¿A quién le habla el presidente Santos?

Desde hace más de cuatro meses, Gobierno y Farc conformaron una subcomisión para discutir las propuestas de cese del fuego bilateral.

El presidente Juan Manuel Santos en su alocución del pasado miércoles desde la Casa de Nariño. / SIG

Las recientes declaraciones del presidente Santos sobre el proceso de paz hacen pensar, por momentos, que se necesita un manual para desentrañar cada una de sus frases. Desde el galimatías, nunca aclarado, de su propósito de terminar con la desconexión entre lo que sucede en la mesa de La Habana (la búsqueda de la paz) y lo que sucede en Colombia (la continuación de la guerra), recién terminaron los retiros espirituales en Cartagena con expertos internacionales en negociación, Santos abrió la puerta para todo tipo de especulaciones sobre si la Fuerza Pública ha cesado o debe cesar, desde ya, sus acciones ofensivas contra las Farc.

Pero la del miércoles pasado, en la que anuncia que le dio instrucciones al equipo negociador para que inicie cuanto antes la discusión del cese del fuego bilateral, fue interpretada en el país como un viraje frente a la posición que ha defendido durante sus 52 meses de mandato: negociar en medio del conflicto. Ahora, leyendo con atención los comunicados oficiales, en realidad, no hay tal cambio.

El 22 de agosto de 2014, en un comunicado conjunto, Gobierno y Farc informaron que se había puesto en marcha “la subcomisión técnica del punto 3 —Fin del Conflicto—, que iniciará su trabajo sobre los subpuntos del cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de armas, para lo cual estudiará, entre otros, modelos nacionales e internacionales. Lo anterior en el marco de lo establecido en el Acuerdo General”.

Es decir, hace más de cuatro meses las partes decidieron que esa subcomisión discutiría, en forma paralela al avance de la mesa de negociación, unas propuestas de cómo se podrían implementar esos dos puntos en concreto. Para tal fin, tanto el Gobierno como las Farc conformaron unos equipos técnicos. El de Santos, encabezado por un general de cuatro soles, el segundo oficial más antiguo de las Fuerzas Militares: Javier Flórez. Un hombre curtido en la guerra que llevaba 19 años en el monte combatiendo a la subversión.

El de las Farc, integrado también por hombres curtidos en el combate y que representan a los diferentes bloques que funcionan el país, como alias Carlos Antonio Losada, Romaña, Pastor Alape, Rubín Morro, Isaías Trujillo, Pablo Atrato y Pacho Chino, quienes llegaron a La Habana a cuentagotas desde el 4 de octubre hasta el 28 de diciembre del año pasado, cuando arribó el último, Joaquín Gómez, miembro del Secretariado y considerado por muchos como indispensable en esta fase del proceso, en la que se precipitan definiciones en lo militar.

Eso significa que la delegación de las Farc que hace parte de la subcomisión apenas se está conformando y, por lo tanto, ese órgano no ha empezado a funcionar, a pesar de que se instaló en agosto pasado. En ese sentido, las declaraciones del jefe de Estado pueden leerse como un mensaje directo a la comandancia guerrillera para que acelere cuanto antes la discusión de este punto.

Y, en ese mismo sentido, como un mensaje a la tropa pueden leerse las declaraciones del ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, apenas un par de horas después del pronunciamiento del primer mandatario: “Lo que el presidente ha dicho es que cuando se firmen todos los acuerdos —ojalá se llegue allá— pues ahí, de manera definitiva, habrá un cese definitivo. Pero mientras tanto, la Fuerza Pública tiene el deber de perseguir a cualquiera que esté en actividad delincuencial”.

- Leyendo discursos

Es claro que estos discursos hacen parte del tire y afloje propio de una negociación política. Las Farc han pedido el cese bilateral del fuego desde que se sentaron a hablar en Cuba, en 2012; el Gobierno se ha negado aduciendo que lo mejor es negociar en medio del conflicto, con la idea de no entregar ventajas en el campo militar, y solo ahora que ha decidido meterle el acelerador a fondo a la negociación, utiliza este elemento para presionar: si tanto quiere la guerrilla el cese bilateral, que se empiece a discutir ya y se avance en la agenda. De paso, deja abierta la posibilidad de buscar el momento oportuno para decretar tal cese.

El ministro Pinzón, por su parte, cumple su papel al salir a tranquilizar a la tropa. Su mensaje fue directo a los hombres que comanda: el cese bilateral no ha comenzado. Las Fuerzas Militares no han renunciado a su misión de adelantar las operaciones de registro y control en el territorio nacional, ni a “perseguir a los que estén en actividad delincuencial”. Su discurso no puede ser otro. Pero no significa que esté en contravía de la directriz de su jefe, el presidente Santos.

No hay nada más difícil para un Estado, han dicho quienes tienen experiencia en la materia, que manejar el tema de la negociación política con sus Fuerzas Militares. No es fácil explicarles a los hombres que han recibido el encargo constitucional de perseguir a los grupos armados irregulares que su comandante —el presidente— está hablando con los bandidos. Para un oficial que lleva meses en el monte, no es claro cuando escucha al jefe de Estado hablando de desescalar el conflicto o de que hay que acelerar el cese del fuego bilateral.

Por eso, aunque el mensaje de Santos tiene un destinatario claro, hay quienes creen que fue inoportuno y más si se tiene en cuenta que lo pronunció justo después de recibir la visita de los líderes del Frente Amplio por la Paz (Piedad Córdoba, Iván Cepeda y Clara López) llamados por las Farc a ser verificadores del cese de fuego unilateral que decretaron el 20 de diciembre, quienes fueron justamente a pedirle al Estado parar las operaciones ofensivas contra esta guerrilla.

En síntesis, el mensaje de Santos es de presión para las Farc y una respuesta al pedido del Frente Amplio; y el del ministro Pinzón es de tranquilidad para las tropas. Otra cosa es lo que suceda en el recinto del Palacio de las Convenciones de La Habana a partir del 26 de enero, cuando se inicie el próximo ciclo de negociaciones. Al fin y al cabo, la dinámica de la mesa es una y la de los discursos es otra.