'Nunca olvidaré de dónde vengo y para dónde voy'

El vicepresidente de la República responde a quienes lo acusan de populista y de estar preparando desde su cargo la campaña a la Presidencia en 2014.

El vicepresidente Angelino Garzón ha sido el gran protagonista político de las últimas dos semanas. Primero fueron sus declaraciones poniendo en tela de juicio el parámetro propuesto por asesores de Planeación Nacional para medir el índice de pobreza (ganarse más de $190.000 pesos). El fin de semana pasado, en plena reunión con líderes sindicales en Cali, un representante de los corteros de caña fue detenido en frente suyo por dos agentes del DAS, en un episodio sobre el cual sigue pidiendo explicaciones.

Y aunque ahora se le ve pausado en sus opiniones, el jueves pasado calentó el debate por el salario mínimo para el próximo año, al sugerir que el incremento se haga por encima del índice de inflación. Por todo eso, hay quienes lo tildan de ‘populista’ y lo acusan de estar en campaña para una eventual candidatura presidencial en 2014. De esto y de otros temas polémicos habló con El Espectador.

¿Cómo están sus relaciones con el presidente Santos?

Siempre han sido buenas, cálidas y fraternales. Hoy estamos más unidos que nunca.

¿En qué quedó lo de su agarrón con la gente de Planeación Nacional?

Nunca hubo agarrón. Lo que hay son apreciaciones y lo claro es que entre el presidente Santos, el director de Planeación, el vicepresidente y todo el Gobierno existen coincidencias sobre algo fundamental: que en Colombia hay unos niveles de pobreza muy altos y que todos los esfuerzos deben orientarse a disminuirla. En una democracia lo que hay que repartir es la riqueza no la pobreza.

Claro que usted dijo que si era el caso, se iba con su cargo para la casa…

Es que la Constitución, de la cual soy coautor, es muy clara: el vicepresidente remplaza al presidente en faltas temporales o absolutas y él le define funciones o puede tomar la decisión de quitárselas. Y yo tengo que moverme de acuerdo a la Constitución.

O sea que no puede destituirlo…

No puede.

Lo que significa que el cargo es suyo…

Al cargo se llega por voto popular y el vicepresidente puede renunciar, pero tendrían que haber motivos muy grandes para hacerlo. Mientras tanto, lo que el pueblo mandó fue que Juan Manuel Santos fuera presidente y jefe del Gobierno, y que yo fuera su vicepresidente.

¿Sigue pensando que ganarse $190.000 no es ser pobre?

Pregúntenle a cualquier trabajador que se gane el mínimo si con ese salario puede vivir.

¿No se molestarán de nuevo con usted al oírle hablar del salario mínimo?

Lo que he dicho es que se debería hacer un esfuerzo de concertación entre empresarios, trabajadores y Gobierno para definir el salario, y que el incremento debería estar por encima de la inflación. Las utilidades de las empresas han sido altas y la economía del país ha crecido por encima del 5%. Es apenas natural que si a las empresas y a la economía les está yendo bien, les vaya bien a los trabajadores.

¿No es por ese tipo de posiciones que la clase empresarial lo mira mal?

Tengo muy buenas relaciones con el sector empresarial. No hay un solo empresario en Colombia que me pueda decir que no le he colaborado en los cargos en que he estado. Ahora, tengo una concepción democrática y es que si al empresario le va bien es a penas natural que a los trabajadores les vaya bien.

¿Qué le responde a los que lo acusan de estar haciendo populismo?

Soy respetuoso de las personas que hacen críticas y del derecho a pensar y opinar. Creo que trabajar porque al conjunto de la sociedad le vaya mejor, más que una postura populista es una postura democrática. El bienestar no se construye redistribuyendo miseria y pobreza, ni quitándole a unos pobres para darles a otros pobres. El bienestar se construye redistribuyendo riqueza, y los que se han beneficiado con ella tienen que dar más. La mejor seguridad y el mejor clima de tranquilidad para los ricos es el bienestar de los pobres.

¿Y a los que dicen que usted está en campaña para la presidencia de 2014?

Eso es un embuste y una manera de deformar un debate de ideas y opiniones políticas.

Hasta le han dicho que es el jefe de la oposición...

Yo soy del Gobierno. Los jefes de la oposición son los directores de los partidos de la oposición.

¿Cree que las críticas son producto del ‘clasismo’ que existe en la política?

No, lo que pasa es que aquí tenemos que estimular el debate sobre la democracia, el debate tranquilo y sereno pero franco. El tema no radica en que Juan Manuel Santos piense igual a Angelino o al revés, o que neguemos la diferencia de orígenes sociales y políticos. El mensaje que enviamos a todo el país cuando hicimos fórmula electoral fue el de la unidad en la diferencia.

A propósito del incidente del pasado fin de semana con dos agentes del DAS, ¿cree que lo están vigilando?

No, pero sigo sin entender el comportamiento de esos dos funcionarios. En Colombia no se puede detener a una persona por sospecha y me parece muy extraño. Lo negativo de todo esto es que el comportamiento de esos dos agentes contribuye a debilitar la credibilidad en las instituciones del Estado.

¿Usted se siente avalado por el Partido de la U?

Fue público que yo iba en el tarjetón con el logo de la U, aunque políticamente no me siento su militante. Lo mío fue un acuerdo personal con Juan Manuel Santos.

Juan Lozano, presidente de la U, dijo que usted tenía que obrar con responsabilidad…

Dado que el doctor Juan Lozano ha planteado que podría haber una contradicción entre el tema político y jurídico, hemos acordado sentarnos a conversar.

Por cierto, ¿qué es el Centro Independiente, el movimiento con el que dicen que usted hace política?

Es una corriente de opinión de la cual hacen parte liberales, conservadores, del Polo Democrático, la U, Cambio Radical e independientes. Fue creada el 12 de marzo de 2010, antes de inscribir la candidatura de Juan Manuel Santos y mía, para tener una expresión de opinión política en la campaña. Ha sido liderada por Julio Roberto Gómez y, entre otras cosas, sería interesante que comenzara a tener un diálogo con la U, dentro de la perspectiva de un proyecto político mucho más grande.

Es decir que tiene intereses políticos…

No, es una corriente de opinión.

¿Pero acaso Centro Independiente no estaba apoyando la candidatura de Argemiro Cortés a la Alcaldía de Cali?

No puedo hablar de campañas.

¿Muchos se preguntan cómo alguien pasa de la Unión Patriótica a embajador de Uribe y vicepresidente de Santos?

Eso no fue de un día para otro. Fui vicepresidente de la Unión Patriótica hasta 1990, cuando era militante del Partido Comunista. Luego respaldé el proceso de paz del M-19 con el gobierno de Virgilio Barco, lo que conllevó a crear la Alianza Democrática M-19, de la cual fui vicepresidente hasta 1994. Fui miembro de la Constituyente y ministro de Trabajo del presidente Pastrana, por quien no voté. Siendo gobernador del Valle me entendí muy bien con el presidente Uribe, por quien no voté ni en la primera ni en la segunda elección. Él tomó la decisión de nombrarme embajador ante la ONU y después Juan Manuel Santos, en un acto de generosidad, me ofreció ser su fórmula vicepresidencial. Y aquí estoy.

Precisamente por eso es que dicen que usted traicionó al sector político que lo vio nacer...

No soy militante del Partido Comunista ni de la Unión Patriótica desde 1990. Ahora, lo que sí quiero decir es que los ideales con los cuales me formé —los de un hogar humilde, los del movimiento sindical y los de la izquierda—, los sigo manteniendo con firmeza y por ellos seguiré luchando. Por eso me dicen populista, porque digo que nunca me olvidaré de dónde vengo y para dónde voy.

¿Dónde quedan esos ideales al aceptar ser embajador de un gobierno que, como el de Uribe, ha sido calificado de derecha?

A usted no lo definen los rótulos. Las personas pueden ponerse todos los rótulos y ser contrarias a ellos. Los ideales los define la historia de vida y no hay un trabajador ni una persona humilde que pueda decirme que yo haya actuado en contra de los míos en los cargos que he tenido.

Porque dicen que usted se apoderó de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación…

No es que yo me haya apoderado sino que la ley dice que esa entidad está en cabeza del vicepresidente. A decir verdad, creo que la ley se extralimitó porque el único que le puede definir funciones al vicepresidente es el presidente, pero esa ley fue aprobada en el gobierno anterior.

¿Es verdad que usted quiere colocar a Julio Roberto Gómez como ministro de Trabajo?

Las funciones a nivel de personal son del presidente y en eso no me meto. Nunca le he sugerido a una persona para algún cargo, ni lo haré.

Uno ve cada día protestas por todos lados: en Campo Rubiales, en Tarazá, con los indígenas, en el Chocó. ¿Es una sensación o la inconformidad social está creciendo?

El presidente ha hablado de que los esfuerzos del país están dirigidos al crecimiento económico y a reducir la pobreza. Hemos hablado de la importancia de crear empleos decentes y tener salarios justos, de que necesitamos luchar contra la violencia, de la importancia del diálogo social, de los derechos humanos y de ampliar el desarrollo de la democracia. Todo eso crea más conciencia y hace que la gente comience a reclamar sus derechos. Lo que tenemos que encontrar es que esos reclamos no terminen en hechos de violencia sino en espacios de diálogo y construcción de acuerdos.

El tema de la paz y el ‘boom’ petrolero y minero

Hace rato corre el rumor de que se están buscando acercamientos con la guerrilla, ¿es verdad?

No es cierto. El presidente ha sido muy claro con los colombianos y ha reiterado que los temas de la paz están en cabeza de él y que no delega esa responsabilidad en nadie. Y ha dicho que las puertas del diálogo no están cerradas, pero con condiciones: liberación de secuestrados, cese del terrorismo y no más minas antipersona.

Ahora que viene el boom petrolero y minero, y que estas actividades han despertado un descontento social, ¿cuál es su posición?

Hay una política del Estado colombiano de estimular la inversión extranjera. El Gobierno tiene que darles garantías jurídicas, administrativas y políticas a las empresas extranjeras y tiene que contribuir para que sean productivas, competitivas y generen utilidades. Y también tiene que exigirles deberes de pedirles tributos, desarrollar políticas de responsabilidad social y ambiental, así como de respeto a los derechos laborales de los trabajadores, como la asociación sindical y la negociación colectiva. No se trata de que prospere la ley de la selva, sino de construir un país mejor.