La paz, entre el hermetismo y la presión

La mesa de diálogos del Gobierno y las Farc vivió una semana de alta tensión.

Un niño juega a la guerra en las ruinas de las casas contiguas a la estación de Policía de El Mango (Cauca). / AFP

El proceso de paz entre el Gobierno y las Farc tiene dos escenarios de desarrollo que resultan diametralmente opuestos. Por un lado hay una reserva absoluta sobre las discusiones que se dan en la mesa de diálogos de La Habana (Cuba) y por el otro se siente el estridente ruido de la presión política y social en Colombia. De ahí la regla que rige las conversaciones de que se negociará la paz mientras se hace la guerra. Pero, sin duda, la fórmula se está agotando y en la mesa de diálogos rondan aires de cambios en las premisas que han regido hasta aquí.

A esta dualidad que vive el proceso de paz hay que sumar una constante histórica en las mesas de diálogos de Colombia: la presión provocada por los hechos de guerra siempre ha conducido al rompimiento de los intentos de negociación. Las Farc y el Gobierno lo tienen claro y por eso buscan sin descanso el elemento que haga irreversible este proceso de paz. Se barajan ideas. Un mediador, como el papa Francisco o el expresidente de Uruguay José Mujica; ciclos de diálogos más largos, tal vez ininterrumpidos; pactar un cese del fuego bilateral y definitivo antes de firmar un acuerdo de fin del conflicto, o una refrendación para poner plazos.

En esa búsqueda de fórmulas se impone la realidad. El levantamiento de la tregua unilateral declarada por las Farc durante cinco meses y la reactivación de los bombardeos por parte del Gobierno han desatado una tormenta de titulares de prensa: 27 guerrilleros muertos, Nariño sin luz por la voladura de una torre de energía, un helicóptero derribado por las Farc, ataque a oleoducto de Tumaco produce grave daño ambiental. Levantarse de la mesa, piden unos; suspenderla para pactar nuevas reglas, dicen los moderados, y cese bilateral ya, exigen los otros.

La semana arrancó con la negativa de las Farc a la propuesta del Partido Verde de introducir una papeleta en las elecciones de octubre para que la gente decida si quiere que el proceso continúe, acabe o se le dé un plazo. La siguió el relevo en el Ministerio de Defensa. El combativo Juan Carlos Pinzón pasa a embajador en Washington y el empresario Luis Carlos Villegas, quien fue negociador plenipotenciario del Ejecutivo en Cuba, llega al frente de las Fuerzas Armadas.

Villegas se posesionó con un derrotero claro: llevar a la Fuerza Pública a un escenario de posconflicto. Pero también asumió el reto de enfrentar una fuerte escalada de la confrontación, quizá la que los expertos en resolución de conflictos consideran la agudización que antecede la firma de acuerdos cruciales. El martes, la comunidad de El Mango, en el norte del Cauca, expulsó a 40 policías del casco urbano por considerar que su presencia ponía en riesgo a la población civil si se producía un ataque guerrillero. Santos sostuvo que la Fuerza Pública no tenía territorio vedado y ordenó el regreso de la tropa, reforzada con 800 activos más.

Pero el miércoles fue el punto más alto de las tensiones. Por una parte, la guerrilla provocó el vertimiento de 410 galones de crudo en el río Mira, en zona rural de Tumaco, lo cual se calificó como el atentado ambiental más grande de los últimos años y dejó a una población de 160.000 habitantes sin agua. Ese mismo día Bernard Aronson, enviado especial del Departamento de Estado de EE.UU. a la mesa de diálogos, tuvo que asistir a la Cámara de Representantes de su país para explicar el proceso de paz colombiano. Aronson cumplió la cita y, a pesar de la mayoría republicana, en la sesión defendió la mesa.

En el entretanto, el presidente Santos se reunió con el primer ministro de Francia, Manuel Valls, quien reiteró el apoyo de su país a los diálogos. Tras el encuentro el mandatario colombiano explicó que en este momento la discusión de los delegados de paz se centra en la satisfacción de los derechos de las víctimas y soltó un comentario que sembró el optimismo: “El derecho a la verdad, y ya se acordó la comisión de la verdad, el derecho a la reparación, y yo espero que en estos días, hoy o mañana, podamos terminar ese punto de la reparación en el texto de los acuerdos de La Habana”.

Pero la expectativa se vino al suelo luego de las intervenciones, por separado, de los negociadores de las Farc y el Gobierno. El jefe guerrillero Pastor Alape alabó la encíclica lanzada por el papa Francisco hace unos días y pidió políticas económicas y sociales más amables con el medio ambiente. Humberto de la Calle, negociador del Ejecutivo, no dudó en pedir un mínimo de coherencia a las Farc, y el presidente Santos las llamó cínicas, además de considerar estúpido su accionar.

Al mismo tiempo, el jefe de Estado planteó su posición: “Yo no voy a jugar ‘estatua’ con las Farc. Si hay cese del fuego, las condiciones tienen que ser verificables y que darle realmente total confianza al pueblo colombiano y al Gobierno de que el cese es controlado y verificado”.

En este agitado contexto, lo único claro es que los dos frentes de batalla de la mesa de negociación son la búsqueda de un acuerdo en el tema de víctimas, que incluya los apartados de verdad, reparación y justicia, al tiempo que se busca la fórmula para acordar los términos del fin del conflicto, el cese bilateral, la desmovilización y el desarme. Falta ver cómo el proceso sigue su marcha cambiando el caminado y si el ciclo 38 termina según lo planeado o se extiende para dar un nuevo fruto.

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Bernar Aronson asistió a la Cámara
 
El miércoles pasado, Bernard Aronson, enviado especial del gobierno Obama a la mesa de diálogos entre el Gobierno y las Farc, asistió a una sesión ante el subcomité para el hemisferio occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Durante el encuentro, el funcionario del Departamento de Estado reconoció que el proceso de paz se encuentra en una “etapa difícil”, pero instó al Congreso a seguir apoyando la negociación, como un gesto de respaldo a Colombia. Finalmente, Aronson fue enfático en que hasta el momento no le han solicitado la liberación de Simón Trinidad, preso en Estados Unidos, y que aún es un tema que no está sobre la mesa. Sin embargo, las Farc han sido insistentes en la necesidad de que llegue a la mesa de diálogos.