Óscar Iván Zuluaga divide al uribismo

En el Centro Democrático hay una creciente molestia con la dirección de la colectividad y hay quienes hablan de supuestos intereses personales.

Una creciente molestia contra el presidente del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, está generando una división en la colectividad, al punto que están pidiendo que el expresidente Álvaro Uribe Vélez intervenga o que se cite a la convención nacional para tomar decisiones sobre su continuidad.

Son varios los cuestionamientos que hacen cerca de la mitad de los parlamentarios de la colectividad, quienes entre otras cosas afirman que Zuluaga tomó pésimas decisiones en la reciente campaña de autoridades locales y regionales, lo cual derivó en malos resultados en las urnas. Además sostienen que entregó avales a candidatos que con seguridad iban a perder, pero eran sus amigos y le estaban ayudando a configurar la plataforma política para su segunda aspiración presidencial en 2018.

Este no es el único reclamo. También sostienen que en los concejos y asambleas está permitiendo que los candidatos elegidos por el Centro Democrático hagan acuerdos para escoger contralores y personeros a partir de acuerdos burocráticos, sin tener en cuenta las propuestas o programas de los aspirantes.

Antioquia, cuna del uribismo, es una de las regiones donde surgen estos enfrentamientos, pues allí es protagonista el exministro Fabio Valencia Cossio, aliado de Zuluaga y quien, señalan, está abonando el terreno político para su hijo, el representante Santiago Valencia. En contra están los “paolos”, como denominan a los congresistas Paola Holguín, Alfredo Ramos y Federico Hoyos, quienes han dicho que hay que hacer política con base en propuestas y no con clientelismo, como, dicen, hace Valencia Cossio.

Pero los “paolos” también son objeto de críticas. Un miembro del uribismo, que pidió la reserva de su nombre, señaló que “ellos estaban apoyando a Federico Gutiérrez para la Alcaldía de Medellín, por encima de Juan Carlos Vélez, y sacaron del camino a Liliana Rendón. Ahora pretenden que les sean nombrados sus amigos en la Alcaldía”, dando a entender que hablan de pulcritud política pero manejan su propia agenda, por encima de las decisiones del partido.

El asunto va más allá de una puja regional, y Zuluaga está en el centro. En todo el país hay quejas. Por ejemplo, en Cundinamarca, el senador Éder Bustamante definió las listas de asambleas, concejos y algunas alcaldías. Pero Zuluaga las reconfeccionó y el resultado en las urnas “fue un desastre”. No obstante, el director de la colectividad quedó con un capital político para elecciones.

En el Meta, región uribista, aseguran que Zuluaga impuso como candidato a Hernán Gómez y fue derrotado. En Cesar sostienen que el Centro Democrático pasó de los 32.000 votos que habían obtenido para la Cámara a 6.000, por cuenta de las malas decisiones del director del partido en el departamento, Faruk Urrutia, quien es amigo personal de Zuluaga. Y ejemplos como estos hay en todo el país. A muchos les preocupa que se esté haciendo política sobre bases burocráticas y un parlamentario del Centro Democrático recordó que “la U nació siendo uribista, hasta que conocieron el dulce sabor de la mermelada y ahora son santistas”.

No obstante, en el Centro Democrático señalan que Zuluaga es un tipo honesto, de buena fe, y que ha ganado reconocimiento, si bien señalan que queda mal que quien tiene intención de ser candidato a la Presidencia sea quien maneja las riendas del partido.

Las diferencias son claras, pero también hay voces que le apuestan a la construcción de una colectividad fuerte y unida, como el senador Iván Duque, quien sostiene que “somos un partido joven que debe ser muy riguroso con los principios que defiende. Si nosotros cuestionamos el clientelismo y la politiquería, debemos dar ejemplo”. O el representante Samuel Hoyos, quien cree que “Zuluaga, después de Uribe, es nuestra figura más visible, y aunque el partido se ha formado alrededor de la imagen del expresidente, su legado debe trascender”. Lo que sí piden todos es una convención para ordenar la casa.

Ramírez atiza el fuego entre los conservadores

Si por los lados del uribista Centro Democrático llueve, en el Partido Conservador no escampa. El pasado 14 de enero, el portal Las 2 Orillas habló de un distanciamiento entre el presidente del Directorio Nacional del partido, David Barguil, y la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez, aliados en el pasado pero hoy alejados por culpa del supuesto acercamiento de la colectividad a la Unidad Nacional, la coalición que respalda el gobierno Santos.

Esta tesis se ratifica con la carta que ayer la excandidata le envió a Barguil, en la que solicita convocar en el menor tiempo posible al Directorio, “con el fin de despejar las dudas y desinformación existente”.

En la misiva, Ramírez dice que espera que Barguil no esté de acuerdo con recientes decisiones del Gobierno (como la venta de Isagén, los vacíos que aún registra el proceso de paz con las Farc y la inminente negociación con el Eln, así como la crisis económica y el déficit que insiste en desestimar), ni con el ingreso a la Unidad Nacional.

En este sentido, le recuerda que cuando apoyó su elección a la presidencia del Directorio Nacional Conservador, se acordó “mantener un partido independiente y autónomo frente al Gobierno, apoyando patrióticamente todo lo que convenga al país y con la capacidad crítica frente a aquello que genere preocupación para Colombia”.

Ramírez advierte además que no hay estudios o documentos del partido que justifiquen el apoyo de algunos senadores a la venta de Isagén; a las iniciativas para aumentar el IVA y los impuestos a la clase media y las pequeñas y medianas empresas; al plebiscito, y al Procedimiento Legislativo Especial para la Paz, que, en su concepto, “debilitan la institucionalidad para asegurar la aprobación a la negociación de La Habana”. Y concluye: “Sería un error el ingreso a la Unidad Nacional para refrendar todo lo anterior”.