'La paz tiene que ser un compromiso común'

Para el exsecretario de Estado de Estados Unidos es necesario que entre las distintas orillas políticas e ideológicas del país haya un diálogo franco y se construyan consensos.

Colin Powell en el foro “Colombia en tiempos de paz”. / Luis Ángel - El Espectador

“Ustedes se preguntarán qué hace un hombre que toda la vida ha sido un soldado hablando de paz. Lo hago porque odio la guerra”. Con estas palabras, el exsecretario de Estado de Estados Unidos Colin Powell rompió el hielo en su intervención en el foro “Colombia en tiempos de paz”, organizado por El Espectador, en el que junto con representantes del sector privado, la academia, mandatarios locales y regionales, y algunos colombianos que han vivido en carne propia el conflicto, plantearon los retos que tendrá el país ante un eventual acuerdo de paz con las guerrillas.

Para Powell, el Gobierno colombiano tiene lo necesario para demostrarle a la contraparte que no ha perdido poder, para hacerle entender que es necesario acabar la guerra y someterse a las reglas de la democracia. Con un llamado de atención de por medio, sobre todo a la clase política nacional: es necesario que entre las distintas orillas ideológicas haya un diálogo, pues la única forma de mover una sociedad es el compromiso común, la construcción de consensos.

Eso sí, el hombre que fue el cerebro de la operación militar ‘Tormenta del Desierto’, que liberó a Kuwait de las tropas iraquíes de Saddam Hussein en 1991, sigue pensando que la firmeza es fundamental. “Si quieren que no haya mas terrorismo, si quieren paz, hay que tener claro que hay que ejercer el poder de manera contundente y por eso es válido el uso del poder militar. Cuando tuvimos que invadir Europa fue por algunos años, y luego llegó la democracia. Paz y reconciliación son sólo posibles con instituciones fuertes, con líderes políticos talentosos y con Estado de derecho”, dijo.

Asimismo, se mostró a favor de que Estados Unidos mantenga su ayuda a través del Plan Colombia y reconoció que seguramente habrá muchos empresarios interesados en venir a invertir más en el país, después de la firma de un acuerdo de paz. Sin embargo, para Colin Powell, los nuevos recursos que lleguen, pensando en el posconflicto, deberían ir a fuerzas policiales para garantizar seguridad ciudadana.

Sobre el papel de las Fuerzas Militares, recalcó que deben ser las principales asesoras para saber cuáles son los desafíos a enfrentar. “La paz no se puede hacer de un día para otro. Después de esto debe quedar la sensación de que hay un solo país”, enfatizó. Y a una pregunta sobre la posibilidad de que desmovilizados de la guerrilla integren la Fuerza Pública, señaló que es difícil que lleguen comandantes, pero sí podría darse con mandos medios y combatientes rasos, “después de un buen entrenamiento e instrucción”. Lo claro para Powell es que las Fuerzas Militares “deben reflejar la nación, sin segregación”.

Previa a la intervención del exsecretario de Estado de Estados Unidos, el rector de la Universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, invitó a la academia, a los medios de comunicación y a las propias instituciones a que abandonen ese discurso de “dividir a los actores de la guerra entre buenos y malos”, y asumir el reto de construir un escenario de posconflicto en el que todas las partes —incluido el Estado— asuman sus responsabilidades en lo ocurrido en la guerra.

A su vez, el sacerdote Leonel de Narváez, presidente de la Fundación por la Reconciliación, advirtió que sólo a través de esa eliminación de la lógica “buenos y malos” es posible reintegrar efectivamente a quienes empuñaron los fusiles. “Hay dos grandes problemas a la hora de hacer esa tarea: uno, que ellas mismas hagan un ejercicio de autoperdón, y dos, que sean capaces de diseñar un proyecto de vida lejos de las armas. Quienes no logran cumplir con esos dos requisitos forman parte, generalmente, de ese 10 o 15% que reincide en la violencia”, explicó.

Por su parte, el ecuatoriano Fabricio Ponce, presidente de Femsa Coca-Cola en Colombia —en diálogo con dos desmovilizados que han sido capacitados por su compañía y hoy sostienen proyectos productivos propios— señaló que, en su experiencia, la eliminación del estigma de quienes estuvieron en armas y hoy trabajan para él pasan por la “confidencialidad” de su pasado frente a sus colegas de trabajo.

Entre tanto, la analista Natalia Springer presentó un trabajo sobre el reclutamiento de niños y los retos que tendrá el país en ese campo. Según indicó, el 66% de los niños reclutados por los grupos armados ilegales estaban en situación de miseria y el 29% del total de éstos son indígenas. “Un niño indígena tiene 674 veces más posibilidades de ser reclutado”, advirtió.

De acuerdo con el estudio de Springer, el 81% de los menores reclutados que se han desmovilizado han dicho que lo hicieron de forma voluntaria. Sin embargo, ella cuestionó esa voluntariedad y dijo que, más bien, son las condiciones socioeconómicas las que expulsan a los menores hacia los grupos armados. Por eso, enfatizó que lo primero que hay que hacer es fortalecer el sistema educativo en las zonas más deprimidas, pues si el primer círculo de protección de un menor, que es la familia, no es efectivo para resistir el reclutamiento, el segundo círculo, que es la comunidad educativa, debe funcionar.

Mandatarios locales y regionales se hicieron presentes en la discusión. Aníbal Gaviria, alcalde de Medellín, pidió que en la mesa de conversaciones con las Farc en La Habana haya una representación de las ciudades capitales, pues no se puede pactar “una paz que se haga efectiva en lo rural y que no cuente con las ciudades donde vive la mayoría de la población”. A su vez, el gobernador de Norte de Santander, Édgar Jesús Díaz, dijo que paralelo a lo pactado en Cuba es necesario que se ataquen los focos de inequidad que, en regiones como su departamento, pueden alimentar nuevas formas de violencia.

Alan Jara, gobernador del Meta, aseguró que se requiere construir paz en los territorios en los que se vive el conflicto mediante “una inversión igual a la que se ha hecho para la guerra. No hay que esperar a lo que venga de La Habana para empezar a darle paz a la gente”. Y para Temístocles Ortega, Gobernador del Cauca, la necesidad primaria es la presencia del Estado en los territorios, considerando la posibilidad de hacer efectivos acuerdos mínimos para, por ejemplo, hacer un desminado humanitario o la desvinculación de los menores de edad de la guerra.