La realidad política de la marcha

La movilización convocada para hoy tiene como telón de fondo fuertes pulsos políticos alrededor del cese del fuego bilateral y una posible asamblea nacional constituyente.

Hace un año el presidente Juan Manuel Santos y el alcalde Gustavo Petro sembraron un árbol por la paz. /Gustavo Petro

Un día más para las víctimas. Por cuarto año consecutivo desde que la Ley de Víctimas fue aprobada, hoy se conmemora el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas de este conflicto armado que desangra al país desde hace más de cinco décadas y algunos remontan sus orígenes al asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. Una fecha que no desaprovecharán las fuerzas políticas y sociales para dejar claros sus respaldos, pulsos, discursos y apatías.

Más allá de todo, este año la conmemoración renueva un profundo convencimiento: la mayor y más efectiva reparación a los dolientes de la guerra es el fin negociado de las confrontaciones armadas. Por eso se espera que la Marcha por la Paz, promovida por el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, organizaciones sociales, sindicales, artísticas, religiosas y políticas de izquierda, se convierta en un respaldo sin precedentes a los diálogos de paz que adelantan el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba).

Este respaldo, muy politizado, vendrá acompañado de varias propuestas. “Con nosotros cuentan para la paz nunca para la guerra”, dijo enérgico Luis Fernando Arias, consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), una de las convocantes y quienes encabezarán la marcha en Bogotá. Nasas, uitotos, wayuus, pijaos, muiscas y emberas, entre otros, marcharán con un solo bastón por la paz: un palo de chonta de seis metros con los colores del movimiento indígena, el cual sembrarán en el Centro Distrital de Memoria. “Nuestros territorios han sido los escenarios de la confrontación. No queremos ni una víctima más. El propósito de esta marcha, en la que esperamos movilizar 100.000 indígenas en toda Colombia, es una apuesta para que haya un cese del fuego bilateral y se inicien de una buena vez las negociaciones con el Eln”, aseguró Arias.

Las banderas de la Marcha Patriótica, otro de los principales promotores de la marcha, no están muy alejadas de las que ondeará la ONIC. “Nosotros salimos con tres grandes banderas: un cese bilateral del fuego, transformaciones sociales, como garantías políticas y menos desigualdad en el campo, y la tercera y central, la necesidad de una asamblea nacional constituyente, porque está claro que con la actual institucionalidad del país, sobre todo ante los escándalos de la Rama Judicial, no vamos a poder construir la sociedad del posacuerdo”, afirmó David Flórez, vocero de Marcha Patriótica. Tales ideas han sido respaldadas plenamente por Piedad Córdoba y el Distrito, de acuerdo con Ana Teresa Bernal, alta consejera distrital para los derechos de las víctimas.

Pero la marcha será también el escenario de lanzamiento de una nueva organización política juvenil que asegura tener presencia en 30 departamentos y comparte las banderas de Marcha Patriótica y Piedad Córdoba sobre el cese del fuego, el respaldo a los diálogos y la necesidad de una asamblea constituyente. Se trata de Juventud Rebelde, que espera movilizar 10.000 jóvenes en todo el país. Sin duda, un indicador más de lo politizada que está la movilización por sectores de izquierda.

Desde el Ejecutivo, el presidente Juan Manuel Santos homenajeará a las víctimas y los soldados caídos con una ofrenda floral, pondrá la primera piedra del Museo Nacional de Memoria Histórica, que se construirá en la calle 26 en Bogotá, y encenderá junto con el alcalde Gustavo Petro la llama de la paz, que arderá hasta que se firme un acuerdo con la guerrilla. Por su parte, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, se reunirá con las víctimas que asistieron a la mesa de conversaciones en Cuba para hablar del enfoque territorial que deberá tener la ejecución de la Ley de Víctimas.

Pese a estos gestos del Gobierno Nacional, hay quienes creen que este año los actos simbólicos planeados para el 9 de abril no han tenido el mismo despliegue mediático, político y económico de su parte, como tuvo, por ejemplo, la Marcha por la Vida, impulsada por Antanas Mockus el pasado 8 de marzo, para la cual, incluso, la primera dama hizo un video institucional con el fin de promover la participación. Ello quizá sea una forma de marcar distancia con propuestas a las que el Gobierno Nacional ha dicho que no, como el cese del fuego bilateral y la convocatoria a una asamblea nacional constituyente porque puede resultar inconveniente y retrógrada. Esto por no hablar de la derecha política, para quienes la marcha del 9 de abril por las víctimas y en respaldo al proceso de paz no existe y ha sido calificada como un artificio del santismo y la izquierda.

Una vez más, el 9 de abril, la fecha para reconocer a las víctimas, será un reflejo de lo que somos. Se escucharán discursos políticos y se silenciarán otras voces. Pero en torno a la posibilidad de una salida negociada al conflicto armado con las guerrillas será clave que todos los dolientes de esta guerra, no sólo los de una orilla política, se expresen, porque la paz que se pacta entre guerreros en La Habana necesitará todas las afirmaciones civiles en el país, sobre todo en una eventual refrendación.

 

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