Pensando en el fin del conflicto

Siete oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas, conocedores a fondo de la guerra contra las Farc, asuntos de inteligencia militar y de derechos humanos, trabajan ya en La Habana junto a la delegación de paz del Gobierno.

Los generales (r) Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo, actuales miembros plenipotenciarios de la mesa de diálogos de paz de La Habana, coordinarán la subcomisión para el fin del conflicto. / EFE

El proceso de paz que adelanta el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Farc en La Habana (Cuba) tuvo ayer uno de sus momentos más cruciales en los casi dos años de negociaciones que lleva: la puesta en marcha de una subcomisión técnica que comenzará desde ya a avanzar en el punto de la agenda referido al cese el fuego y de hostilidades bilateral, el fin del conflicto y la dejación de armas. Esta subcomisión está integrada, de parte del Gobierno, por 10 personas, siete de ellas militares activos de las Fuerzas Armadas de los más altos rangos.

Se trata del general del Ejército Javier Alberto Flórez Aristizábal, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares; los coroneles de esa misma institución Vicente Sarmiento Vargas y Saúl Rojas Huertas, el capitán de fragata Ómar Cortés Reyes, el teniente coronel de la Policía Edwin Chavarro Rojas, el mayor de la Fuerza Aérea Rodrigo Mezú Mina y la teniente de navío Juanita Millán Fernández. Junto a ellos estarán Mónica Cifuentes Osorio, directora jurídica de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz; César Restrepo Flórez, director de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa, y Alejandro Reyes Lozano, asesor también del comisionado para la Paz.

Este equipo técnico, coordinado por los generales (r) Óscar Naranjo y Jorge Enrique Mora, miembros plenipotenciarios del gobierno Santos en la mesa de conversaciones, tiene como objetivo “iniciar la discusión de diferentes opciones y modelos para la dejación de armas, desmovilización y cese el fuego, que sólo se implementarían en caso de que haya la firma de un acuerdo final”, según se aclaró en un comunicado gubernamental. En el mismo se aclara que la subcomisión “no se constituye como una instancia de negociación, sino como un equipo de trabajo técnico que apoyará a la mesa de conversaciones con la preparación de insumos y procedimientos”.

Y es que la presencia de militares activos en los diálogos de paz ha causado roncha en algunos sectores políticos del país. Para el Centro Democrático, el partido que lidera el expresidente Álvaro Uribe, es “un deshonor llevar a miembros de las Fuerzas Armadas a la guarida en la que se encuentran los jefes de las Farc”. Incluso, no faltó quien insinuara que la presencia de esos altos oficiales en Cuba es obligada, pues el haberse negado habría implicado el fin de sus carreras. Sin embargo, El Espectador conoció que desde antes de iniciarse el proceso de paz con las Farc, este grupo de uniformados ya se estaba capacitando en temas de lo que en términos castrenses se denomina ‘DDR’, es decir: desarme, desmovilización y reinserción.

Es así como el Gobierno, en cabeza de la oficina del Alto Comisionado para la Paz y la Alta Consejería para la Reintegración, los ha llevado a eventos con expertos internacionales para estudiar esos aspectos, considerados claves para la terminación del conflicto y la firma de acuerdos. Todos —a excepción de la teniente de fragata Juanita Millán— son oficiales de combate e inteligencia, que han enfrentado a las Farc en el campo de operaciones y que, como el general Flórez, conocen de primera mano a la guerrilla. Pero también son militares reflexivos, estudiosos y que se han formado a fondo, desde antes del proceso de paz, en derechos humanos, Derecho Internacional Humanitario (DIH) y estudios políticos.

En el caso del general Flórez, el oficial de más alto rango en la subcomisión, se trata de un militar perteneciente al arma de ingenieros militares, quien ha estado gran parte de su vida en las zonas de guerra, por fuera del trabajo de oficina. Un “tropero”, se dice en los cuarteles. Cuando era mayor, lideró como comandante de la entonces Unase (Unidad Antisecuestro y Extorsión), varios de los rescates de secuestrados de las Farc más exitosos. Más adelante fue comandante de las Fuerzas Especiales y de la Fuerza de Tarea Omega, unidades que dieron fuertes golpes a las Farc. Es un general muy querido por la tropa, fuerte y pragmático, pero con buen trato hacia sus subalternos.

Por eso no es casualidad que ahora Flórez esté liderando el grupo de militares en Cuba. Se trata de uno de los oficiales que más han combatido a las Farc, que conoce sus planes y estrategias y, además, tiene toda la confianza de la cúpula. Fuentes cercanas al proceso le aseguraron a este diario que todos los escogidos son los mejor calificados dentro de las Fuerzas Armadas frente a los temas de desarme, desmovilización, reinserción y DIH. Asimismo, que cuando se empezó a hablar en la mesa de la posibilidad de tener militares activos en la discusión, no hubo ninguna duda para los negociadores del Gobierno de que eran ellos, y no expertos civiles, los que debían entrar a definir los parámetros para la fase final del acuerdo, la dejación de armas y la reinserción de los futuros guerrilleros desmovilizados a la sociedad.

Ayer, en una declaración pública desde La Habana, al cierre de la ronda 27 de conversaciones, el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, reconoció que en estos últimos días el proceso ha adquirido una nueva dinámica, a la vez que les respondió a los críticos de la presencia de los militares en la mesa: “En esta discusión, por razones obvias para todos, necesariamente tienen que estar nuestros militares y policías activos. Eso es lo que ha pasado en todos los procesos de paz serios y exitosos en el mundo, y eso es lo que también tenemos que hacer nosotros”, dijo. Para el Gobierno, la presencia de las Fuerzas Armadas en las negociaciones es más una garantía. “Oír los consejos de la Fuerza Pública dignifica a sus miembros”, enfatizó, aclarando que, de todas maneras, las decisiones y la responsabilidad de llegar a acuerdos siguen reposando sobre los negociadores plenipotenciarios, siguiendo las instrucciones del presidente Santos.

Por el lado de las Farc, la expectativa está en conocer quiénes en su nombre se sentarán cara a cara con los representantes de la Fuerza Pública. “Esperamos que en los ratos de trabajo conjunto que tendremos podamos compartir con el ser humano que está más allá del camuflado, del rango y de la rigidez del reglamento”, expresó el grupo guerrillero en un comunicado, aprovechando de paso para echarle más leña al fuego de los críticos, al señalar que se sienten en “igualdad de condiciones” para “iniciar las discusiones e intercambios sobre los asuntos del proceso cuya naturaleza es de importante trascendencia militar, pero que está rodeada de aspectos políticos nodales”. Y una coincidencia final en las palabras de las delegaciones de Gobierno y guerrilla: que con la instalación de la comisión histórica del conflicto, el jueves pasado, y de la subcomisión para el cese del fuego bilateral y la dejación de armas, el proceso de paz entró en su momento decisivo.