“No son las casas políticas sino las causas políticas las que están movilizando a la gente”

Luis Ernesto Gómez, viceministro para la Participación e Igualdad de Derechos, habla de la luchas que hoy se libran gracias al programa Causas Ciudadanas, entre ellas, la prohibición del uso del asbesto, proyecto de ley que ya fue aprobado en primer debate en el Congreso.

El viceministro del Interior, Luis Ernesto Gómez y Daniel José Pineda, esposo de Ana Cecilia Niño, celebran la aprobación de la ley que prohíbe el asbesto en primer debate. Mininterior

El miércoles pasado fue aprobada en la Comisión Séptima del Senado, en primer debate, la llamada ley “Ana Cecilia Niño”, que busca prohibir el uso de asbesto en el país. Su nombre hace honor a la mujer que murió en enero de un cáncer pulmonar que le produjo el haber vivido 17 años al lado de una fábrica en donde se usaba esa sustancia para hacer tejas. Pero más que un proyecto que hace trámite en el Congreso, lo que la gente desconoce es que se trata de una de las 71 causas ciudadanas que en la actualidad impulsan más de 503 mil colombianos, con el apoyo del Ministerio del Interior, quienes se han expresado a través de las redes sociales y mecanismos digitales.

Solo esta, la causa del asbesto, logró superar la meta de los 143 mil respaldos. Otras tienen que ver con la prohibición de las corridas de toros, la protección de la reserva Van Der Hammen o la eliminación de unos peajes urbanos en Cartagena, por ejemplo. Y frente a este programa está el viceministro para la Participación e Igualdad de Derechos, Luis Ernesto Gómez, quien en diálogo con El Espectador habla de lo logrado hasta ahora, de las batallas ganadas y de las que hoy se libran.

¿En que consiste lo de las Causas Ciudadanas?

Muchos ciudadanos participan, opinan, se expresan y dan su visión de sociedad y de país a través de las redes sociales y de mecanismos digitales. Firman peticiones por internet, recogen firmas a través de plataformas como “Change”, critican y se quejan o dan me gusta. Se trata de expresiones válidas de participación y por eso se creó el programa de Cusas Ciudadanas. Cuando una petición de la gente, que sea competencia del Estado, que pueda resolver alguna entidad y que propenda por la garantía de derechos, alcance un número igual o superior a las 20 mil firmas digitales, el Ministerio la acompaña, presta asesoría jurídica, ayuda a visibilizarla y las apoya en su trámite. No se puede asegurar su éxito, pero se asegura el acompañamiento hasta dónde se pueda llegar.

¿Y cuál es el balance hasta el momento?

Se han inscrito 71 causas ciudadanas. De ellas, 11 ya alcanzaron más de 20 mil firmas digitales y en otras todavía las están recogiendo en las redes sociales. Tres ya lograron su objetivo, en un periodo de un mes: No al cierre de la Fundación AnimaLove (35.363 apoyos), Salvemos el Refugio de Villa Lorena en Cali (37.604 apoyos) y No les quiten su hogar a los 14 abuelos de la Casa San Pablo (20.807 apoyos).

¿Qué pasa cuando una de esas causas choca con leyes o con normas y decretos a nivel local?

Las reglas son sujetas de cambios y, en el caso de iniciativas como la del asbesto o de los toros, se requieren trámites normativos para poderlas prohibir. Es cierto que hay unas causas más difíciles que otras, pues implican cambiar leyes y toman más tiempo. Por ejemplo, en lo de los toros, ya fue aprobada en primer debate y en lo del asbesto también se logró ese primer paso gracias a que se dio un consenso con todos los ministerios involucrados: Salud, Trabajo y Ambiente. Se llegó con una posición unificada.

Ya que toca el tema del asbesto, ¿tiene futuro esa prohibición cuando se sabe que detrás existen poderosos intereses económicos?

Es claro que el proyecto se ha hundido siete veces porque hay intereses particulares que todavía defienden su uso, pese a ser una sustancia prohibida en más de 50 países y clasificada como agente cancerígeno tipo 1 por la Organización Mundial de la Salud. La discusión científica ya está agotada y creo que los congresistas se deben a la gente. Estamos en un período electoral y el hecho de que sea la ciudadanía la que se movilizó de manera masiva debe ser tenido en cuenta. De hecho, eso fue lo que hizo también que el Gobierno prendiera las alarmas para posicionarse frente a  este tema y tener una voz a favor del proyecto, liderada por el ministro Alejandro Gaviria. Se dio un primer paso y lo que se busca es generar un periodo de transición de cinco años, es decir, que la medida no sea de choque, sino que permita que se dé un desmonte gradual para que no haya traumatismo para las personas que derivan su sustento de esta actividad, y para los procesos constructivos y de inventarios. Pero desconocer que este es un agente cancerígeno y no escuchar la voz de 143 mil ciudadanos que se expresaron en las redes sociales sería un error.

Pero entonces tenemos que aguantar todavía cinco años de asbesto…

El problema es cómo se hace el desmonte de lo que ya existe. Uno hace la prohibición, pero hay que empezar a generar un tema de transformación arquitectónica, de revisión de los procesos de construcción, y la idea es que eso se dé con gradualidad. Lo claro es que sí debemos suspender desde ya el uso del asbesto y generar conciencia sobre su impacto en la salud, que incluso implica un mayor riesgo para quienes derivan su sustento de esa actividad.

Otra causa polémica es la de las corridas de toros, ¿en qué va eso?

El escuchar una iniciativa ciudadana, que recoja más de 130 mil apoyos y con movilizaciones masivas en torno al proyecto de ley y a los derechos de los animales, es reconocer que en la sociedad cambian los paradigmas y lo que antes era común, como maltratar un animal para la diversión de otros, eso cambia. Qué bueno que esas decisiones se tomen de forma democrática a través de iniciativas ciudadanas, que el gobierno la recoja, la lleve al Congreso y que allá, que es un escenario democrático, con voces a favor y en contra, se decidan las cosas.

¿Y lo de la Reserva Van del Hammen?

Es una de las causas más difíciles. Tiene ya alrededor de 43 mil apoyos, pero el Ministerio no es competente para decir que no se hace. Además, nuestra tarea no es juzgar sobre el tema, es acompañar a los ciudadanos, hacer que su voz cuente y se les ha brindado asesoría jurídica explicándoles cuáles son las rutas, la vía jurídica que tendrían que seguir, y para que ello se active, el Distrito tiene que tomar una decisión de fondo y todavía no lo ha hecho. Vale decir que lo que promete el programa es visibilizar las causas, porque gran parte del éxito de la participación ciudadana es que la gente conozca de ellas para que se involucren, participen y opinen a favor o en contra. Nosotros acompañamos para que se generen debates democráticos.

¿Está Colombia preparada para meterse en la participación digital?

Cada vez más es una realidad. Y yo le preguntaría a cualquier lector cuándo fue la última vez que a través de su teléfono o computador revisó las redes sociales, o que pidió un taxi a través de una plataforma digital o que hizo una transacción con su banco o alguna compra. Esa es una realidad cada vez más frecuente. Hoy son alrededor de 29 millones de colombianos activos en Facebook y eso es más del doble de las personas que estuvieron votando sí o no a la paz hace un año.

Alguien podría decir que esas causas podrían abrir la puerta a iniciativas con intereses no tan altruistas, por ejemplo, que una carretera pase por una zona así se tenga que destruir un bosque…

Intereses no loables los hay, con mucha o con poca democracia. Y el problema en nuestro país es que esos intereses están en manos de unos pocos, muy poderosos, y que pasarían la carretera por donde fuera porque tienen el bolígrafo para definirlo y hacerlo. Si esas discusiones se dan de manera democrática y las redes sociales son facilitadoras, será más probable que alguien se entere que ahí hay un abuso y que un gran número de ciudadanos se movilice en contra de ese abuso. Y ahora que se avecina un proceso electoral y que los colombianos están tan desencantados de los partidos políticos y estos están en sus definiciones, estoy convencido de que no son las casas políticas sino las causas políticas las que están movilizando a la gente. Eso es lo que va a marcar la agenda.