"No toquen a 'Timochenko' ni la reelección de Santos"

Propone la fecha del 8 de mayo para la convocatoria del Consejo Nacional de Paz y arremete contra sus críticos.

Según Lucho Garzón, lo que más le ayudaría al proceso con las Farc, más que un cese al fuego, es terminar rápido. / Cristian Garavito - El Espectador

Luis Eduardo Garzón —o Lucho, como le gusta que le digan—, el exsindicalista, excandidato presidencial, exalcalde de Bogotá por el Polo Democrático y exconsejero presidencial para el Diálogo Social, es una persona que despierta amores y odios. Y él lo sabe. Por eso, cuando habla lo hace de frente y sin tapujos. Como en esta entrevista con El Espectador, donde les responde a quienes hoy le critican el estar del lado de Juan Manuel Santos, trabajando por su reelección; a quienes lo señalan de haber traicionado a sus compañeros del Partido Verde a cambio de la tal ‘mermelada’ del Gobierno; a quienes dicen que no ha hecho sino calentar puesto en el Ejecutivo y a aquellos que dudan del proceso de paz con las Farc, desde el uribismo hasta el procurador Ordóñez.

De paso, propone la fecha del 8 de mayo para la convocatoria del Consejo Nacional de Paz, y aunque reconoce virtudes en Enrique Peñalosa, hoy en día convertido en el gran rival del jefe de Estado en la carrera presidencial, le lanza una que otra pulla por lo que considera han sido sus constantes contradicciones.

 ¿Qué les responde a quienes dicen que usted no hizo nada como consejero para el diálogo social?
Al que tengo que rendirle cuentas es al que me avaló todo el tiempo: el presidente Santos. Diría que mi cargo debería haberse llamado consejero ministro y no ministro consejero, porque aconsejé a todos los miembros del gabinete en todos los conflictos y al propio presidente. Lo que pasa es que hice una actividad absolutamente discreta, porque me parecía imprudente con los propios funcionarios.

 Hace poco se le vio pintando grafitis por la paz en Buenaventura. ¿En qué anda usted hoy?
Tengo la responsabilidad en la campaña del presidente Santos de la paz y la reconciliación, que es un activo de todos los colombianos. Estoy jugado con ello y combinando todas las formas de ‘lucho’: pintar, generar sinergias con la gente y defender una premisa: uno no cambia a Pékerman en momentos en que es exitoso con la selección Colombia. O sea, uno no cambia a Santos cuando se ven los resultados que ha logrado, sin antecedentes en la historia de este país, en materia de paz.

 ¿Y en qué va el tema del Consejo Nacional de Paz, que el presidente le encargó su convocatoria?
Al Consejo toca actualizarlo porque tiene la lógica de 1998, cuando había otros actores políticos, sociales e institucionales en el país. Hoy existen otras dinámicas y, por ejemplo, están las víctimas en el primer orden. Por eso la propuesta es una reglamentación que ya estamos haciendo y en la que me ha ayudado el equipo del expresidente Samper, para hacerle sugerencias al Gobierno.

 ¿Exactamente qué es lo que se quiere reglamentar?
La inclusión de nuevos sectores sociales y de participación política. Por ejemplo, en lo regional, hoy son muy fuertes las organizaciones de gobernadores y alcaldes. O por ejemplo, yo veo con mucho agrado que en el Consejo pudiera estar Marcha Patriótica.

 O sea, que esté Piedad Córdoba…
Piedad Córdoba no es Marcha Patriótica, es parte de ella. Y pienso también en la Unión Patriótica o en sectores que en el 98 no existían, como la Alianza Verde. Para mí son fundamentales los consejos regionales, porque el país no puede funcionar con la lógica del centralismo. Y quiero dejar claro que yo estoy de facilitador, pero el convocante es el Gobierno. Por eso digo que el Consejo debe tener autonomía; si no, termina siendo un aparato dependiente del Estado y eso no es lo que necesitamos.

 ¿Gustavo Petro tendría cabida ahí?
Obviamente, es necesario y además él ha sido un hombre convencido de la convocatoria del Consejo Nacional de Paz. Lo que queremos es recoger los sentimientos de todo mundo para reflexionar sobre lo bueno, lo malo y lo feo del proceso de paz. Sacarlo de los columnistas, los ‘pazólogos’, de la pasión en los escenarios electorales, y colocarlo en función de que la gente pueda hacer sus propias valoraciones.

 ¿Y el uribismo?
Pues yo sí quisiera que el expresidente Uribe pidiera asiento ahí, pero se ha dedicado es a tirar ráfagas de trinos contra la paz. Me gustaría que toda su energía la pusiera en ese ejercicio, porque creo que un proceso de paz sin Uribe está cojo. Ahora, un papel por la paz debe ser seducir a los guerreristas como Uribe.

 Un parágrafo de la ley que creó ese Consejo dice que tendrán asiento los actores armados ilegales que hayan manifestado su voluntad de paz, ¿las Farc y el Eln podrían tener su puesto?
Eso sí tiene que ser en consonancia con los procesos. Uno no puede mandar un mensaje de legalidad cuando todavía están en la ilegalidad y todo depende evidentemente del fin del conflicto.

 ¿Y cuál es la fecha que usted plantea para su convocatoria?
Quiero que sea antes de las elecciones. Y si me pregunta por una fecha, diría que el 8 de mayo. No es fácil y por eso hay que hacer la convocatoria lo más rápido posible; si no, eso se va diluyendo en el tiempo. Hoy, cuando se ven logros concretos en dos puntos de la agenda de diálogos en La Habana y un tercero que lo siento avanzado, es hora de que la gente tenga el deber y el derecho de opinar.

 ¿Por qué el proceso de paz no ha calado aún entre la ciudadanía?
Cuando uno le pregunta a la gente si quiere la paz, todo el mundo dice que sí, hasta Uribe. Pero le ponen talanqueras. Yo estoy en la creatividad para que la gente nos diga qué es lo que siente por paz y para que se apropie de ella. Por eso digo: De la Calle en La Habana y nosotros en la calle. Eso sí, aquí tienen que asumir su responsabilidad quienes están arriesgando el proceso. Si se rompe, nos veremos dentro de 500 mil muertos.

 ¿Se refiere a Óscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez?
A mí me sorprendió Óscar Iván esta semana, porque como ministro de Hacienda estuvo en contra de la Ley de Víctimas y le puso todos los retenes, y ahora aparece como víctima. Eso muestra la debilidad de la argumentación del uribismo. Fue un gran ministro de Hacienda, pero el rumor, la mentira, las verdades a medias que dice, le hacen un gran daño al proceso. Y Marta Lucía tiene una experiencia admirable como ministra de Defensa y a la vez preocupante, porque ella misma sabe que hizo un esfuerzo que fue después cuestionado por su propio jefe: Uribe. Ella no salió por ladrona ni por corrupta ni porque le faltara liderazgo.

 ¿Y Enrique Peñalosa, que ha dicho que mantendría el diálogo?
Lo digo con respeto: él cree que asumir el proceso de paz es como cambiar de chofer de un bus de Transmilenio a otro. Y no es así, este proceso fue construido con confianzas y lo que más nos interesa es ganar la confianza de la sociedad. No hablo mal de los candidatos, sino de sus contradicciones, y yo le oí a Peñalosa, en la campaña de 2010, que los estudiantes deberían ser informantes. O como cuando me dijo que lo acompañara con Uribe para derrotar a Petro, y hoy está en el partido que dirige Petro.

 Pero el repunte de Peñalosa es evidente en las encuestas…
Por algo no me arrepiento de haberlo apoyado, incluso tragándome el sapo de Uribe. Hoy está demostrado que era el mejor candidato para las elecciones de 2011 a la Alcaldía. Tiene muchas virtudes y méritos, y si está subiendo en las encuestas, no podemos ponernos a llorar, sino a trabajar para que suba lo que estamos promoviendo: la reelección de Santos.

 ¿Por qué en la Alianza Verde dicen que usted y Alfonso Prada están enmermelados?
Mi mermelada, como ya lo dije, es una compota light. Tuve cinco funcionarios en la Consejería y no tengo absolutamente nada. Para deslegitimarlo a uno, la extrema derecha le dice terrorista y los otros enmermelado. Pero no quiero meterme en esa discusión. De enmermelados en todos los partidos, líbranos señor.

 ¿No cree que el tema de la destitución de Petro le costó más al presidente de lo que lo benefició?
Claro que lo afectó, porque la gente cree que el que destituyó a Petro fue el presidente y no el procurador. Santos tenía una situación muy compleja y estoy seguro de que no quería hacerlo, pero tenía órganos de justicia jugando. Pero así como lo aceptó, también está dispuesto a acatar una decisión en el sentido de que Petro regrese a la Alcaldía y estoy seguro de que será con mucho gusto.

 ¿Y cómo ve la postura del procurador Ordóñez, quien insiste en hablar de los riesgos de impunidad en el proceso de paz?
El procurador se equivoca al ser capitán del barco de quienes objetan todo lo que hagamos en favor de la paz. Si hay una participación en política y que incide —para bien o para mal en las elecciones— es ese papel protagónico en todo lado. Yo respeto su lucha anticorrupción, pero en temas de derechos actúa como de derechas. Él lo que tiene es que cumplir con el artículo 22 de la Constitución, que habla del derecho que tiene todo gobernante de trabajar por la paz. Y si no le gusta este proceso, pues que diga cuál es el que busca.

 Lo ha dicho: paz sin impunidad...
La derecha colombiana plantea que debe ser rendición del último, del último, del último, y no fueron capaces de hacer eso. En las Farc también hay tendencias peligrosas y algunos piensan que la insurrección es la única posibilidad. Aquí todos tenemos que entender que hay una oportunidad en Colombia sobre todo en dos temas: participación política y ruralidad, incluyendo el papel protagónico de las víctimas y el del narcotráfico y su daño en lo estético, lo ético y lo político.

 ¿No cree que fue un error del presidente Santos decir que pensaría dos veces en dar de baja a ‘Timochenko’
Yo no soy el presidente, pero no lo bombardearía, porque lo de Alfonso Cano tuvo consecuencias complicadas. Entiendo que no haya cese al fuego, que hay que negociar en medio de la guerra, que es difícil hacer treguas, pero es que lo peor que podría pasar es que los interlocutores que se han ganado confianza desaparecieran del escenario. Por eso digo: no toquen a Timochenko ni toquen la reelección del presidente Santos.

 

@Natal1aH

@hgarciasegura