Paz, inclusión y reelección

El presidente Santos dejó ver en su discurso del miércoles que su estrategia de campaña será la conciliación con los sectores que se oponen a su gobierno, incluso con el expresidente Uribe.

Las delegaciones de paz del Gobierno y las Farc durante uno de los ciclos de conversaciones en La Habana (Cuba). / EFE

La alocución del presidente Juan Manuel Santos el pasado miércoles despejó gran parte del panorama electoral para 2014. En sus palabras se puede leer entre líneas la estrategia de campaña e, incluso, algunos se atreverían a decir, de gobierno. La paz es el estandarte más evidente y la conciliación, el tono establecido. En los detalles del discurso de reelección están las pistas. Dijo el presidente Santos: “Hace siete años los colombianos dimos la oportunidad a mi antecesor de consolidar unas políticas de seguridad que resultaron exitosas y que hemos seguido fortaleciendo. Porque las grandes transformaciones no se logran en poco tiempo. Hoy yo quiero esa misma oportunidad para consolidar la paz y la prosperidad para el país. Y sé que todos queremos la paz. Los colombianos queremos la paz”.

A las flores que le echó al expresidente Álvaro Uribe les dejó algunas espinas y continuó el discurso: “Para mí era indignante que el Estado no reconociera a las víctimas y les dijera simplemente ‘de malas’”. Pero predominó el mensaje conciliador. Un mensaje para la oposición, toda, y especialmente la que encabeza el exmandatario: “La paz debe estar por encima de rencillas y mezquindades políticas. Debe unirnos en lugar de dividirnos. Por eso convocaré a todos los sectores que apoyan la paz —algunos incluso que no están de acuerdo conmigo— a que trabajemos juntos para defender lo que se ha alcanzado y para llevar a buen puerto este proceso. Porque la paz no será la paz de Juan Manuel Santos o de un gobierno. La paz será de Colombia”.

Y el mensaje parece ser paz con las Farc y paz con el uribismo. La llegada del expresidente Álvaro Uribe al Congreso le pone alto el listón al Gobierno para adelantar las reformas que el proceso de paz necesitará. Más cuando las proyecciones electorales aseguran que por mal que le vaya al Centro Democrático, pondrá diez senadores. La campaña Santos, contando con que se mantenga la Mesa de Unidad Nacional, calcula 60. Lo que indica que la oposición sería una mayoría significativa y de lograr alianzas representarían un obstáculo para el Ejecutivo. Las cuentas obligan a la campaña Santos a enfrentar el problema más pronto que tarde y gente cercana al exmandatario y al presidente ya anda haciendo gestiones para propiciar acercamientos. Incluso, se especula que por el lado castrense podría aparecer el mediador.

Y es que uno de los vínculos que hoy queda entre Santos y Uribe tiene que ver con la Fuerza Pública. Se rumora, por ejemplo, que últimamente el general (r) Óscar Naranjo y el expresidente se han encontrado en varios foros y que se han saludado en los mejores términos. También se dice que la reunión entre el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y el exmandatario para tratar la información sobre el presunto atentado que las Farc le tenderían fue bien recibida en el seno del uribismo y que por ahí podría abrirse un canal de comunicación. El presidente Santos parece tener claro que con Uribe en el Congreso, y secundado por un grupo significativo de parlamentarios, el proceso de paz va a ser muy difícil.

De hecho, la mesa de diálogos de La Habana sabe que una paz completa tiene que ser con el sector que representa Uribe y se ha hablado de que las Farc han planteado que llegará el momento en que será necesario un encuentro con el expresidente. La delegación del Gobierno también lo tiene claro. Por eso se habla de que la estrategia del equipo negociador de Santos sería socializar, con los partidos y movimientos políticos que se medirán en el Congreso, los acuerdos a los que se ha llegado con la guerrilla en los dos primeros puntos de la agenda.

Y es que el Congreso que salga elegido en marzo del próximo año será el de la paz. Y eso lo ha entendido la clase política. No por nada están en el debate electoral varios de los pesos pesados, como Horacio Serpa, Viviane Morales, el expresidente Uribe, Antonio Navarro, Antanas Mockus y un largo etcétera que incluye hasta a Íngrid Betancourt, de quien, dicho sea de paso, comentan que puede ser una ficha clave para que la Alianza Verde regrese a la mesa de Unidad Nacional. Esto implica que el proceso de paz de La Habana y el que se abra paso con el Eln necesitarán una apertura e inclusión de los sectores que se oponen a los diálogos.

En este sancocho nacional las fuerzas parecen a apuntar a que una asamblea nacional constituyente podría abrirse paso. Las Farc han insistido en ésta como mecanismo de refrendación de los acuerdos a los que se llegue, y el uribismo también lo ha planteado para volver a barajar las cartas de la democracia colombiana. El Gobierno lo ha descartado de labios para afuera, pero la idea sigue rondando en la Casa de Nariño. Y siendo que ésta hace coincidir a la guerrilla y a la oposición, podría convertirse en una salida que permita coincidencias básicas para permitir la firma de un acuerdo para la terminación del conflicto con la legitimidad política suficiente. El vehículo de esta idea podría ser la reforma a la justicia, un argumento que tiene aceptación en el grueso de la sociedad y sobre todo en los principales adversarios del presidente Santos.

En este contexto político se dio por iniciada la campaña electoral de 2014. Santos les ha pedido a los colombianos una oportunidad para terminar “la tarea”, para alcanzar la paz para todo el país. “Quiero liderar una Colombia que pase del miedo a la esperanza. Del atraso a la modernidad. De las divisiones a la unidad. Una Colombia que piense en construir futuro más que en aferrarse al pasado. No quiero un país dividido. Quiero un país unido. Quiero una Colombia en paz y con prosperidad para todos”. Con estas palabras el jefe de Estado terminó su discurso de reelección el pasado miércoles. Un discurso que puso entrelíneas la estrategia conciliadora que busca tender puentes con los sectores más alejados del mandatario. Sectores que hoy afilan sus lanzas para salir a la arena electoral y que sin duda alcanzarán un puesto en el Congreso, lugar por el que inevitablemente tiene que pasar el proceso de paz. Un proceso de paz que, como lo ha dicho con insistencia Santos, requiere el concurso de todos los colombianos, incluyendo a los que no están de acuerdo.