¿Quién es Alicia Arango, la nueva ministra del Interior, y cómo cae su llegada en el Congreso?

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Arango deja el Ministerio de Trabajo y entra a la cartera política en reemplazo de Nancy Patricia Gutiérrez. Es de la entraña uribista, y una de las fichas claves del presidente Iván Duque.

No fueron pocos los vientos que por meses corrieron alrededor del Ministerio del Interior, cargando una pregunta: ¿el presidente Iván Duque cambiaría la jefa de esa cartera? En esa carrera de conjeturas sonaron varios nombres pero quedó uno: el de Alicia Arango. La política cartagenera dejó el Ministerio de Trabajo, entidad que dirigió durante los últimos 16 meses, y aceptó tomar las riendas de la relación con el Congreso. Se impuso para ese puesto, por encima de personajes como Dilian Francisca Toro, exgobernadora del Valle, y Miguel Uribe, excandidato a la Alcaldía de Bogotá.

¿Quién es ella?

Alicia Arango tiene 61 años y en su amplia carrera política ha pasado por muchos cargos. Es administradora de empresas y especialista de Gestión Pública, de la Universidad de los Andes. Inició como jefe de personal y luego fue asistente de la dirección de Coldeportes, según documentó La Silla Vacía. Trabajó de la mano de Adelina Covo (excandidata a la Alcaldía de Cartagena en las elecciones regionales de 2019) como asesora del Ministerio de Educación de 1995 y en años posteriores dirigió como delegada del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en algunos departamentos. En 1999 lideró el Instituto de Recreación y Deporte de Bogotá, durante la alcaldía de Enrique Peñalosa. Y en 2002 se lanzó a escalar en el uribismo. 

En 2002, apenas se edificaba el grueso capital político que durante años ha ostentado Álvaro Uribe Vélez, expresidente y senador de la República. En esa época, Arango pedaleó junto al entonces exgobernador de Antioquia en su campaña presidencial. Uribe ganó y con esa victoria ella se convirtió en la secretaria privada de la Casa de Nariño, trabajo que conservó durante los dos periodos del exmandatario. Fue su mano derecha y una de las personas que le habló al oído por ocho años, consolidándose como una de sus fichas más importantes. Luego de eso, Arango pasó unos años fuera del país: fue embajadora de Colombia ante la ONU, en Ginebra, como reemplazo de Angelino Garzón, durante el gobierno de Juan Manuel Santos. 

Pero regresó y en 2014 aceptó la dirección del Centro Democrático, hasta 2015. Con esa influencia al interior del partido de derecha, Arango fue una de las principales promotoras de la candidatura presidencial de Iván Duque en 2018. Primero, dentro del Centro Democrático pues ‘sacó la cara’ por él cuando los uribistas radicales no vieron con buenos ojos su aspiración, dada la corta trayectoria del jefe de Estado en la política. Lo apoyó nuevamente en la consulta interpartidista para elegir finalmente a quien iría por la presidencia, ganándole la postulación a Marta Lucía Ramírez y a Alejandro Ordóñez, hoy vicepresidenta y embajador en la OEA, respectivamente. Y lo hizo una tercera vez: estando en campaña fue su jefa de Debate, en conjunto con Luigi Echeverri. 

El cobijo que le dio al joven mandatario cobró sus réditos cuando este se posesionó el 7 de agosto de 2018. En los corrillos políticos se habló de que Arango sería ministra de Cultura o que trabajaría como la secretaria general de Presidencia. También sonó para ser ministra de Relaciones Exteriores, pero todas esas suposiciones se esfumaron porque aceptó ser ministra de Trabajo y casi cumple los dos años en ese cargo. 

En esa cartera impulsó temas como la definición del salario mínimo entre los empresarios y los gremios, y la necesidad de resolver y balancear las condiciones de trabajo de los conductores de taxis y de plataformas como Uber. Luego de meses de trabajo, Arango salta el trampolín y cae en la cartera de la política. 

Lo que dicen los congresistas sobre ella

Su llegada, por supuesto, ha generado reacciones desde todas las orillas políticas, pero para leerlas debe tenerse en cuenta, en primer lugar, el contexto de la relación entre el Palacio y el Capitolio. Casi desde el inicio de este gobierno, el jefe de Estado y los parlamentarios han cultivado un vínculo tenso, lleno de inconformidades. Sin la llamada  “mermelada”, los proyectos de ley del Ejecutivo han caminado cojos en ambas cámaras, y varios partidos han alegado la falta de representatividad en esta administración. A ello, las voces del mundo político le sumaron la calificación de la gestión de la ministra saliente, Nancy Patricia Gutiérrez. Los reproches a su trabajo, hechos por diferentes representantes y senadores a lo largo de estos 16 meses, hacen que la llegada de una figura nueva como la de Arango, traiga consigo un nuevo aire para afianzar las diferencias. 

“Alicia Arango es de nuestra mega entraña. Es una persona del corazón del uribismo. Creo que tiene unos hábitos de trabajo muy superiores a lo que había en el Ministerio del Interior”, comentó un legislador de ese partido. La definió, además, como una mujer “trabajadora, que no se la va a dejar montar, determinada”. Con eso claro, su perfil y el acompañamiento que le ha dado a este gobierno se presta también para poner a dialogar a los uribistas radicales con los que podrían llamarse “duquistas”, es decir, todos los funcionarios que incursionaron a sus cargos de la mano del presidente y que no son, necesariamente, personas determinadamente de los afectos y la ideología de la colectividad. 

La idea sobre ella se refuerza en otros comentarios de otros congresistas uribistas: “Teníamos mucha expectativa con Nancy Patricia Gutiérrez, pero ‘ni fu, ni fa’, no pasó mucho cuando fue ministra. Alicia es la antítesis de eso, es respetada también en otros grupos políticos”, declaró otro. 

Esas palabras están, un poco, alineadas con lo que dijo el representante Inti Asprilla, de la Alianza Verde, sobre el nuevo nombramiento de Arango. “Con todo lo que tiene que ver con el gobierno de Iván Duque soy un hombre realista y pesimista. No tengo expectativa con sus ministros, pero creo que la ministra saliente se destaca por su falta de capacidad para tener un diálogo medianamente inteligente con el Congreso. Ahora, Alicia Arango continuará con la línea uribista. Pero, la expectativa que tengo es que llegue al Congreso conociendo los temas a debatir, los proyectos, los debates de control político y las circunstancias detrás de ellos, algo que no pasaba con Gutiérrez”, expresó. 

Pese a esas consideraciones, los parlamentarios tiene algo claro: el cambio de una ministra no representa el giro de un gobierno y su relación con los partidos políticos con representatividad en la Cámara y en el Senado. Es decir, los parlamentarios saben que ese cargo tiene límites y, si bien Arango cuenta con reconocimiento y cualidades políticas, las relaciones solo mejorarán si con ello viene acompañado un mensaje directo desde la Presidencia. 

“No es algo tan sencillo como que una persona nueva tome el cargo y mejore el vínculo entre el Ejecutivo y el Legislativo. Eso no depende únicamente de los ministros. Para que el Congreso funcione pues tienen que dar puestos y esa es una orden que da el presidente”, aseguró un político uribista. En sus palabras hay un aliciente más: los puestos de los que habla los quieren, también, los congresistas del Centro Democrático. “Entonces, volvemos al inicio, Alicia puede ser muy de la entraña, pero eso no es suficiente. Por encima de eso están los intereses ulteriores burocráticos”, añadió. 

En eso concuerda un legislador de Cambio Radical. “Alicia Arango tiene experiencia administrativa y se espera una relación abierta y fluida con el Congreso. Esperamos que tenga la inteligencia para leer el momento que atraviesa el país. Eso permitirá que se avancemos y se saquen adelante las iniciativas, institucionales, las del Congreso, pero también las sociales que se enmarcan, por ejemplo, en el paro nacional”. Manifestó. Pero fue tajante sobre cómo llegar a ese fin último: “Los ministros tienen limitaciones y por eso creo que Nancy Patricia hizo un esfuerzo en su gestión política. Pero entonces, es el presidente el que debe crear las condiciones para que haya un mejor ambiente”, comentó, teniendo en cuenta que su partido está en diálogos con el Gobierno para decidir si se convierten en un partido que apoya la agenda del presidente, o no. Y eso, en realidad, es una tarea del propio Duque: proponer una agenda y estrechar los lazos con los congresistas basado en intereses, y no caer en la entrega de “mermelada”, algo que sus cercanos catalogaron como “el peor error que podría cometer”.

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