Partido Comunes: ¿el patito feo para las elecciones de 2022?

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A pesar de los intentos para ser parte de las distintas convergencias de partidos, la colectividad no ha tenido el recibimiento esperado en las fuerzas de centro e izquierda.

Desde que las extintas Farc dejaron las armas se tenía claro que, después de la violencia que podrían sufrir sus excombatientes, el mayor de los retos era dar el paso de una organización guerrillera con una jerarquía vertical a un partido político que perdure en el tiempo. Aunque el Acuerdo de Paz les aseguró 10 curules en el Congreso por dos períodos, será para las elecciones de 2026 cuando ese tema deje de surtir efecto y se teme que, para ese momento, el partido Comunes, como decidió renombrarse el antes partido FARC, no pueda superar los umbrales mínimos para no perder la personería. Apenas quedan cuatro años y medio para la fecha clave y, por eso, han comenzado a buscar mayor protagonismo en las tendencias alternativas. Pero la respuesta no ha sido la deseada por los exguerrilleros.

Para 2022, los espectros de centro-izquierda e izquierda tienen come meta principal, además de hacerse con la Presidencia, ser una fuerza determinante que alcance mayorías en el Congreso. El partido Comunes ha venido pidiendo pista para hacer parte de alguna de las convergencias para este fin, sobre todo la de izquierda, que lidera Gustavo Petro. Así lo acordaron en convención de finales de enero. Sin embargo, a pesar de varios diálogos interpartidistas, no les habrían abierto las puertas. Tanto así que el 5 de febrero, el líder del partido, Rodrigo Londoño, conocido en la guerra como Timochenko, trinó lo que parecía un reclamo: “Si ustedes acompañaron el proceso de paz, ¿no sería lógico y deseable que nos dieran espacio en una alianza electoral para consolidar nuestra actividad política legal y así ampliar la democracia del país?”.

La segunda semana de febrero, Gustavo Petro y los partidos y movimientos alternativos (Polo Democrático, Colombia Humana, MAIS y Unión Patriótica, entre otros) lanzaron lo que llamaron la lista del Pacto Histórico. Dicha iniciativa plantea hacer una consulta interna entre las fuerzas de izquierda para tener un solo candidato presidencial y tener mayorías en el Congreso —con una meta de sacar, al menos, 55 senadores y 86 representantes—. Durante el lanzamiento de la plataforma, a pesar de que se habló de una convergencia de sectores alternativos, el nombre de Comunes no apareció en ningún momento. Incluso tuvo mayor mención la Alianza Verde, que en ese mismo día consolidó una propuesta, por otro lado, llamada la Coalición por la Esperanza.

Casi una semana después, Comunes realizó una rueda de prensa en la que saludó la propuesta del Pacto Histórico y expresó su intención hacia ella: “Declaramos nuestra posición de querer acercarnos”, dijo en dicho momento el senador Julián Gallo, también conocido como Carlos Lozada. Asimismo, para alcanzar las mayorías en el Congreso, de antemano anunciaron que las curules que les son otorgadas por los Acuerdos de Paz iban a estar alineadas con los que salieran elegidos del “pacto histórico”. La intención del partido de la extinta guerrilla fue bien recibida por los partidos de dicho pacto con una breve mención en un comunicado en el que se celebró las manifestaciones de apoyo de otros sectores. Pero no pasó nada más.

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La fría y corta respuesta fue tomada como un nuevo desplante hacia el partido nacido de los acuerdos de La Habana. Para el profesor Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, son “entendibles” dichas respuestas sin mayores compromisos, pues “a las antiguas Farc no les ha ido bien en política. Incluso han tenido que cambiar el nombre”. Según el docente, a pesar de ser partidos de izquierda, estos no quieren tener mayor cercanía con Comunes: “Electoralmente, cargan una mancha de la lucha armada que no la quiere nadie y no se puede borrar”. A esto agregó: “Una cosa es apoyar el Acuerdo de Paz y su incorporación a la política; otra es hacer alianza con ellos”.

En esta última postura coincide uno de los arquitectos del proceso de paz, que pidió reservar su nombre. “El hecho de que se haya apoyado el acuerdo, no implica que se tiene que compartir todo lo que piensa Comunes”, expresó este, añadiendo que los partidos en legalidad son libres en sus posiciones y depende de los exguerrilleros “convertirse en personajes importantes en coaliciones”. Este también comentó que la participación del anterior partido FARC no ha sido la mejor, hizo énfasis en el asunto del nombre y anotó que el discurso del castrochavismo ha hecho mucho daño. Para finalizar, señaló que Comunes no podría hacer parte de las listas del Pacto Histórico porque el acuerdo deja claro que las curules son solo para el partido que nació de los acuerdos.

Esta tesis fue rescatada por el senador Armando Benedetti, recién desempacado en la Colombia Humana, para decir que Comunes solo saludó la iniciativa y no pidió ser parte de ella: “Hay un error en el sentido que no tienen que estar en nuestra lista porque tienen su propia jurisdicción y curules garantizadas”. En un sentido parecido, el senador Gustavo Bolívar, uno de los constructores de la lista del Pacto Histórico, aseguró que no se ha rechazado a Comunes, sino que no harán política juntos “porque no la necesitan, tienen sus curules aseguradas”. Asimismo, señaló que uno de los ejes de su coalición es la paz, “es la mitad de la agenda”, y bajo ese foco son bienvenidos.

Bolívar reconoció que se les ha aconsejado que mantengan una distancia con el partido de la exguerrilla: “No saldríamos a plaza pública con ellos. Si no fuera tan fuerte el cuento del castrochavismo de Uribe, saldríamos con ellos. Ellos son comunistas y eso choca un poco con nuestra visión”. Además, señaló que se han jugado el prestigio electoral por defender el Acuerdo de Paz, pero “hay temas tan densos como el reclutamiento forzado y otros pronunciamientos en los que no los apoyamos. Nosotros no tenemos solidaridad con ellos, sino en temas de implementación y la defensa de los excombatientes”.

De hecho, las reticencias hacia el movimiento político de las antiguas Farc no es un tema nuevo. Voces de esa colectividad le comentaron a El Espectador que no han sido pocos los episodios en los que desde partidos como la Alianza Verde o congresistas como como Gustavo Petro, María José Pizarro o David Racero se pidió expresamente sacar el logo de FARC de los comunicados conjuntos. Incluso, desde el MAIS también había resistencia para hacer coalición con FARC en las elecciones de 2019, un asunto que quedó en mayor evidencia en Bogotá.

Desde Comunes, reiteraron a este diario que su afinidad con la propuesta del Pacto Histórico e hicieron énfasis en que desde el anuncio se ha dicho que no tiene exclusiones. “Estamos a la expectativa. Como no somos firmantes, sino que respondemos al llamamiento, vemos que hay algunos sectores que están pretendiendo aislarnos. Lo que decimos es que no sería lógico un pacto histórico con exclusiones”, expresó el representante Sergio Marín. En un sentido parecido, la senadora Sandra Ramírez comentó: “No tendría presentación que a un partido que firmó el acuerdo no se le permita actuar en una convergencia”. A esto añadió: “Nos dijeron patito feo, pero abrigamos la esperanza de que podamos participar de las listas, hagamos propuestas y que las escuchen”.

El senador Julián Gallo, que fue el vocero de Comunes durante la rueda de prensa en la que revelaron el deseo de participar del Pacto Histórico, dejó claro que eran conscientes de que no podían hacer parte oficialmente de las listas en “virtud del acuerdo”. Por eso, explicó, pusieron a disposición de sus curules para la bancada que salga de la convergencia. El congresista dejó entrever que “la expectativa de hacer parte de este proceso es participar de las consultas presidenciales”. En un mismo sentir que sus otros compañeros de colectividad, Gallo concluyó: “No creemos que sea posible que la paz sea su objetivo y nos excluyan a los firmantes”.

En esa especie de contradicción se encuentran los sectores de centro-izquierda en el país, pues, consideran que apoyar el Acuerdo de Paz no necesariamente implica, políticamente, estar alineados con el partido Comunes. En término más pragmáticos, también empieza a correr un gran reto para Comunes, y es mejorar la votación que se obtuvo en 2018 si quieren mantener su participación en el Congreso. Ese año lograron 52.532 votos para Senado y 32.636 para Cámara.

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