Elecciones presidenciales, a la vuelta de la esquina

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La campaña por la Casa de Nariño se precipitó y desde 2020 ya había aspiraciones decantadas para 2022. Este año será electoral y hay variedad de propuestas de sectores alternativos frente a la continuidad del uribismo, que podría reciclar el fantasma del “castrochavismo”.

Nunca se equivocan quienes dicen que en Colombia se vive de elección en elección. No solo porque los calendarios electorales llevan a que las presidenciales y las regionales queden en años consecutivos, sino porque una vez saldado el ajetreo de una campaña —las correrías, la maquinaria, los votos y los comicios— es muy poco el margen que tiene un mandatario electo para evitar que sus detractores, o incluso sus mismos copartidarios, le empiecen a buscar un sucesor que logre enderezar el rumbo de su proyecto político, más allá del período constitucional. El caso del presidente Iván Duque Márquez, para diversos analistas que han tirado línea durante los dos años y medio de su mandato, si bien tiene elementos particulares, no se aleja mucho de ese escenario en el que los perdedores dicen tener bajo la manga la solución a los problemas.

Sobre todo porque en materia electoral se podría parafrasear aquel dicho que caracterizó los diálogos con las Farc en La Habana: nada está acordado hasta que todo esté acordado. Por estos terrenos se podría interpretar que nada está ganado hasta que todo, en especial las urnas, canten el veredicto. Y todo ocurre de manera meteórica. Por eso Duque, a principios de 2017, era un senador más de la bancada uribista en el Congreso —además, sin mucho reconocimiento nacional—, pero para las mismas fechas de 2018 ya era el poderoso candidato de Álvaro Uribe, que había dejado en el camino a una candidata tradicional como Marta Lucía Ramírez y quien, al final, terminó por ser la piedra en el camino para el proyecto político que durante años han venido construyendo personajes como Gustavo Petro o Sergio Fajardo.

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Es así como, con las elecciones a la vuelta de la esquina, hay candidaturas prácticamente decantadas y en varios de los partidos políticos del espectro nacional los procesos están bastante adelantados. Esos procesos, como ha sostenido el senador Jorge Robledo en varias ocasiones, han sido acelerados, posiblemente, por la gestión del presidente Duque y las cifras de impopularidad que han reflejado las encuestas. El común denominador es que el primer mandatario, tras dos años en el poder, no ha logrado definir de manera clara una bandera de gobierno, como si lo lograron, por ejemplo, Uribe con la seguridad democrática o Juan Manuel Santos con el Acuerdo de Paz.

Casi que lo único que unió al país alrededor del gobierno Duque fue la lucha sanitaria contra el nuevo coronavirus. Eso le significó al primer mandatario un repunte en la aprobación de su gestión, sin embargo, decir que la pandemia le dio un rumbo al Gobierno Nacional es desconocer que la pelea en contra del virus desconocido fue una prioridad para una gran mayoría de gobiernos alrededor del mundo, como una respuesta apenas lógica. De hecho, el repunte en las encuestas de opinión no fue sostenido y, apenas el coronavirus comenzó a ser parte del paisaje, las cifras volvieron a los números de antes.

La baraja alternativa

Lo que se verá en la campaña presidencial para 2022 será la disputa entre varios modelos de país, con la repetición de varias candidaturas y, seguramente, la acentuación de otros tantos fantasmas. Uno de los primeros que había anunciado su participación en la contienda fue Jorge Robledo, quien en 2018 formó parte de la Coalición Colombia junto a Claudia López y Sergio Fajardo, el hombre que terminó por llevar a las urnas la propuesta de esa alianza de alternativos. Pero Robledo deberá medirle el aceite a su propia popularidad sobre la aún débil estructura de su movimiento Dignidad. Esa colectividad fue producto de la escisión de su sector político del Polo Democrático, que ya tiene en el senador Alexánder López a su candidato a la Casa de Nariño. Robledo ha propuesto varias opciones para escoger a un candidato presidencial por ese movimiento, pero sigue siendo la opción más fuerte.

También está en el juego el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, quien el día después de las elecciones de 2018 aseguró que no sería candidato presidencial nuevamente, pero cambió de opinión. Fajardo, hasta el momento, ha mantenido la independencia de su aspiración a través de su movimiento Compromiso Ciudadano, pero no se descarta que pueda ser seducido desde las toldas de la Alianza Verde, en donde ya se ha hablado de varias estrategias para la escogencia de un candidato propio. En febrero de 2020, antes de que se cerraran las fronteras del planeta para evitar la propagación del nuevo coronavirus, los verdes se reunieron en Fusagasugá y hablaron de hacer una consulta interna, otra abierta con sectores alternativos o que Fajardo llegara al partido y fuese su candidato. En esa consulta interna estarían las senadoras Angélica Lozano e Iván Marulanda, y los exgobernadores Camilo Romero y Carlos Amaya.

Desde la Alianza Verde se comenta que ha habido muy pocos avances en la definición de un mecanismo de elección y que se espera que este año, con un panorama más claro sobre la pandemia y con la vacuna en el horizonte, se tomen decisiones al respecto. Mientras tanto, la candidatura de Fajardo ha tenido que enfrentar ataques constantes de Gustavo Petro, uno de sus contradictores, y las acusaciones que recaen sobre su papel, como gobernador de Antioquia, en las fallas halladas por la Contraloría General en la planeación y ejecución del proyecto de Hidroituango.

Perfilado también ha estado el senador Petro, a quien Fajardo le ha cerrado la puerta en reiteradas ocasiones para una alianza. Ese elemento, guardando las proporciones de la próxima contienda que tendría un mayor número de candidatos, pondría las cosas de forma similar a la elección de 2018, cuando Duque se afianzó en el voto de la derecha mientras que Petro y Fajardo se disputaron en gran parte los votos de la centroizquierda. De allí que ya se haya planteado que el único beneficiado con los ataques de Petro a Fajardo o con una posible sanción de la Contraloría en contra el exgobernador de Antioquia será el eventual candidato del uribismo.

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Ahora, en la Colombia Humana de Petro también se deberán tomar acciones urgentes sobre el papel que ha reclamado la representante Ángela María Robledo, quien ya hizo público que hay un distanciamiento entre ella y el líder de la izquierda, y dio a conocer los llamados que desde la Alianza Verde le han hecho para que regrese. Robledo es una ficha clave en Colombia Humana porque a su alrededor reúne una parte no despreciable del voto de las mujeres y se ha convertido en un referente de la lucha feminista en un año en el que se han logrado victorias políticas importantes paras las mujeres.

En pocas palabras, lo que entre líneas se ha pedido es que se abra la posibilidad de una consulta para elegir al candidato presidencial de la Colombia Humana y que no se dé por hecho que es Petro. De lo contrario, una futura aspiración de Robledo desde a la Alianza Verde caería bien. “Diría que no hay espacio para mí en Colombia Humana, prácticamente (…) Tampoco había una posibilidad de hacer una consulta en la Colombia Humana, la propuesta ha llegado desde el verde”, comentó Robledo en entrevista con El Espectador.

Todavía falta por definir cómo jugará el autodenominado grupo de los liberales socialdemócratas (LSD), en donde convergen de manera todavía nebulosa varios sectores que han hecho parte de la política tradicional y que aún pertenecen a partidos como la U, Cambio Radical o el Liberal, pero que hoy lideran diversas propuestas de corte progresista, como la renta básica, la despenalización del consumo de drogas y la defensa del Acuerdo de Paz. En agosto de 2020, El Espectador reveló los primeros movimientos de este grupo conformado por senadores como Roy Barreras, Rodrigo Lara, Luis Fernando Velasco o Temístocles Ortega.

Con la base de que “lo que hay no es suficiente”, los LSD también buscan llegar con candidato a la Presidencia y no se descartan los nombres de Roy Barreras, Juan Fernando Cristo, Humberto de la Calle, Rodrigo Lara, Juan Manuel Galán, Luis Fernando Velasco y Alejandro Gaviria. De hecho, Barreras se han montado en el barco de un referendo para habilitar la revocatoria del mandato presidencial en Colombia, una figura que no está permitida por Constitución, y ha centrado toda su campaña en contra de la gestión de Duque. Teniendo en cuenta que 2021 será un año de movidas políticas y electorales, las voces más sensatas aseguran que los tiempos para un referendo de esa magnitud no dan ni para tramitarlo en el Congreso ni mucho menos para votarlo, pero sí es una efectiva plataforma para lanzar una candidatura.

“Ojo con el 22”

Cuando, desde su finca El Ubérrimo, el expresidente Uribe habló por primera vez de manera extensa en libertad, el pasado 12 de octubre—tras dos meses de la detención domiciliaria dictada por la Corte Suprema—, culminó su discurso con una frase que marcó el inicio de la campaña uribista por la continuidad en la Casa de Nariño: “Saludo, compatriotas. Ojo con el 22. Por la defensa de la libertad y la democracia, hasta el final”. Desde las filas del uribismo, lo dicho por Uribe se entendió como un llamado a defender al país de las propuestas “populistas”, por lo que no es difícil inferir que el discurso del “castrochavismo” será reciclado en la campaña de 2022.

Así lo señaló el profesor y a analista político Yann Basset en su más reciente artículo en Razón Pública. “El uribismo pretende reeditar la estrategia de lucha contra del “castrochavismo” que triunfó en 2018 y elegir a Gustavo Petro como el adversario a vencer, aprovechando la resistencia que suscita entre la mayoría del electorado. En encuestas recientes Petro lideró la intención de voto (...) el escenario de las pasadas elecciones puede repetirse”.

Lo que ha sucedido en ese espectro político desde octubre son varias cosas. Primero, salió el sonajero de candidatos propios desde el Centro Democrático, en donde están las senadoras Paloma Valencia o Paola Holguín. También se habla de las posibles renuncias de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez o del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, quienes nunca han ocultado sus intereses de levantar las banderas de la derecha. Si no se quieren inhabilitar, ambos deberán renunciar en el primer trimestre de 2021. De esa baraja también podría ser parte un candidato del Partido Conservador, que pretende tener ficha propia y para lo que suenan los senadores David Barguil o Efraín Cepeda, incluso la misma Ramírez.

Por otra parte, aunque ha dicho de manera pública que no será candidato por sus compromisos empresariales, el hijo del expresidente Uribe, Tomás Uribe Moreno, ha sido puesto a sonar por varios congresistas y personajes cercanos al uribismo. Es más, varios medios han considerado que las opiniones de Uribe Moreno frente a temas como el salario mínimo o la jornada laboral son relevantes.

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Mientras Uribe Moreno no se decida y no se hable de una propuesta desde el uribismo para escoger candidato único, el hecho más protuberante hasta el momento sigue siendo la peregrinación hacia El Ubérrimo que varios líderes políticos hicieron el fin de semana del 11 y 12 de diciembre a la finca de Uribe. Ese viernes, hasta allí llegó la presidenta del Partido de la U, Dilian Francisca Toro, mientras que el sábado, como lo registró La Silla Vacía, llegaron Fuad Char, Alejandro Char, exalcalde de Barranquilla, y Arturo Char, presidente del Senado, para hablar de política y las elecciones de 2022.

Si bien no resulta rara una reunión entre la casa Char y Uribe, desde el interior del uribismo, incluso del mismo charismo, todavía no se dilucida qué tipo de alianza se podría forjar si se tiene en cuenta que Alejandro, el exalcalde, tiene fuertes aspiraciones presidenciales y el uribismo tiene de dónde escoger un candidato fuerte para pelearle a Petro o a Fajardo. “Si el tema se centra en las aspiraciones personales de Char y lo que quiera Uribe, no le veo mucho futuro a eso”, comentó una fuente cercana a los Char en Barranquilla. También se llegó a rumorar que el expresidente César Gaviria, director del Partido Liberal, había sostenido reuniones con Uribe, pero la información fue desvirtuada por fuentes de esa colectividad. Por los lados del liberalismo, cuya dirigencia ha sido criticada por varios de sus militantes, aún no hay anuncios de candidaturas, pero las habrá.

El año que apenas comienza promete centrar la atención de los colombianos en la campaña presidencial y las alianzas y decisiones sobre consultas deberán definirse aún con la pandemia encima y, seguramente, con restricciones para el proselitismo en la calle.

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