"Con o sin Farc, el narcotráfico seguirá vivito y coleando"

El historiador, pionero en América Latina del estudio del narcotráfico, habló sobre los mitos y las verdades a medias de los orígenes del fenómeno en el país, incluido el papel de las Farc, y las perspectivas a futuro.

El profesor Eduardo Sáenz Rovner habló para El Espectador sobre las apologías y excusas que aún circulan en el país respecto a las causas y los orígenes del narcotráfico. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Para algunos podría haber sido un giro de 180 grados, pero para el historiador Eduardo Sáenz Rovner, investigar a los capos de la droga y sus redes después de haber estudiado a las élites empresariales y sus gremios fue apenas una movida lateral. Es posible que esa naturalidad con la que transitó de lo uno a lo otro haya sido un reflejo de lo que vivió, hace décadas ya, en su natal Pereira, cuando muchos se volcaron de los negocios legales a los subterráneos con fluidez.

Con tres libros, innumerables artículos y traducciones al inglés, Eduardo Sáenz Rovner es reconocido como uno de los pioneros en América Latina de la historia del narcotráfico. Docente de la Universidad Nacional en Bogotá y profesor invitado de Harvard y UCLA, Sáenz Rovner ha escarbado archivos de gobierno, judiciales y policiales en Colombia, Estados Unidos y Cuba en busca de respuestas a una gran pregunta: ¿Por qué el país se convirtió en el gran centro de producción y exportación de drogas a Estados Unidos a partir de los 70? Interrogantes más personales también lo han guiado, como entender por qué casi todos sus amigos de infancia terminaron convertidos en estadísticas fatales del negocio de la droga.

Desde esta doble perspectiva, histórica y personal, Sáenz Rovner habló para El Espectador sobre las apologías y excusas que aún circulan en el país respecto a las causas y los orígenes del narcotráfico. Sus conclusiones apuntan a no evadir la responsabilidad colectiva de la sociedad colombiana en la consolidación de esta industria y a pensar de manera realista una salida a este fatal affaire.

El Espectador: Desde que el narcotráfico despuntó en los 70 hemos escuchado la teoría de que el país ha sido víctima de su posición geográfica privilegiada y de las mafias extranjeras que lo convirtieron en plataforma del tráfico. ¿Verdad o mito?

Eduardo Sáenz Rovner: Nunca he estado de acuerdo con esa idea. Mucho antes del boom de la marihuana, a finales de los 60 y comienzo de los 70, en Colombia ya existía narcotráfico. Desde los años 30 había cultivos de marihuana para el consumo doméstico en diferentes partes del país, y desde los 50 había redes de exportación de marihuana y de otras drogas más fuertes, como heroína y morfina. Mire el caso de un par de hermanos que fueron pioneros del narcotráfico a nivel internacional, dos personajes de la élite de Medellín, los hermanos Rafael y Tomás Herrán Olózaga. A finales de los años 30 tenían la Droguería Unión en Medellín, desde la que importaban opiáceos legales desde Europa para después desviarlos con fines ilegales. Estos hermanos estuvieron mucho tiempo en el narcotráfico, hasta que en el año 56 fueron sorprendidos en La Habana con unos kilos de heroína y capturados. Unos meses después fue destruido un laboratorio que tenían en El Poblado, en lo que eran las afueras de Medellín. Además de este caso había otras redes criminales desde mucho antes que la marihuana colombiana se pusiera de moda entre los estudiantes universitarios norteamericanos.

E.E.: A propósito, ¿verdad o mito que fueron los Cuerpos de Paz los que trajeron el negocio de la marihuana al país?

E.S.R.: Es cierto que hubo algunos miembros de los Cuerpos de Paz que se metieron en el negocio, pero eran una minoría y ya existían los cultivos de marihuana en la costa y también en el interior. En la costa se consumía en los puertos, por los marineros que llevaban sus hábitos. En los cañaduzales del Valle del Cauca los corteros la fumaban para hacer más llevadero un trabajo físicamente exigente y monótono, lo mismo hacían los trabajadores cafeteros en el Viejo Caldas. Y eso era antes de que llegaran los Cuerpos de Paz. Creo que todo esto es parte de una teoría exculpatoria en la que aparece Colombia como un país pasivo.

E.E.: ¿Y por qué eran la costa, el Eje Cafetero y el Valle los grandes focos de cultivos y consumo?

E.S.R.: No eran los únicos lugares. Bogotá para los años 60 era un centro importante de tráfico y consumo de drogas, desde donde se exportaba cocaína. En lo que se llamaban en esa época griles, o sea bares, en el centro de Bogotá, se vendían y consumían, y los dueños las exportaban a Estados Unidos. Y en todas las grandes ciudades había lo que se conocía en francés como habitués, o sea drogadictos. La geografía del comercio y el consumo es muy amplia y desde mucho antes de que los norteamericanos tuvieran que ver con la explosión de la demanda. La pregunta que me hago entonces es ¿por qué Colombia entra a suplir esa demanda y no cualquier otro país vecino con condiciones climáticas y geográficas similares?

E.E.: ¿Y qué se responde?

E.S.R.: Lo que encuentro es que en Colombia las estadísticas de criminalidad eran altas, es decir, la sociedad colombiana estaba acostumbrada a una serie de prácticas criminales que no se encontraban con la misma intensidad en otros países latinoamericanos. Por ejemplo, el secuestro. Muchos de los tipos que comenzaron a secuestrar desde los 60 terminaron después en el tráfico de drogas. Incluso he encontrado multinacionales colombianas en otros delitos. En los años 60, en Nueva York y Miami, eran conocidas entre los círculos de la Policía las bandas de carteristas colombianos. En Miami, en los años 60, había lo que se conoce hoy como apartamenteros, bandas organizadas que vaciaban casas, vendían la mercancía y se regresaban a Colombia. Entre tolerancia y falta de control sobre esas actividades se fue dando el caldo de cultivo para que ante el aumento de la demanda norteamericana el tráfico colombiano, que ya existía, explotase a finales de los 60 y comienzo de los 70.

E.E.: ¿Y cómo se explica esa criminalidad convertida en práctica social extendida?

E.S.R.: Cuando uno mira la violencia de los 40 y los 50, encuentra que en donde mayor intensidad tuvo fue en las zonas cafeteras del Viejo Caldas, norte del Valle y norte del Tolima, en donde la violencia liberal y conservadora fue utilizada como una forma de hacer negocios, de apropiarse de las fincas y parcelas de otros, o de las cosechas cafeteras. De ahí viene una herencia cultural de combinar negocios con violencia.

E.E.: ¿Pero eso no explica la tolerancia respecto al crimen y lo ilegal en un país tan católico como el nuestro?

E.S.R.: Es que no creo que la cuestión religiosa en Colombia haya logrado establecer unos límites éticos a lo que se puede y a lo que no se puede hacer.

E.E.: Pero, además de la tolerancia social, la criminalidad extendida y la violencia en los negocios tuvo que haber otras causas...

E.S.R.: Antes de los años 70 los principales traficantes de cocaína latinoamericanos eran los chilenos y los cubanos. Pero con la revolución del 59 se acabó lo que he llamado la “conexión cubana”, porque Fidel Castro, quien era sumamente moralista, reprimió muy fuerte. Él quería crear “el nuevo hombre cubano”, así lo decía, y ese nuevo hombre no tenía vicios. Como en la canción de Carlos Puebla, “llegó el comandante y mandó a parar”. Y después, con el golpe de Estado en Chile en el 73, Augusto Pinochet también persiguió a los narcotraficantes, porque consideraba ésta como una actividad inmoral y a manera de hacerle gestos a Estados Unidos. En ese momento los colombianos, que ya venían traficando, ocuparon ese nicho.

E.E.: ¿O sea que fueron las redes colombianas las que llenaron un vacío internacional?

E.S.R.: Claro, pero no fue una cuestión automática. Es que en la tal “guerra contra las drogas” los gobiernos que mejor la aplican son los dictatoriales, sean de izquierda o de derecha. En las sociedades liberales, y Colombia con todos sus problemas es una sociedad de economía y política liberal, lo mismo que Estados Unidos y Cuba antes de la Revolución, es casi imposible, por no decir imposible, erradicar el narcotráfico.

E.E.: ¿Pero no cree que si se logra que las Farc salgan del negocio el narcotráfico en el país se reduciría substancialmente?

E.S.R.: Como soy un fiel esclavo de los archivos y la información que ellos me dan, lo que puedo decir es que el narcotráfico se puede debilitar al sacar a uno de los actores claves. Pero así como se desmanteló la estructura militar de Pablo Escobar, que tuvo a Medellín y al Estado colombiano en jaque, así como también se desmontó la estructura de dominio que tenían los Rodríguez Orejuela y compañía en Cali, y el narcotráfico continuó, así igual habrá otros actores. Pueden ser guerrilleros desmovilizados que no conocen otro oficio o cualquier otro. Es que cuando se dice que las Farc son “el cartel de drogas más grande del mundo” nos quieren dar la impresión de que si las Farc no estuvieran dedicadas al narcotráfico el negocio en Colombia sería mínimo. Pero el narcotráfico es un sector muy abierto, en donde gente con algunos contactos, pequeños capitales, osadía y disposición puede entrar. Con o sin Farc, el narcotráfico seguirá vivito y coleando en muchas partes del país e irrigando la economía nacional. Además, no sé si habría una disminución de la violencia en la vida cotidiana. En Colombia la gente se mata por un celular y eso no tiene nada que ver con las Farc.

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