Colombia, una firmatón

Partidos políticos, en el limbo

Ya son 29 los comités de recolección de firmas inscritos para avalar igual número de candidatos a la Presidencia 2018. Y algunos partidos están a la espera a ver a cuál de ellos se pegan para subsistir.

Lo dijo hace poco Humberto de la Calle Lombana: en estos momentos, en las calles de Colombia hay más recogedores de firmas que votos. / El Espectador

Ya es un lugar común decir que la crisis de los partidos políticos en Colombia tocó fondo. Según datos de la Registraduría, hasta el viernes pasado iban 29 comités de recolección de firmas inscritos con el objetivo de avalar igual número de candidatos a la Presidencia de la República en 2018. Una lista que esta última semana engrosaron los nombres de la exministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, el exdirector de Coldeportes Jairo Clopatofsky y el general (r) de la Policía Luis Mendieta. Y lo más probable es que en próximos días se sume el del exjefe negociador del Gobierno en los diálogos de paz de La Habana, Humberto de la Calle.

Ramírez se daba como ficha fija del Partido Conservador, Clopatofsky militaba en el Partido de la U y De la Calle se contaba entre los precandidatos del Partido Liberal, que definirán en una consulta interna su único nominado. Ahora, es cierto que en esa extensa lista de eventuales candidatos por firmas hay gente desconocida para el ámbito político y para la misma opinión pública nacional. Pero también lo es que en ella se encuentran dirigentes o personas con amplio recorrido en lo público, muchas de las cuales incluso lideran las encuestas de preferencia electoral que por estos días pululan.

Están ahí, por ejemplo, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro, el exprocurador Alejandro Ordóñez, la exministra de Trabajo Clara López, la exsenadora Piedad Córdoba, el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo o el exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Aparecen también el exalcalde de Santa Marta Carlos Caicedo, el excontralor David Turbay y el exmagistrado Jaime Araújo.

Como pintan las cosas, partidos poderosos y que hoy cuentan con una considerable representación en el Congreso —como el de la U, Cambio Radical o el Conservador— no van a tener candidato propio y, si lo tienen, no tendrá una real opción de ganar. Es decir, seguramente terminarán de “comodines”, diluyéndose en el tiempo y sumándose a otras causas con más chance de ser poder en 2018.

De ahí que todo mundo esté hablando de la necesidad de hacer coaliciones si se quiere estar en la segunda vuelta presidencial, sobre la base de una disputa entre quienes respaldaron el Sí en el plebiscito refrendatorio del Acuerdo de Paz y los que estuvieron con el No. Otros esgrimen también la bandera de la lucha contra la corrupción. Y así avanza la precampaña, donde la única certeza es el desgaste de los partidos, el desarraigo de la comunidad frente a ellos y un evidente cansancio por su lejanía con el sentir ciudadano.

Los caminos se ven culebreros. El Partido de la U, nada más ni nada menos que el del presidente Santos, golpeado por estos días por los escándalos que involucran a quienes fueron sus máximos electores al Senado en 2014 —Musa Besaile y Bernardo Ñoño Elías—, ya dijo que no tendrá candidato propio y buscará una alianza. Y cuando el senador Roy Barreras dice lo contrario, que sí lo tendrán, lo que quiere decir es que están esperando a que se decante la lista de aspirantes para ver a quién se suman.

Eso sí, Armando Benedetti, pensando más con el deseo que con la razón, cree que quien quiera ser presidente de Colombia necesariamente tiene que contar con el apoyo de la U. El lío es que ya uno de sus senadores más influyentes, Mauricio Lizcano, anunció que respaldará la candidatura de Vargas Lleras, que no es de los afectos ni de Barreras ni de Benedetti. Es decir, a los problemas de los Ñoños se suma una turbulencia interna que, dicen algunos, podría significar la desaparición del partido. De hecho, ya hay quienes promueven una ley de transfuguismo en el Congreso, con la intención de irse a otras toldas, sobre todo, al uribismo o donde el mismo Vargas Lleras.

Por cierto, el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe sigue firme con sus cinco precandidatos (María del Rosario Guerra, Paloma Valencia, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque y Rafael Nieto). Según el exmandatario, para el 19 de noviembre se espera tener listo el candidato único, pero no se sabe si ello implica ir a consulta interna. Uribe y su bancada quieren que haya consenso, es decir, que los cinco se pongan de acuerdo y decidan la fórmula ideal. Muchos temen que si ello no se logra, se ponga en riesgo la unidad.

Mejor dicho, lo que nadie en el uribismo quiere es repetir el espectáculo de hace cuatro años, cuando en convención se escogió el candidato presidencial entre Óscar Iván Zuluaga y Francisco Santos, y se terminó en denuncias de trampa y divisiones internas. Y más aún cuando en el proceso actual ya se ha visto “fuego amigo”, sobre todo en contra de Iván Duque. Nada de raro tiene que, al final, se aplique aquello de “el que diga Uribe”.

Cambio Radical, se puede decir, está en el mejor de los mundos. Todo el país sabe que su jefe natural es Germán Vargas Lleras y que ante la decisión de este de buscar la Presidencia avalado por firmas, pues es lógico concluir que se sumará a su causa. De hecho, según se pudo corroborar esta semana, las juventudes del partido y otros de sus sectores están ya al servicio de la aspiración del exvicepresidente.

Por otro lado, no cabe duda de que la posición de Humberto de la Calle de no someterse a una consulta interna y mantener la perspectiva de ser candidato por firmas, significa un duro golpe para el Partido Liberal. Se supone que el Congreso Nacional de los rojos, a realizarse este fin de mes, debe servir para aclarar el camino a seguir, pero existe el riesgo también de que en él se ahonden las diferencias y la ruptura.

Por ahora tiene cuatro precandidatos: los senadores Viviane Morales, Édinson Delgado, Luis Fernando Velasco y Juan Manuel Galán. El viernes, 30 representantes a la Cámara y 10 senadores le pidieron al exministro Juan Fernando Cristo “asumir el liderazgo de una coalición ciudadana que defienda la paz más allá de las fronteras partidistas” y ser candidato. Por ahora no se conoce respuesta. La pregunta es: ¿tienen las fichas liberales la suficiente fuerza para pelear la Presidencia o al menos el paso a la segunda vuelta? Pues Horacio Serpa, uno de sus codirectores, ha hablado de la necesidad de ir en coalición con otros.

El Partido Conservador sí que quedó en el limbo con la renuncia de los que se suponía eran sus ases en la lucha por la primera magistratura del Estado: Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez. Hoy tiene dos precandidatos: el exsenador Ubéimar Delgado y el exministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde. Pero no nos digamos mentiras, los dos tienen mínimas posibilidades, por no decir nulas. Muchos dentro de los azules están esperanzados en que el exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos salga de sus líos jurídicos y se meta de lleno en la campaña acogiendo sus banderas. El problema es que el uribismo también le hace “ojitos”. Cómo será que Hernán Andrade, presidente del Directorio Nacional Conservador, le dijo a Ramírez que reconsiderara la decisión de ir por firmas y que las puertas están abiertas.

Por lados de la Alianza Verde y el Polo Democrático —con Claudia López y Jorge Robledo, respectivamente— la senda parece estar clara. La apuesta es por una alianza, por ahora con Fajardo, que les permita tener juego y llegar a la tan anhelada segunda vuelta. Incluso, la invitación se ha extendido a otros sectores afines y hay quienes se atreven a afirmar que siendo que el pulso que se plantea es contra el uribismo o Vargas Lleras, lo mejor es intentar sumar en esa coalición a De la Calle o, por qué no, a Petro y Clara López. Faltaría definir la fórmula de escogencia, donde los egos pueden conspirar.

Por cierto, es de esperar que nadie esté dispuesto a cargar con un eventual apoyo de la recién creada Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), aunque esta, soterradamente, tendrá su preferencia. Lo cierto es que el río está revuelto, pero todavía no se sabe quiénes serán los que sacarán la mayor ganancia. Faltan algo menos de nueve meses para la primera vuelta presidencial y de aquí a diciembre los maltrechos partidos tendrán que tomar decisiones y se tendrán que decantar esas alianzas de las que tanto se habla.

Y es evidente que no todos los que aspiran a inscribirse por firmas tendrán el suficiente aire para llegar a esa instancia. Entre otras cosas, porque probablemente muchos no contarán con los recursos para adquirir la póliza de seriedad que exige la ley, que debe cubrir el valor de los anticipos que les dé el Estado tras su inscripción. El valor para 2018 aún no ha sido fijado por el Consejo Nacional Electoral, pero si se toma como referencia el proceso de 2014, fueron 390 salarios mínimos legales mensuales.

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