“Nuestra prioridad es legitimar la virtualidad”: nuevo presidente de la Cámara

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El representante conservador Germán Blanco asegura que, mientras no haya riesgo para congresistas y funcionarios, apostará por alternativas progresivas que le permitan al Parlamento volver a sesionar presencialmente. Eso sí, condiciona la decisión al avance de la pandemia.

Luego de superar la oposición de una fracción de su propio partido, e imponiéndose con 168 votos a favor y cero en contra, el representante conservador Germán Blanco se convirtió esta semana en el nuevo presidente de la Cámara. El antioqueño, quien dice que ofrecerá garantías para todos los sectores, asegura que su prioridad será legitimar las cuestionadas sesiones virtuales en el Congreso.

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Si bien reconoce que el escenario natural de los parlamentarios es el Capitolio Nacional, Blanco condiciona la presencialidad no solo al comportamiento de la pandemia, sino a las directrices de los gobiernos nacional y distrital. Dice también que “el delito de amistad no existe”, en referencia a su cercanía con el prófugo Óscar Suárez Mira.

Cómo sesionar ha sido el derrotero del Congreso en pandemia. ¿Por qué modelo se la va a jugar?

El tema nunca podrá tener posiciones absolutamente fijas en tanto no se conozca de manera definitiva el comportamiento de la pandemia en Bogotá, es decir, que se alcancen los picos. La postura sigue siendo la misma: el Capitolio es el recinto natural de la Cámara de Representantes. Sin embargo, hay que considerar la situación de salud pública que vive el país y fundamentalmente la capital. Mientras las autoridades nacionales y distritales no permitan, a través de sus decretos y resoluciones, hacer sesiones meramente presenciales, no puedo infringir la norma. Hacerlo también sería poner en riesgo la salud y vida de mis compañeros, muchos de los cuales son adultos mayores o tienen enfermedades preexistentes.

Las sesiones presenciales están determinadas por el comportamiento de la pandemia, es decir, que se alcancen los picos y que haya menos contagios.

Hay una resolución en la Cámara que permite la semipresencialidad y la estamos evaluando para no prohibir el ingreso de parlamentarios, pero tampoco para hacer sesiones meramente presenciales que violen la reglamentación de salud pública existente. Lo importante es no colocar en riesgo la salud ni la vida de parlamentarios y funcionarios. Mientras no haya riesgo, se pueden buscar formas progresivas y progresivas de ir llegando a la presencialidad.

¿Por encima de lo que dispongan las autoridades, no está la autonomía del Congreso, como lo ratificó la propia Corte Constitucional?

Precisamente la Corte lo que permite es la virtualidad en las sesiones del Congreso, que fue lo que se cuestionó a través del decreto expedido por el presidente y, al permitirlo, es una herramienta de la que podría hacer uso el Senado o la misma Cámara. De hecho, hay un proyecto de ley para modificar nuestro reglamento. De eso hablamos en la reunión que tuve con Arturo Char, presidente del Senado. La idea es hacer los debates para dotarnos de más herramientas legales para legitimar nuestras decisiones. Me dijo el senador Char que en cuestión de 20 días podríamos tener esa ley ya sancionada por el presidente.

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Nuestra prioridad es legitimar la virtualidad a través de una ley y se hacía necesaria esa primera reunión de reconocimiento. Nos sentaremos pronto a evaluar agenda legislativa. Recibí la Cámara con 38 proyectos de ley vigentes, que pasan de la legislatura anterior. Pero también con 38 debates de control político aprobados. Además, ya se radicaron 150 proyectos en la Secretaría General.

¿Hablaron del modelo de sesiones?

Entiendo que el senador Char es muy amigo de la virtualidad y que pretenderá sesionar desde su ciudad natal, pero fue un comentario suelto, no hay nada oficial. Le dije que yo sí voy a estar en Bogotá, tratando de hacer sesiones desde el Capitolio.

¿Confía en que haya un trabajo mancomunado y armónico con Char en el Senado?

Esta semana fue la primera vez que tuve una conversación con él. Siendo mi homólogo en un congreso bicameral, nos tenemos que colocar en circunstancias de amistad, colaboración y colegaje para el trámite de proyectos. Fue una conversación cordial, agradable y observé disposición de parte y parte para que las cosas nos salgan bien.

También se reunieron con el presidente Iván Duque, ¿qué les dijo?

El encuentro fue de iniciativa suya. Fue una reunión formal y amigable, en la que colocó a nuestra disposición el Ejecutivo en función del Legislativo. Es decir, no intromisión de los poderes, sino la evaluación y el estudio previo de proyectos. El presidente le quiere apuntar a la estabilización de la economía y lo vemos bien a ojos del Congreso, así como la lucha contra la corrupción.

Hubo quejas por falta de garantías en la virtualidad, ¿cómo garantizar que tanto la oposición como lo partidos tengan la suficiente participación?

Es parte de la discusión que vamos a iniciar con los voceros de las bancadas para tomar decisiones concertadas y consensuadas, para no imponer desde la mesa directiva ninguna posición.

En la legislatura pasada, pese a estar en plena pandemia, ningún proyecto aprobado tuvo relación con el COVID-19, ¿sacará adelante una agenda en ese sentido?

Tratándose del coronavirus, normalmente los proyectos contemplan situaciones de tipo presupuestal y la iniciativa no la tiene el Congreso, sino el Ejecutivo. El llamado es a que ellos, en cabeza de los distintos ministros, presenten proyectos que involucren presupuestos y que tengan que ver con el coronavirus.

¿Y por qué no toma la batuta el Parlamento?

El Congreso puede asumir la iniciativa, pero tendría que tener el visto bueno del Ministerio de Hacienda. Siempre va a ser más fácil que, tratándose de asuntos presupuestales, la iniciativa sea del Ejecutivo.

Tenga en cuenta además que se decretó la emergencia social y económica y que, bajo esa situación, el Gobierno Nacional legisló con los decretos ley, que no es más que una suplantación que la Constitución permite. Eso pudo haber matizado la presentación de algunos proyectos.

También se criticó que se dejó de hacer control político y se pasó casi a un esquema hiperpresidencialista. ¿Cómo evitar eso?

Concibo la Cámara como un espacio para el control político. Se lo hice saber a todas las bancadas. Voy a hacer que institucionalicemos los jueves como día de debate, pero debo tener acuerdos previos.

¿Siente confianza de trabajar en la Dirección Administrativa con John Abiud Ramírez, a quien señalaron de clientelismo y compra de votos?

Lo conocí hasta el día de la elección, porque su postulación la hizo el Partido de la U. No acostumbro a comportarme como juez o fiscal: si las autoridades determinan que está habilitado, pues votamos según los acuerdos. Serán las autoridades las que indiquen responsabilidades futuras. A él, como a cualquiera, lo cobija la presunción de inocencia. Confío que va a hacer un trabajo transparente y honesto.

¿Comparte lo dicho por su copartidario, Wadith Manzur, quien dijo que quienes asistieron al Capitolio “estaban aburridos con el esposo” o “se cansaron de los hijos”?

No lo comparto. Soy gran amigo de él, me pareció folclórica su declaración. La asistencia de muchos parlamentarios no obedece a esos criterios.

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¿Qué tanta influencia tuvo en su vida política el exministro Fabio Valencia Cossio?

Yo inicié mi carrera al lado de J. Emilio Valderrama y él me ayudó para que estudiara derecho. En medio de mi carrera, él fallece en un trágico accidente. El conservatismo de Antioquia se dividió entonces en tres facciones, entre ellas, la Fuerza Progresista del Coraje, en cabeza de Valencia Cossio y Benjamín Higuita Rivera.

Benjamín era mi amigo y mi padrino para muchas situaciones, entonces decido hacer parte de ese equipo. Desde entonces, empiezo a tener una serie de oportunidades políticas, administrativas y corporativas, como mi paso por la Asamblea. Valencia Cossio sí fue mi jefe político durante muchos años, hasta 2007. Salimos en buenos términos, somos amigos.

¿Qué relación tuvo usted con el clan Suárez Mira?

Cuando yo decido ser congresista en 2010, Coraje desmeritó mi alternativa, porque tenían a otras personas. Por ello, decido irme al equipo de Óscar Suárez Mira, que en ese momento era senador. Él era mi compañero de universidad, no era mi jefe político, era mi amigo y me tendió la mano.

Logré el escaño teniendo como compañera de fórmula a su hermana, Olga Suárez, que venía de ser alcaldesa del municipio de Bello. En 2014 repetimos la fórmula y en 2018, al intentar volver a hacerla, ella se hunde y yo paso como representante. A partir de esa elección, me declaro independiente y montó un movimiento propio que se denomina Consenso (Conservadores con Sentido Social), en el que trabajo con muchos amigos, pero sin jefaturas políticas.

Guardo agradecimiento con todos, no me arrepiento de haber estado en ningún movimiento, pero hay unas situaciones que en el camino se van presentando y permiten independencia.

¿No se arrepiente de haber militado con un condenado por parapolítica y prófugo de la justicia?

El delito de amistad no existe y mientras Óscar sea mi amigo, porque era mi compañero de universidad, será él quien deba responder a las autoridades. Aspiro y espero que salga bien de todas esas circunstancias. No soy juez, ni fiscal para condenarlo.

Que Olga Suárez se haya quemado y usted quedara sin representación en el Senado, ¿es una ventaja?

No tener fórmula tiene pros y contras. Trabajé muy bien con ella los dos periodos y muy duro para que fuera senadora, pero hay otras realidades. Sin tener el senador hay que buscar espacios propios para tener vigencia política y poder llevar recursos y ayudas a las regiones que uno presenta.

¿De dónde nace su grupo Consenso?

Olga Suárez tenía dos cámaras en su aspiración: Horacio Gallón y Germán Blanco. Cuando ella no sale, ni sale Gallón, él decide demandar mi curul. Ese tipo de situaciones no son cómodas al interior de los equipos políticos, porque me tocaba defenderme de quienes supuestamente hacían equipo conmigo. Pero parte de esas circunstancias matizaron que nosotros ejerciéramos la política independiente. Ya no somos equipo, pero la amistad no se pierde, porque es un valor profundo.

¿Y tiene influencia en la Gobernación de Antioquia? Se lo pregunto por su esposa, hoy secretaria de Salud...

Mi esposa (Lina Bustamante) es una mujer muy brillante, que no necesita de la política para ocupar dignidades. Siempre estuvo en el sector privado, gerenciando entidades de salud nacional. Ella es amiga de Aníbal Gaviria, él le pidió que le ayudara en la organización de su programa de gobierno en salud y cuando salió elegido, le pidió que hiciera parte de su equipo.

El gobernador no me llamó a mí, sino que le pidió a ella que lo acompañara para organizar la red de prestación de servicios hospitalarios por su experiencia y conocimiento. Ella decide hacerlo por un tiempo, con la suerte que estando en el ejercicio del cargo se desata la contingencia del COVID-19 y le toca meterse de lleno en la emergencia.

Usted llegó a la presidencia de la Cámara superando una disidencia en su propio partido, que quería otro candidato en lugar de usted. ¿Cómo están las relaciones al interior de las toldas azules?

Hace dos años los acuerdos determinaron que a nosotros nos correspondía en 2020 la presidencia de la Cámara. Dos personas queríamos ser presidentes, Felipe Lozada y yo. Pero luego Lozada declina públicamente en una sesión plenaria y hace una adhesión pública a mi postulación. Eso, entendido en política partidista, me dejaba como el candidato único a la presidencia. Pero 15 días antes de elecciones, surge el comentario de una aspiración adicional, que rompía los acuerdos y la seriedad de estos, que recaía en Armando Zabaraín, amigo de todos nosotros y mi compañero hace 10 años.

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Hice saber de esto a la bancada, que se disgustó, pero la situación se mantuvo en observación hasta que los medios lo registraron. Ello motivó a que algunos compañeros redactaran una carta respaldándome y decidieron rotarla para su firma. Había 17 de 20 firmas de los miembros de la bancada.

Luego, llamé a Armando Zabaraín y como amigo le dije que era mejor siempre una salida decorosa, a una derrota estruendosa. Después, llamé a los dos representantes antioqueños, cuyos jefes políticos venían motivando la aspiración de Zabaraín. Al final, terminaron firmando la carta.

¿Qué le dijo el representante Zabaraín, de dónde salió su aspiración?

Siento que él quiso hacer un ejercicio motivado tal vez por la inducción que le podrían estar haciendo los dos senadores antioqueños: Juan Diego Gómez y Carlos Andrés Trujillo, pero las cosas no pasaron a mayores. Siempre he dicho que en política no hay que tener retrovisor y que hay que construir en conjunto. Por eso llamé a los parlamentarios de Cámara, con quienes guardo la mejor relación. La explicación de dónde salió esa aspiración la tendrán que dar los senadores.

¿Hay división o roce regional con estos senadores?

No lo ha habido nunca, no he tenido discusiones ni problemas con ellos. Sigo pensando que son situaciones políticas. Lo que pasa es que todos los partidos tienen matices, sin que eso signifique enemistades profundas o problemas.

¿Qué tan cercano es al exprocurador Alejandro Ordóñez?

Los extremismos en política y en los partidos no son beneficiosos. Las posiciones deben ser racionales y lógicas. Yo soy provida y esa condición no la podré esconder nunca, porque hace parte de mis convicciones y de mi forma de ser. Soy amigo del exprocurador, con quien no hablo hace mucho tiempo.

No hay una amistad profunda, hay un respeto y una consideración. Él tiene unas ideas muy arraigadas, algunas de las que comparto y otras no, pero eso no nos aleja. No comparto por ejemplo la tauromaquia. En todo caso, siento que hizo cosas buenas también por el país, más allá de las críticas.

Pero hay otras ideas a las que se opone el procurador, como la unión de parejas del mismo sexo, ¿lo comparte?

Soy conservador y pregono y aplico las prácticas de mi partido. Sé que los tiempos modernos obligan a situaciones modernas y hay que tener puntos intermedios para esas circunstancias. A ello me refiero cuando digo que los radicalismos no son buenos.

jgonzalez@elespectador.com

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