"No soy un clon que repite discursos"

El hijo de Lucho Garzón admite que tiene una diferencia política con su padre por su pertenencia al Gobierno nacional.

Eduardo Garzón fue funcionario público siendo muy joven. No acababa sus estudios cuando su padre, el exalcalde Lucho Garzón, lo encargó de asuntos de juventudes durante su gobierno en la capital del país (2004-2007).

Hoy, concejales de las bancadas verde y progresista están con él. Los más optimistas en su campaña dicen que, con su votación, el Partido Verde se doblará en la Cámara de Representantes y pasará de tener dos a cuatro curules.

Se confiesa más cercano a las ideas de Gustavo Petro que a las de Peñalosa o Antanas Mockus, pero dice que los candidatos de su partido centran su discurso en el alcalde, y su permanencia en el segundo cargo más importante del país, están olvidando un proyecto que es “más que una alianza electoral”.

¿Por qué creer que su único mérito como político no es ser el hijo de Lucho Garzón?
No soy un delfín porque no heredo unas banderas ni una dinastía. Tengo un trabajo de base consolidado con los jóvenes de las localidades de Bogotá desde hace 10 años.


El lema de la alcaldía de su papá fue ‘Bogotá sin indiferencia’ y el suyo ‘Paz sin indiferencia’…
En ese gobierno yo creé cosas. Tuve a mi cargo la política de juventud de Bogotá y así fui generando mi propia identidad y mi espacio en la política de la ciudad. No soy un clon que copia discursos. Hay cosas que se hicieron bien y que yo rescato. Entre ellas el rechazo a la indiferencia frente a los problemas sociales y lo que nos mueve es el deseo de acabar con la guerra.


¿Es cierto que está distanciado de su padre?
Con mi papá tenemos algunas diferencias políticas. Pero desde pequeño, él mismo me enseñó que dos personas que se quieren pueden tener diferencias sutiles y que eso se debe quedar en el campo de la política.


¿En qué consisten esas diferencias?
La principal diferencia es que él piensa que es preferible para mí esperar a que culmine el porceso de paz para tener algún interés electoral y yo, a diferencia de él, pienso que podemos ayudar a construir la paz.


¿No tiene nada que ver su permanencia en el gobierno de Juan Manuel Santos?
El ingresó a la Unidad Nacional y al gobierno a nombre del Partido verde, cuando entra a la unidad nacional. Luego, cuando pasamos a la Alianza Verde (vinculación de Progresistas) el presidente Santos le pide que se quede y él continúa porque su obsesión es la paz de este país y cree que su lugar está en trabajar por el diálogo social desde lo ejecutivo.


Es decir que su papá está en la Unidad Nacional pero el partido al que pertenece no…
Eso es cierto. Esa ha sido otra de nuestras discusiones. Pero no estamos peleados.


¿Qué diferencia hay entre el partido de la ‘Ola verde’ y el de la fusión con Progresistas?
Ahora somos más que la unión de figuras políticas de renombre. Somos un partido fuerte a largo plazo. Queríamos volver a los orígenes de la ola en la que la indignación fue el ingrediente principal. Hoy, consideramos que Progresistas representa buena parte de ello y tiene una visión muy cercana a la nuestra sobre el país. Este proyecto tiene futuro.


Pero la principal figura del progresismo (el alcalde de Bogotá Gustavo Petro) ha dicho que no pertenece a la Alianza Verde…
Esto no es de figuras. No hay que decir Petro ni Peñalosa. No nos podemos enredar en los personajes. Esta alianza, más que electoral, es programática. Nuestra fuerza está en los debates que damos hacia afuera, e internamente. Lo que comenzó con la fusión con Progresistas, pese a las evidentes diferencias, debe ser el comienzo de una ruta.


¿Qué modelo de ciudad prefiere, el de Gustavo Petro o el de Enrique Peñalosa?
Yo acompañé a Peñalosa en la campaña a la alcaldía por disciplina de partido, pero en lo programático, en lucha contra la pobreza y la reducción de la desigualdad, estoy con la Bogotá Humana.


¿Qué le critica a Gustavo Petro?
Nos la jugamos por la permanencia del alcalde hasta que culmine su periodo constitucional. Pero sí creo que Petro debería ser más colectivo. Debe tener en cuenta que la política cambia si no la personalizamos y si construimos unión y concordia entre las distintas propuestas de. A él le serviría hacer equipo. Él considera que éste no es su partido porque Debemos tener unos relevos generacionales.


¿Qué quedó de lo que fue la unión entre su padre, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa?
Los tres tenores nos enseñaron que políticos con contradicciones pueden montar un proyecto conjunto sin atacarse entre sí. Las circunstancias los llevaron a tener su propio espacio y dar sus propias luchas. Lo que aprendí es algo que repetían los tres: vamos a construir sobre lo construido.


¿El furor de la ola verde se acabó cuando aceptaron el apoyo del expresidente Uribe?
Nosotros teníamos un acuerdo con Peñalosa para apoyar su candidatura a la Alcaldía. Nuestra palabra, y la de Antanas Mockus, estaba comprometida con respaldarlo. Nosotros cumplimos y Mockus terminó apoyando a Gina Parody. Eso es otro factor.
Pero creo que sí cometimos un error en no haber rechazado a Uribe. Eso le costó al partido pero respetamos la palabra de apoyar a nuestro propio candidato.


¿Si sale elegido, en qué va a concentrar su trabajo?
El próximo Congreso es el que va a construir el posconflicto. En ese escenario es el que voy a trabajar. Mi propuesta principal es la reforma a la ley 30 para un mejor sistema de educación, que integre a los jóvenes de las regiones y de los estratos más bajos y así consolidar la paz hacia el futuro. Además, hay que generar reformas políticas que permitan una mayor interrelación de los congresistas con los ciudadanos y avanzar en la descentralización de los recursos públicos a nivel local. En últimas, generar mayor veeduría ciudadana sobre la corrupción que hoy se da en lo micro.