Lo que pensaba Álvaro Uribe hace 36 años sobre la paz

Uno de los mayores detractores del proceso de paz que adelanta el presidente Santos con las Farc escribió en 1980 una columna sobre un concepto liberal de la paz en el periódico El Mundo.

En 1980, cuando Álvaro Uribe se desempeñaba como director de la Aeronáutica Civilejerciera, y pregonando los valores del partido Liberal del que hacía parte en ese entonces, el expresidente y hoy senador de la República dejó plasmada en una columna del periódico paisa El Mundo su concepción sobre la paz.

En el escrito, habló de la paz entendida como la confianza popular en la autoridad, al creerla “capaz de entronizar la justicia”. “Pienso en una paz así entendida entre el poder y el pueblo y en la comunidad”, aseguró Uribe hace 36 años.

Uribe, quien seis años después sería por primera vez senador, censuró la idea de lograr la paz disparando los fusiles “contra las voces disidentes” y de aplazar la paz “hasta cuando se haya implantado la dictadura del proletariado”. Y defendió el derecho de las minorías.

Asimismo criticó la libertad de empresa por generar monopolios y dejar por fuera a la mayoría de los ciudadanos, por lo que era partidario de un capitalismo social o de un socialismo liberal, en el que la clase obrera y los grupos marginados tuvieran participación.

El expresidente es un hoy uno de los opositores más fuertes del proceso de paz que adelantan en Cuba el gobierno Santos y la guerrilla de las Farc. Su partido, Centro Democrática, lidera la campaña por el no en el plebiscito que aprobó la Corte Constitucional el 18 de julio como mecanismo para refrendar el acuerdo final de paz al que lleguen las partes negociadoras.

"Yo no veía razón para que la Corte declarara inconstitucional la trampa, porque el gobierno es leguleyo y sabe ajustar sus trampas a la ley (...), entonces hay compañeros que dicen que así la Corte lo haya declarado constitucional, eso es ilegítimo y yo creo que todos estamos de acuerdo en que es ilegítimo", dijo hace días Uribe en el programa radial "La Hora de la Verdad".

El tema del umbral ha sido uno de los más controvertidos por el hoy senador. "Haber bajado el umbral del 50 al 13%, con la anotación de que es un 13% (del censo electoral que debe votar) por el sí, 4 millones 500 y tantos mil votos, es una trampa del gobierno, pero el gobierno y el Congreso pueden hacer eso porque infortunadamente la Constitución del 91 no definió el umbral", agregó.

Sin embargo, hace cuatro días, el uribismo aseguró que apoyaría el proceso de paz si no hay impunidad ni elegibilidad de guerrilleros dejando abierta la posibilidad de dar un giro en su posición frente a los acuerdos de La Habana .  “Si Gobierno y Farc aceptan reabrir algunos capítulos como impunidad y elegibilidad, estaríamos dispuestos a participar en esa conversación”.

Esta es la columna completa publicada en El Mundo (Vea aquí la publicación original):

La paz: un concepto liberal

Poco hablamos de paz los liberales a pesar de ser un elemento esencial de nuestra actitud política. Escribo actitud política y no doctrina, porque sonaría a doctrina oficial obligatoria, incompatible con la actitud política dialéctica decidida a reformar los esquemas capitalistas o comunistas, por aceptar estos los excesos del Estado sobre el individuo, del individuo sobre la sociedad, de la mayoría sobre la minoría.

La armonía entre los ciudadanos está fundada en el retoque frecuente al establecimiento y aún en la suplantación, por acción del Estado o de la oposición, creándose confianza popular en la autoridad al considerarla capaz de entronizar la justicia. Pienso que una paz así entendida entre el poder y el pueblo y en la comunidad, puede ser tema de los liberales.

Son por igual censurables el propósito de lograr la paz disparando los fusiles contra las voces disidentes, y el de aplazar la paz hasta cuando se haya implantado la dictadura del proletariado, o aún más, hasta cuando se haya logrado la utopía utópica de destruir el Estado. En el pensamiento liberal la paz es una constante concomitante con la evolución social y con la defensa de los valores conservables, no obstante las decepciones sufridas en el caso concreto de la Historia Colombiana, como la persecución desatada contra el partido desde 1946, y la lucha violenta contra las instituciones que él mismo busca perfeccionar, de parte de sectores de oposición que ha defendido, ha redeado de garantías, sectores conocidos legalmente como partidos, sindicatos, etc., no por actividad de una mayoría que así lo exija, sino por la vocación liberal de respetar el derecho de las minorías.

El liberalismo posee una noción infinita de la evolución social. No se resigna con el incipiente funcionamiento del Estado de Derecho como sustituto del absolutismo, ni con la “libertad de empresa” acogida en oposición a las cerradas estructuras de propiedad feudales y gremiales. No se acepta como tal el simple desarrollo de los usos sociales, y la distribución del ingreso y la propiedad constituyen los puntos básicos de evolución moderna.

Como quiera que la libertad de empresa ha generado prácticas monopolísticas que excluyen del dominio y goce de los bienes al grueso número de ciudadanos, se hace necesario promover el capitalismo social o socialismo liberal, con participación equitativa de la clase obrera y de los grupos marginados en la propiedad y en el producto nacional bruto.

Evolución factible con patriótica concertación entre gobierno, empresarios y trabajadores, sin traumatismo a las formas democrático-republicanas, construyéndose en efecto las condiciones socioeconómicas que permita al Estado Liberal justificarse por sus ejecutorias, liberándose de la encrucijada actual que lo desnaturaliza cuando aplica la fuerza para defenderse y lo destruye cuando en un alarde de tolerancia no se defiende. Sería la causa eficiente de la paz sólida, una realización más de las tantas del liberalismo colombiano, y el cimiento fuerte al consenso mayoritario, afianzado por su actividad en nuestro país, en torno a la democracia pluralista como mecanismo de provisión del Estado y de entendimiento entre los asociados.

No olvidemos que en ningún estadio histórico puede el liberalismo izar la bandera de las mentalidades contemplativas porque degeneraría en conservadurismo.

Por el contrario está obligado a animar el debate sobre las contradicciones sociales y a proponer soluciones, sin perjuicio de alinderar fronteras con los apologistas del totalitarismo, cuya acción disminuye con la evolución social, y con el terrorismo que utiliza la violencia porque sí y contra todo.