La paz de los jóvenes

Más de 300 muchachos se dieron cita en Medellín para consolidar una red de líderes e intercambiar experiencias e iniciativas conjuntas de paz territorial de cara a lo que será la implementación del acuerdo de La Habana.

El grupo de teatro Nariz Obrera de la Comuna 3 de Medellín presentó una obra criticando el reclutamiento. / Germán Moreno
El grupo de teatro Nariz Obrera de la Comuna 3 de Medellín presentó una obra criticando el reclutamiento. / Germán Moreno

Los últimos seis meses serán recordados en su conjunto como uno de los capítulos políticos más convulsos de la historia reciente del país. En poco tiempo, Colombia pasó de la exaltación por la firma del Acuerdo de Paz con las Farc para terminar más de 50 años de conflicto armado a un escenario de incertidumbre y desazón por cuenta de la no refrendación del mismo en las urnas. Le siguieron los debates y las nuevas negociaciones con sectores de oposición para hacer ajustes al documento inicial, el inesperado Premio Nobel de Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos, una segunda firma protocolaria que se llevó a cabo en una ceremonia sobria, ya con menos entusiasmo ciudadano, y una refrendación vía Congreso que permitió por fin dar inicio a lo que será un largo proceso de implementación.

Una avalancha de sucesos que dejaron lecciones claras y ayudaron, de cierta forma, a que se generara un consenso más amplio alrededor de la urgencia de insistir en la salida negociada al conflicto y de fortalecer y blindar lo pactado por Gobierno y Farc en La Habana. Pero quizá uno de los hechos más importantes que dejó todo este capítulo fue el despertar de la movilización ciudadana y de la participación juvenil como actores claves en escenarios de debate y concertación con el objetivo de hacer exigencias al mismo Gobierno y proponer iniciativas claras de construcción de paz que pudieran marcar la diferencia en un escenario de posconflicto.

Y los casos de experiencias de organizaciones con bases juveniles que están trabajando en propuestas de paz territorial abundan en el país. Se trata de procesos que en muchos casos tienen puntos y lógicas comunes y que requieren de tejidos sociales profundos que permitan su visibilización. Esa fue la razón por la cual cerca de 350 jóvenes de los 32 departamentos se dieron cita este viernes en Medellín en el marco del Encuentro Nacional de Acción Juvenil por la Paz, organizado por el proyecto de Diálogos y Capacidades para la Paz Territorial, liderado por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en alianza con por la Red Territorios por la Paz, la Conversación Más Grande del Mundo y Colombia Joven.

El espacio se convirtió en escenario de intercambio de ideas, propuestas y experiencias que han surgido desde diferentes regiones de Colombia sobre el papel que deberán jugar los jóvenes y la ciudadanía en el camino que comienza a transitarse para la implementación del Acuerdo de Paz. Los modelos abundan. En Cauca, por ejemplo, desde hace dos años se viene configurando toda una red de plataformas que comenzó con un trabajo juicioso de jóvenes del sur del departamento a través del Comité de Integración del Macizo Colombiano —que ya ha logrado convocar a asociaciones de consejos comunitarios del norte del Cauca, así como a organizaciones indígenas como el CRIC y movimientos estudiantiles universitarios— en torno a la idea de construir una agenda propia común que tenga como componente principal la educación interétnica y pluricultural y un enfoque claro de paz territorial.

“La paz en el Cauca para los jóvenes se construye a través de la educación. Queremos decirle al Gobierno: aquí estamos, no somos invisibles, tenemos requerimientos y no sólo queremos ser utilizados a la hora de una elección o prestar servicio militar. A través de la ley de las juventudes vamos a hacer exigencias”, asegura Leandro Campo, líder juvenil del departamento, insistiendo en que el movimiento no representa a ningún sector político, sino que se trata de una iniciativa autónoma que ha tomado forma y ha venido creciendo bajo la consigna de que los conflictos no se arreglan con las armas y que la movilización social es una herramienta clave para hacer valer sus propuestas. “Nosotros vamos a pelear para que esto se pueda convertir en una política pública. Pueden pasar años, pero seguiremos luchando porque nosotros tenemos experiencias de procesos sociales de hasta 20 años”, agrega.

Otro caso similar es el de Uribe (Meta), en donde una fundación de jóvenes, Mejor Presente, viene allanando desde hace un tiempo el camino sobre lo que será el aterrizaje de la paz en un municipio que conoce y ha vivido los rigores de la guerra. Fueron ellos los que decidieron sentarse a hablar cara a cara con las Farc y realizar, en octubre pasado, una vigilia en una zona de preagrupamiento de la guerrilla, para recalcar la importancia de comenzar desde ya a dar pasos determinantes en el camino de transformar las dinámicas de participación de los jóvenes en el abordaje de la paz. “La participación de nosotros hasta hace un tiempo había sido condicionada por las Farc, tenía que ser como ellos querían que se hiciera y como pensaban que debía hacerse y muchos preferíamos hacernos a un lado y quedarnos quietos, porque era muy difícil opinar y tratar de encauzar propuestas en pro de generar un impacto social positivo. Esto que estamos construyendo es netamente de nosotros, decidimos tener autonomía, no somos auspiciados ni tenemos la ideología ni la estructura de las Farc dentro de nuestra asociación”, explica James Arias, líder juvenil de Uribe.

Para Hernán Castellanos, otro líder del municipio, el tema pasa por la necesidad de hacer un relevo generacional en las próximas elecciones de juntas de acción comunal y concejos municipales que logre, de una vez por todas, poner el interés colectivo por encima del personal y que permita que en la región se dé una verdadera democracia. “No hay mayor revolución y nada más utópico que la democracia. Eso en este país no lo hemos podido lograr, aunque vivimos convencidos de que sí. Este es un momento crucial para Colombia y hay que tener claro que sin democracia no existe la posibilidad de construir paz”, sostiene.

En medio de este contexto, a ellos, como a jóvenes de otras regiones, les preocupa sobre todo cómo va a darse el proceso de implementación en los territorios en momentos en los que no hay condiciones de seguridad para los líderes sociales y defensores de derechos humanos que están siendo asesinados por grupos paramilitares que han comenzado a llegar a las zonas que antes eran ocupadas por las Farc. “Entre el jueves y el viernes pasado fueron amenazados 10 líderes sociales en el Cauca y ya van 17 muertos. Nos están matando. Estamos tratando de construir paz, pero así no se puede”, concluye Leandro Campo.