La paz, más allá de La Habana

Líderes sociales, políticos y académicos plantearon la búsqueda de transformaciones sociales que se acerquen a una verdadera paz.

El director de El Espectador, Fidel Cano; el senador Jorge Robledo, y el exgobernador Antonio Navarro. / Carlos Barón

Aunque la apuesta de finalizar el conflicto armado con las guerrillas por la vía negociada es una necesidad en términos económicos, sociales y políticos, que sin duda aliviaría la crisis humanitaria, también es cierto que no será suficiente si no se dan transformaciones esenciales, sin las cuales no podrá acabarse el ciclo de guerra e injusticia que vive el país. Desde diversas perspectivas y miradas, esta fue una de las más importantes conclusiones a las que llegaron representantes de la sociedad, la política, el sector empresarial y el mundo académico, en el foro que realizó ayer El Espectador y la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Narcotráfico

Para dimensionar el problema, el profesor de los Andes Daniel Mejía dio algunos datos: en promedio para los últimos 10 años, entre el 65 y 70% de la cocaína consumida en el mundo es producida en el país. Lo cierto es que para Mejía el Plan Colombia que firmó Colombia y Estados Unidos para reducir la cantidad de cocaína y mejorar las condiciones de seguridad ha sido costoso y muy poco efectivo. “Colombia ha invertido US$800 millones al año sólo en esta estrategia militar y Estados Unidos US$470 millones. Si uno suma eso quiere decir que el componente militar del Plan Colombia es tres veces en presupuesto el programa social más importante del Gobierno, que es Familias en Acción”, señaló.

En cuanto al proceso de paz, a Mejía le preocupa especialmente la desmovilización del bloque Sur, al mando de Joaquín Gómez, y el bloque Oriental de las Farc, que asegura son los que más reciben producto del narcotráfico. Si esto no sucede va a ser muy difícil que el narcotráfico disminuya producto de la negociación con las Farc, asegura Mejía.

David Curtidor, representante legal de Coca Nasa, que trabaja por la difusión y producción de productos legales a base de coca, cree en cambio que ante el fracaso rotundo de la política contra las drogas, el país debería hacer un viraje progresivo hacia los usos legales de la hoja de coca, porque serían mejores para los campesinos. Explica, por ejemplo, que a los indígenas nasas del resguardo Calderas, en el Cauca, se les paga $35.000 por arroba de hoja de coca, a diferencia de los raspachines o campesinos, a quienes les pagan máximo $20.000 por arroba de coca que se va para el narcotráfico.

Víctimas

Hay algo en lo que están de acuerdo el representante a la Cámara Guillermo Rivera y el profesor de los Andes Andrés Moya, y es que hoy en día es impensable un acuerdo de paz sin las víctimas del conflicto, como sí ocurrió con las amnistías y olvidos de anteriores procesos. Moya, por ejemplo, cree que los retos que vienen en este sentido deben aprender de las lecciones que ya muestra el proceso de los desplazados. Una de estas lecciones, y quizá la más urgente ante la indiferencia que el tema produce, es la atención psicosocial que deberían tener estas víctimas de la guerra.

Moya lo explica en términos económicos y asegura que éstos demuestran que las personas desplazadas del país tienen indicadores de ausentismo laboral, depresión, ansiedad y menores ingresos que el resto de la población. Por eso cree que no basta con la restitución de las tierras para estas personas ni con los programas de asistencia. Para Rivera, en cambio, pensar en las víctimas en este momento va más allá de La Habana y por eso cree que se deben encontrar los mejores caminos de implementación de la Ley de Víctimas.

Eduardo Villar, presidente de la Fundación Social, que ha contratado desmovilizados de anteriores negociaciones armadas, cree que aún estamos muy lejos de un proceso de paz, entendido como de convivencia armónica entre quienes no están de acuerdo. Por eso considera inconveniente que la paz se convierta en una bandera electoral mientras permanecen las causas de abandono, marginamiento y falta de oportunidades en la sociedad. Por su parte, el profesor Fabio Sánchez piensa que cuando se habla de desmovilización debe tenerse en cuenta que la dejación de armas no necesariamente implica la entrega de ellas al Estado.

Desarrollo rural

El tema de la tierra sigue estando en el centro de la discusión cuando se habla de paz y puede ser el que necesite más hondas transformaciones. Para Ana María Ibáñez, decana de Economía de la Universidad de los Andes, los acuerdos agrarios a los que ya se llegaron en la mesa de negociación son necesarios, independientemente de si se hace la paz o no con las Farc. Porque el sector agrario ha sufrido un abandono total del Estado y han sido los campesinos quienes más han sufrido los rigores del conflicto.

Se refiere a los acuerdos de acceso a la tierra y derechos de propiedad, a los compromisos de desarrollo rural, producción agrícola y solución de la pobreza extrema. Colombia sigue siendo uno de los países con mayor concentración de tierras en pocos propietarios. El senador Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático, está de acuerdo con Ibáñez en que se necesita un nuevo modelo agropecuario para el país. Y cree que no puede ser el del Gobierno actual, porque dice se ha organizado para beneficiar capitales extranjeros y empresariales que concentran tierra.

Participación política

“Dar poder político a los grupos que no lo tienen es indispensable para enrutarse hacia el camino de la paz”, eso cree Leopoldo Ferguson, para quien el tema de participación política es inseparable del tema de justicia. “Las Farc van a tener que enfrentar un riesgo jurídico nacional e internacional si llegan a firmar un acuerdo y deben minimizarlo reconociendo sus delitos y sus víctimas, porque sólo así podrán tener legitimidad política y mayores posibilidades de que haya una refrendación nacional contundente de su proceso”, afirma.

En cambio, por ahora, el tema de participación política para Antonio Navarro, quien vivió en carne propia el proceso de desmovilización del M19, pasa por pensar que es indispensable que los jefes guerrilleros lleguen a hacer política, pero les recomienda a las Farc y al Gobierno que es hora de que verdaderamente empiecen a posicionar el acuerdo de paz en la opinión pública. “Basta ya de firmar papeles, es hora de posicionar el tema con los colombianos”.