"Nunca ofrecí cargos a nadie"

A las puertas de que la Corte resuelva su caso, sostiene que el proyecto de la reelección nunca estuvo hundido, que la Fiscalía ni mencionó a los testigos en su favor y que detesta el clientelismo.

El exministro Sabas Pretelt de la Vega durante sus actuaciones en el gobierno de Álvaro Uribe. / Óscar Pérez - El Espectador

Hace nueve años se aprobó en el Congreso la reforma que autorizó la reelección presidencial. Tiempo después, el trámite de esa iniciativa dio pie al escándalo judicial de la llamada Yidispolítica. Por recibir prebendas a cambio de su voto en favor del proyecto, en 2008 fue condenada por cohecho la excongresista santandereana Yidis Medina. Sin embargo, han transcurrido cinco años sin que la justicia penal concluya si hubo responsabilidades de funcionarios del gobierno Uribe en los hechos por los que fue sentenciada la dirigente política.

Uno de los acusados fue el exministro del Interior, Sabas Pretelt de La Vega, hoy a las puertas de que la Corte Suprema de Justicia decida si incurrió en delitos. Después de un largo silencio ante los medios de comunicación, el exfuncionario habló con El Espectador. Defendió su gestión en el gobierno Uribe, fustigó a aquellos medios que han querido ver ministros “en la hoguera de la inquisición”, formuló reparos a la actuación de la Fiscalía General, y aseguró que, una y otra vez, Yidis Medina ha dicho que él nunca le hizo ofrecimientos.

 

En el proceso de la Yidispolítica sólo ha sido condenada la persona que, según ella misma, recibió prebendas burocráticas por votar el proyecto de la reelección presidencial. ¿Usted cree que sólo ella debe ser condenada?

Me ha dolido mucho la posición de algunos medios que en el fondo están ansiosos de lograr noticias vistosas y de ver ministros en la hoguera de la inquisición. A veces no investigan a fondo la verdad de los hechos y eliminan la presunción de inocencia. Yo creo que Yidis Medina no se autoincriminó. Cuando la Corte la detuvo por el tema de unos puestos, ella consiguió, sin controversia, con la asesoría de Ramón Ballesteros, sentencia anticipada, reducción de la pena y casa por cárcel. Lo que se ha impuesto en Colombia es el sistema perverso de acusar a diestra y siniestra para conseguir ventajas judiciales. Pero no estoy en el plan de atacar a Yidis Medina. Le perdono todo el daño que me ha hecho y rezo por ella para que supere, por su bien y el de sus hijos, la etapa delicuencial que ella misma reconoció haber vivido durante años.

 

Cuando la Corte condenó a Yidis Medina sostuvo que el gobierno Uribe usó procedimientos “mezquinos y burocráticos para torcer la democracia”. ¿Usted qué piensa?

La etapa de enfrentamientos y de descalificación verbal ha hecho mucho daño a la democracia y a las distintas ramas del Estado. A nivel mundial, nunca una sentencia contra una persona, que no fue controvertida en su momento, se puede invocar para sentenciar a terceros que ni siquiera tuvieron la opción de ser escuchados ante afirmaciones infundadas. Por lo que usted anota y por ese tipo de afirmaciones, la Sala Penal de la Corte, obrando con rectitud, se declaró impedida y nombró una sala de conjueces que adelanta nuestro juicio. Fue la única instancia judicial donde pude contrainterrogar a la señora Yidis y demostrar mi total inocencia.

 

El expresidente Uribe manifestó el día de la sentencia de Yidis que la Corte tenía magistrados "nostálgicos del terrorismo". ¿Se le fue la mano a su exjefe?

Nunca me enteré de esa afirmación, pero ya le dije mi opinión sobre las descalificaciones verbales en Colombia. Solo piense usted en la cantidad de barbaridades que he soportado y lo que han dicho en contra mía por el simple hecho de haber sido ministro de Álvaro Uribe. Imagínese lo que a todo nivel se han inventado contra el expresidente.

 

Yidis Medina escribió que el día de la votación del proyecto, cuando supuestamente usted y el ministro Palacio trataban de convencerla de que votara por la reelección, se encerraron en la oficina del Congreso y, según ella, cuando quiso ir al baño ustedes lo evitaron porque podía hablar con los medios, por lo que tuvo que orinar en una matera. ¿Ese episodio fue real o es mentira de Yidis?

La pregunta en sí es equivocada porque a esa oficina, 512 del Congreso, entonces de Iván Díaz Mateus, principal de la exparlamentaria, yo solo asistí cuando, estando en el Congreso, me llamaron para pedirme protección porque a Yidis Medina la estaban amenazando por haber dicho que iba a votar a favor de la reelección. Estuve corto tiempo en la oficina y le dejé a Yidis dos de mis escoltas porque ella tenía temor de andar sola y consta en los controles policiales que esa misma noche estuvo la Policía en su casa de Barrancabermeja, ciudad de donde provenían las amenazas. No tiene sentido afirmar que fui a esa oficina a convencerla de que votara si precisamente ella estaba afirmando que iba a dar su apoyo al proyecto y por eso la amezaron.

 

¿Y lo del libro y la orinada en la matera?

Me pregunto por qué nunca he oído o leído en los medios un análisis en el sentido de que Yidis Medina en su libro me excluyó de cualquier ofrecimiento para que votara. Ella hubiese podido acusarme y no lo hizo porque es consciente de que yo nunca le hice ofrecimientos. Pero eso no le interesa a nadie. En cuanto a lo de la orinada, esas oficinas tienen una salita y aparte un despacho, donde probablemente hizo su trascendental micción. Con mi espíritu cartagenero, si la hubiese visto, me hubiera muerto de la risa y le hubiera pedido permiso para tomarle una foto, y mostrarla explicando lo extraña que fue mi vida como ministro.


Hace varios años, el expresidente Uribe, en declaración a la Comisión de Acusación, dijo que no se podía criminalizar "la participación política", en referencia a que esa era una cosa y la otra el soborno a un parlamentario. ¿Puede usted explicar la diferencia?

No me cabe duda de que Yidis Medina, después de aprobada la reelección en primera vuelta, acudió a muchas oficinas del Estado, especialmente en Santander, contando historias, solicitando participación política y diciendo que se la debían dar porque ella apoyaba al Gobierno. Ella misma reconoció que era muy hábil recomendando gente para distintos puestos. Creo que por lo anterior ella iba, ya no siendo parlamentaria, a ministerios y oficinas en búsqueda de cargos para la gente de su grupo político. Pero yo nunca le ofrecí ni oí que le hubiesen ofrecido un solo cargo para que votara la reelección presidencial.

 

El 2 de junio de 2004, el proyecto de reelección estaba hundido y en dos días cambió. La Corte estableció que el voto de Yidis Medina y la ausencia de Teodolindo Avendaño fueron fundamentales. ¿Los compró el gobierno Uribe?

Con todo respeto esa es otra pregunta totalmente equivocada. La reelección nunca estuvo hundida. Las votaciones fueron de amplísima mayoría en favor de la reforma. Por ejemplo, en primera vuelta, en la Comisión Primera del Senado, votaron a favor el 87% de los asistentes. En la plenaria de la Cámara votó el 93% a favor. En la Comisión Primera de la Cámara, donde estuvo Yidis Medina, la votación por el articulado fue del 65% a favor. El único momento que tanto se menciona fue cuando se presentó una proposición de archivo dizque por vicios de inconstitucionalidad, que no prosperó. Se negó por el 53% de los representantes presentes. Si Yidis hubiera votado distinto a cmo lo hizo, tampoco se hubiera aprobado la proposición. Lo escribió incluso el entonces procurador Edgardo Maya.

 

¿Entonces cómo fue el trámite del proyecto?

Con gran transparencia. Basta decir que, siendo un proyecto de sólo cinco artículos, se realizaron 333 votaciones, pues se presentaron muchas proposiciones para entorpecer su aprobación, en lo que se conoce como filibusterismo parlamentario. Nunca en la historia de un proyecto en el Congreso ha habido tantos discursos, especialmente de la oposición. En las actas se comprobó que intervinieron 189 congresistas en casi 30 sesiones, sin contar las audiencias públicas, y se pronunciaron 1.751 discursos. Lo triste es que se le ha vendido a la opinión una novela irreal que dice que la reelección se aprobó en una “noche misteriosa”. Pero contrario a lo que se afirma, se transmitió por televisión.

 

¿Cuál fue su participación en el nombramiento de los notarios y del amigo de Yidis Medina, César Guzmán?

Sobre esto se hizo claridad antes y durante el juicio. Cuando le pregunté a César Guzmán en la Procuraduría si yo le había ofrecido un cargo, contestó: 1) Que era la primera vez que hablaba conmigo porque nunca me había conocido. 2) Que él había hecho, por insinuación de la señora Medina, el trámite directamente en la Secretaría General del Ministerio para un cargo menor y que renunció porque el sueldo era muy pequeño, y que yo nunca estuve al tanto de esa gestión. En el juicio, Yidis Medina, ante todos los magistrados, repitió varias veces que yo no le ofrecí cargos, ni para el señor Guzmán ni para notarios. Que mi participación se limitó a lo propio de un ministro, es decir, firmar decretos, un año y medio después de haberse votado la reelección. Y reiteró al mismo presidente de la Sala Penal que Sabas Pretelt no le hizo ofrecimientos de ninguna clase. Lo triste es que, ante semejante claridad, la Fiscalía no hubiese pedido de inmediato mi preclusión, como lo había propuesto el fiscal general (e) Guillermo Mendoza. ¡Ay, Dios mío!

 

¿Cómo ha sentido a la Corte?

Como es lógico, después de los interrogatorios durante el juicio, sentí gran tranquilidad espiritual porque volvió a quedar muy claro ante la Corte que yo jamás hice ningún ofrecimiento indebido para que se votara el proyecto de reelección. Ya solo esperamos el fallo absolutorio de la Corte Suprema.


¿Y si está tan seguro, por qué ha guardado tanto silencio?

He obrado con toda discreción y respeto, especialmente por la Corte Suprema. Durante el juicio que terminó recientemente en todas la audiencias los medios amablemente nos requerían para responder cuestionarios y siempre me excusé. Mi aspiración siempre ha sido que mi inocencia no solo sea ante la opinión pública sino que la declare la Corte ante las pruebas tan contundentes.

¿Qué dijo en su juicio Yidis Medina?

Como hubo transmisión de televisión, ya no tengo ninguna reserva para destacar que en el juicio personalmente le pregunté a Yidis Medina si yo le había hecho algún ofrecimiento antes, durante o después de la votación en el Congreso. Ella repitió lo que dijo en la Fiscalía y en la Procuraduría, que yo no hice ofrecimientos. Dijo que sólo cumplí órdenes posteriores y se aclaró que eso fue en el 2005, un año después de la votación en el Congreso, y que yo no le ofrecí nada indebido en el 2004. No quedó duda de que yo no incurrí en el supuesto cohecho por ofrecer. Incluso el presidente de la Sala Penal de la Corte le repitió varias veces a Yidis Medina la misma pregunta y ella reiteró que yo no participé en ningún ofrecimiento.

 

Hubo otros testimonios, ¿qué dijeron?

Durante el proceso hubo más de 50 testimonios y todos, sin excepción, fueron a mi favor. Por ejemplo, decenas de parlamentarios, especialmente líderes de la oposición al gobierno Uribe, dijeron que nunca supieron de ofrecimientos de mi parte a ninguno de ellos, incluyendo a Yidis o a Teodolindo. Ha sido muy doloroso ver que no fueron siquiera mencionados, o contrastados, por la Fiscalía.

 

En otro proceso, el exsuperintendente Manuel Cuello Baute denunció a varios parlamentarios por candidatizar a notarios, pero la Corte lo absolvió. ¿Cómo fue la participación de él en su caso?

El exsuperintendente Manuel Cuello Baute contestó en la Corte que nunca supo ni le consta de ofrecimientos de notarías de mi parte para que Yidis o Teodolindo votaran la reelección. Fueron numerosas preguntas y el doctor Cuello recalcó siempre no conocer ninguna actitud indebida de mi parte para que estos parlamentarios votaran a favor de la reelección en el Congreso.

 

¿Tuvo algo que ver con la designación de los abogados Álvaro Montoya y Clara María González como abogados de la excongresista Yidis Medina? Yidis asegura que ellos fueron puestos por el Gobierno para defenderla cuando la acusaron de haber volteado su voto.

En distintos escenarios se comprobó que no es cierto que el gobierno Uribe le haya pagado ni un peso a los abogados que ustedes mencionan. No tuve la más mínima participación en ese tema. Le recuerdo que yo y decenas de personas también estábamos siendo investigados en ese momento.

 

Si la señora Yidis Medina es "una mentirosa redomada", como la ha calificado el expresidente Uribe, ¿por qué se utilizó todo el aparato de inteligencia del gobierno para desacreditarla?

Ni ustedes mismos se creen el cuento de que se utilizó todo el aparato del Estado en contra de ella. Además yo estaba en Italia y no me consta nada sobre semejante afirmación.

 

¿Usted cree que la Corte Suprema, la misma que fue chuzada y espiada por el gobierno Uribe a través del DAS, la misma cuyos magistrados fueron seguidos y su vida personal husmeada, va a concluir que usted es inocente?

Esa no es una pregunta, es una condena contra unos funcionarios que empezaron a ser absueltos por la justicia, como es el caso del doctor Aranguren. Pero sí quiero resaltar que, en mi caso personal, nadie ha hecho la más mínima insinuación de que yo tuve algo que ver con las supuestas chuzadas. Le reitero además que cuando sucedió todo eso yo estaba como embajador fuera del país y ejercía con mucho honor la presidencia de la organización humanitaria más grande del mundo, el Programa Mundial de Alimentos. También quiero destacar que en un país con una justicia imparcial, sin afán de venganza y que obra en derecho, esa pregunta no se debería formular.

 

Usted era un exitoso representante de los gremios en Colombia hasta que le dio por meterse al gabinete de Uribe, ¿se arrepiente?

En las encuestas sobre los ministros, aparecí en primer lugar, pero no solo por el éxito en el Congreso sino por la gestión en general como ministro del Interior y de Justicia. Precisamente por eso me enfilaron toda la batería pesada y empezaron los injustsos ataques y yo lo único que deseaba era irme al exterior para estar cerca de mis hijos y nietos. El presidente Uribe nos preguntó si queríamos continuar como ministros y fui de los pocos que dije: no gracias, presidente, ya presté el servicio al país. Es que batí varios récords: tres años en ese ministerio tan complicado, financiación completa para construir cárceles y acabar el hacinamiento de aquel entonces, extradiciones, números de leyes y de actos legislativos, apoyo económico a la rama judicial, concertación con las minorías, buenas relaciones con la oposición, etc. Es conveniente que en los ministerios, e incluyo el de Justicia, haya buena administración y no fábrica de leyes, de códigos y de discursos. Dejo constancia que admiro y aplaudo a mis sucesores.

 

 

¿Pero no se arrepiente de haber aceptado el Ministerio?

No, porque creo que cumplí bien la tarea. Lo que sí me lleva es a reflexionar sobre quién del sector privado, que no tenga aspiraciones políticas, va a querer prestar un servicio en la administración pública cuando le inventan toda clase de infamias. Y si no encuentra rectitud a toda prueba en los órganos de control y en la justicia, se lo lleva el mismísimo diablo. Por eso estoy hoy pegado a Dios y a la Sala Penal de la Corte para que brote en medio de la infamia mi inocencia.

 

Alguien del otro lado, es decir, del lado del entonces gobierno Uribe, tendrá que pagar judicialmente por el caso de la yidispolítica. ¿Puede ser usted esa cuota?

Esa pregunta no se debe hacer en un país donde exista justicia imparcial y pulcra.


¿Usted cree, como dice Uribe, que lo que sucedió es porque así se ha hecho política siempre en Colombia?

El presidente Uribe lo que dijo es que los gobiernos de todo el mundo dan representación política a quienes creen en su programa. Ningún Presidente va a gobernar y a nombrar un miembro activo de la guerrila, a un terrorista o a un enemigo que esté en contra de su plan de desarrollo. Él nunca dijo que haya que entregar puestos por votos en el Congreso ni nada que se le parezca. Yo personalmente detesto el clientelismo.

 

¿Qué reflexión tiene hoy al comprobar que el proceso de paz con los grupos paramilitares terminó en fracaso, o al menos sin resultados esperados?

La gente se acostumbró a criticar la ley de justicia y paz sin conocerla. Más de 50 de los 70 artículos son dedicados a las víctimas. No hay un sólo artículo en esa Ley que no le hiciese bien al país. La parte de los tribunales de justicia y paz y el funcionamiento que tendría la Fiscalía fue preparada por personas enviadas para tal efecto por la rama y por la misma Fiscalía. Cerca de 50.000 personas que se decían integrantes de los grupos al margen de la ley se desmovilizaron, entre ellos muchos guerrilleros. Se han encontrado miles de cadáveres que se han devuelto a sus acongojados familiares e incautado numerosos bienes ilícitos. Ahora, si algunos siguieron delinquiendo se hicieron daño a sí mismos y generaron mal ejemplo a gentes que derivaron hacia grupos criminales. Cómo han funcionado los tribunales y los fiscales, no lo sé, ese es un asunto propio de la justicia colombiana como un todo. Creo que se ha debido extender en el tiempo la ley haciéndole los ajustes que Gobierno y Congreso consideraran necesarios después de las conversaciones de La Habana, y no acudir al manido y absurdo expediente colombiano, en el que tanto nos hemos equivocado todos, de expedir nuevas leyes y hacer nuevas reformas constitucionales.

 

¿Qué piensa del proceso de paz que hoy adelanta el gobierno Santos en La Habana?

Pertenezco al grupo que apoya al presidente Juan Manuel Santos en su negociación política para terminar la guerra. Lo que me llamó la atención es que con la experiencia, para bien o para mal, que teníamos los colombianos, se hayan cometido delicados errores en el proceso. Un grupo alzado en armas acepta negociar solo porque es consciente de que con su acción criminal ya no va para ninguna parte y que nunca llegará al poder por medio del terrorismo. Entonces debe aparecer la amplia generosidad de la sociedad y del Estado, pero no al punto de montar tribuna ilimitada para fortalecer nacional e internacionalmente otra vez a quien ya estaba dispuesto a acoger el estado de derecho. Las ruedas de prensa se han debido pactar conjuntas y con limitaciones al tema concreto. Hoy ante la opinión pública mundial tienen el mismo nivel de legalidad los unos y los otros. Pero el Gobierno designó negociadores que merecen respeto y solidaridad por tan ingrata tarea.