Oxígeno para la negociación

La decisión guerrillera de frenar ataques temporalmente está amarrada a concretar con el Gobierno un cese del fuego bilateral. Fiscal Montealegre dice que negociación en medio del conflicto fracasó y es “insostenible”.

“Iván Márquez”, jefe de la delegación de paz de las Farc, anunciando desde La Habana el cese del fuego unilateral, por un mes, a partir del 20 de julio. / EFE
Las Farc le dieron una bocanada de oxígeno al maltrecho proceso de paz de La Habana al anunciar ayer un cese unilateral del fuego, por un mes, a partir del próximo 20 de julio. Una decisión que si bien puede interpretarse como una respuesta a la petición de los países garantes y facilitadores de la negociación (Cuba, Noruega, Chile y Venezuela) sobre la necesidad de avanzar hacia la consecución de acuerdos que permitan desescalar el conflicto, al mismo tiempo se enmarca dentro de la insistente petición guerrillera de concretar una tregua bilateral.
 
Así queda claro con las palabras de Iván Márquez, vocero de la delegación de las Farc en Cuba: “Buscamos con ello generar condiciones favorables para avanzar con la contraparte en la concreción del cese al fuego bilateral y definitivo”. De cualquier manera, es claro que esa guerrilla entendió el mensaje de Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno, en la entrevista con Juan Gossaín, cuando habló de un camino insostenible —el de la escalada terrorista— , de recuperar la serenidad y de que este no es el momento de la retórica sino de las decisiones de fondo. “El caucho de las palabras ya no estira más. A las Farc se les agota su tiempo militar y su tiempo histórico”, dijo.
 
Ahora, también es cierto que el proceso ha entrado en un momento definitivo y en su recta final, y que la discusión sobre el tema de la aplicación de justicia es el más complicado. Por eso es que cada quien busca mostrar mayor firmeza. Las Farc presionan militarmente con sus ataques a la Fuerza Pública y atentados a la infraestructura energética y petrolera, mientras que el Gobierno presiona políticamente, condenando esas acciones guerrilleras, a pesar que desde un principio se estipuló que se negociaría en medio del conflicto y que este tipo de situaciones eran previsibles.
 
Sea como sea, las partes saben que es imperiosa la necesidad de recuperar esa confianza que se había ganado con los acuerdos alcanzados en tres puntos de la agenda o sobre el desminado humanitario —cuyo trabajo de campo arranca hoy en El Orejón, municipio de Briceño en Antioquia, conjuntamente entre Fuerza Pública y guerrilla—. El reto es mandar un mensaje optimista a los colombianos que, según recientes encuestas, en un 75% no creen que se firme un acuerdo definitivo. De hecho, el mismo presidente Juan Manuel Santos calificó como “valioso” el gesto de las Farc de declarar un cese unilateral del fuego, pero advirtió que “se necesita más” y, sobre todo, “compromisos concretos para acelerar las negociaciones”.
 
Sin duda, los mensajes de las últimas semanas desde el Gobierno implican una notificación a la guerrilla de que si bien el primer mandatario se la ha jugado por el proceso de paz, existe un límite al que, por lo que parece, se está llegando. Santos reconoció recientemente que estaba dispuesto a sacrificar su capital político por alcanzar la paz, palabras que si bien ratifican su compromiso y tesón por seguir dialogando, también podrían implicar, dado el caso, el levantarse de la mesa con la tranquilidad de haberlo intentado, dejando el juicio y el peso de la historia en las Farc.
 
Para la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia, el cese del fuego unilateral anunciado por la guerrilla es un primer y significativo paso hacia el desescalamiento de las hostilidades, que es lo que clama la gente en la coyuntura de crisis que viven hoy las negociaciones. “Esperamos que esta medida, al igual que los anteriores ceses al fuego unilaterales de las Farc, tenga un impacto positivo en aliviar el sufrimiento de la población civil en zonas conflicto y ayude a fortalecer la confianza en el proceso de paz”, señaló la ONU.
 
De otro lado, con el anuncio de silenciar por un mes los fusiles, las Farc buscan también generar la percepción de que el cese bilateral es una urgencia y una necesidad. De acuerdo con cifras del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), junio fue el mes más violento desde que se inició el proceso de paz y tras el rompimiento de la tregua declarada por esa guerrilla en diciembre pasado y que duró cinco meses. En total hubo 83 acciones armadas. Ataques que, sin duda, disminuirán a partir del 20 de julio, para alimentar el debate, pues hay quienes creen que se trata de una estrategia para presionar al Gobierno e incluso para preparar una nueva ofensiva.
 
Ya el fiscal general, Eduardo Montealegre, dijo que el modelo de negociación en medio del conflicto fracasó y es “insostenible”, por lo que se hace necesario considerar la posibilidad de un cese del fuego bilateral, antes del acuerdo final. En cambio, el expresidente y senador Álvaro Uribe considera que el proceso de paz está “desacreditado” porque lo que se ha visto hasta ahora es que las Farc han aumentado su capacidad criminal y el Gobierno les ha permitido una vocería política, al tiempo que plantea que aceptar un cese bilateral es poner en un mismo nivel a las Fuerzas Armadas con la subversión.