Paz y narcotráfico, temas sin agenda

A pesar de que la economía es el asunto prioritario del encuentro Santos-Obama, el proceso de paz con las Farc tendrá que ser abordado.

Las delegaciones de paz de las Farc y el Gobierno en la entrega por parte de la ONU y la Universidad Nacional de las propuestas ciudadanas en el tema de cultivos ilícitos. / Prensa alto comisionado para la Paz

En la agenda oficial del encuentro en la Casa Blanca, que el presidente Juan Manuel Santos tendrá el próximo 3 de diciembre con el primer mandatario de Estados Unidos, Barack Obama, no aparece como tema central. Sin embargo, el proceso de paz que el Gobierno adelanta con las Farc en La Habana (Cuba) será sin duda un punto crucial del diálogo entre ambos jefes de Estado. No sólo porque la negociación con la guerrilla ha entrado en una fase definitiva, sino porque en este momento se discute un asunto clave para los dos países: el narcotráfico.

Esta semana, en el inicio del decimoséptimo ciclo de conversaciones en La Habana, la delegación de las Farc hizo público un documento de análisis sobre su perspectiva alrededor del problema de las drogas ilícitas. De su lectura quedó claro que además del fracaso mundial de la guerra contra las drogas, como lo han reconocido varios líderes internacionales, incluso el presidente Santos, se trata de hacerle frente a un negocio corporativo transnacional y, por lo tanto, la solución no puede depender de un país ni de un proceso de paz.

Las Farc recordaron las palabras del comandante Timoleón Jiménez o Timochenko, cuando reconoció que ante la expansión de cultivos ilícitos en sus zonas de influencia no tenían ni el derecho ni la vocación de prohibirle a la población campesina la única alternativa que en su momento tuvo para sustentar su “pírrica subsistencia”. En este contexto, la fórmula de la guerrilla claramente apunta a buscar una alternativa distinta a la represión. Pero tratándose de un proceso de paz, tampoco puede marginarse de una solución real.

Por eso, el encuentro entre los presidentes Santos y Obama tiene un ingrediente inaplazable. Si las Farc se comprometen a ayudar a la erradicación del narcotráfico en Colombia, como se dice que sería su propósito, el gobierno de Estados Unidos sabe perfectamente que podría quedar desactivado un alto porcentaje del negocio ilícito. En esas condiciones, el proceso de paz entre el gobierno Santos y las Farc podría entrar dentro de sus prioridades. En términos estadísticos, el cálculo es de una reducción muy significativa de la producción.

Es claro que en la actual coyuntura política de Washington, la oposición republicana no está en la tónica de sumarse a los planes del presidente Obama y mucho menos en un tema tan espinoso como darle una mano al proceso de diálogos entre el Gobierno colombiano y las Farc. Pero en perspectiva de Estado, tratándose del aliado incondicional del gobierno norteamericano en América Latina, Colombia es determinante si se quiere avanzar hacia una nueva era que supere el fracaso internacional de la guerra contra las drogas.

No obstante, además del dilema de los cultivos de coca, su posible erradicación y la formulación de opciones de desarrollo alternativo, las Farc tienen un aspecto pendiente conexo a esta problemática: la extradición. Con un capítulo pendiente que dentro de sus objetivos es una meta prioritaria: sacar de una cárcel de Estados Unidos al jefe guerrillero Ricardo Palmera o Simón Trinidad. Aunque hoy sigue siendo apenas un reclamo político de la delegación de las Farc, es un tema que tarde o temprano tendrá que abordarse.

No sólo por lo que representa para las Farc, sino porque puede constituir un antecedente a tener en cuenta hacia el futuro. Todos saben que más de uno de los principales líderes de la guerrilla tienen imputaciones judiciales en Estados Unidos. Por eso, de alguna manera, gravita el resquemor de que cualquier día los comandantes de la insurgencia puedan ser enviados a prisiones norteamericanas. De esta manera, no se trata de un asunto pasajero, sino consustancial a las discusiones de fondo, y Washington es también protagonista de este debate.

Si a estas realidades se suman los operativos que el Ejército despliega contra aquellos frentes de las Farc que, según las autoridades, se han involucrado con la obtención de utilidades del “régimen de regulación a las transacciones del narcotráfico”, no cabe duda de que el encuentro entre los presidentes Santos y Obama puede destinarle un tiempo importante al proceso de paz de La Habana. Las actuales discusiones sobre el problema de las drogas ilícitas, cuarto punto de la agenda de diálogos, pasan necesariamente por la Casa Blanca.

De paso, es el estreno de Luis Carlos Villegas como nuevo embajador en Washington, y como se sabe, hasta hace pocas semanas era plenipotenciario del gobierno Santos en la mesa de negociaciones de La Habana. Un ingrediente más que garantiza que más allá de evaluar el TLC, revisar los temas de cooperación bilateral o hablar de Nicaragua y sus pretensiones en el mar Caribe, el encuentro entre Santos y Obama del próximo 3 de diciembre tiene un ítem que no aparece en la agenda, pero que será abordado: la paz de Colombia y la erradicación del narcotráfico.

 

 

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@Nenarrazola