadas a cuidar de un familiar o limpiar la casa. Asimismo, se requiere un nuevo pacto social. Esto quiere decir que si bien es absolutamente necesaria la renta básica universal, debemos seguir trabajando en la puesta en marcha de los sistemas de cuidado, que no sea responsabilidad exclusiva de la mujer el hogar, sino que sea la sociedad en su conjunto: mujeres, hombres, Estado, mercado, familia y sociedad civil. Es decir, cuestionar la división sexual del trabajo, las relaciones sociales conforme al género, acabar con los estereotipos. También, para caminar en ese sentido se necesitan programas de creación de empleo público, y el Estado debe garantizar que esta renta básica jamás sustituya programas de servicios públicos, con los que las personas, incluidas las mujeres, tienen garantizados el agua, la vivienda, la energía, la salud, entre otros.

¿Qué no le gusta del proyecto de renta básica del Congreso?

Al proyecto le faltó un remojón muy importante, que fue discutirlo con mujeres y sectores populares. La renta básica no se les puede entregar a las familias porque, en principio, el dinero lo estaría recibiendo el hombre y, así, las mujeres nunca van a acceder a esos ingresos y no se promueve su autonomía en el hogar. No tiene tampoco un componente de transformación social y cultural que cambie las miradas en torno a la división sexual del trabajo.

¿Qué le cambiaría entonces?

Si con el proyecto se insiste en que sea una renta básica para las familias, que la titular sea la mujer. Es más, solo se tendría que resolver el 50 % de las familias, debido a que se estima que en Colombia el 40 % de los hogares están encabezados por la mujer y un 10 % por padres solos.

Se habla mucho de valorar el trabajo doméstico y hay quienes piensan, entonces, que la renta básica para las mujeres es un tipo de remuneración por este...

Nunca. Cualquier cosa que se considere remuneración al trabajo doméstico de las mujeres es perpetuar una división sexual del trabajo. Las mujeres no tenemos que hacer el trabajo doméstico si no queremos, y se debe facilitar esto. Por ejemplo, las empresas deben tener jardines infantiles con el mismo horario, tanto de las madres como de los padres. De igual manera, cuando mejoramos condiciones del trabajo doméstico, no es exclusivo para las mujeres, es para la familia, por eso exigimos que sea un trabajo paritario con todos los miembros de la familia.

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