La recta final en la carrera presidencial

Las legislativas marcaron un camino, las campañas afinan estrategias y quienes puntean en las encuestas prefieren no encarar los debates.

Juan Manuel Santos, candidato de la Unidad Nacional, Clara López, candidata del Polo Democrático-UP, Óscar Iván Zuluaga, candidato del uribista Centro Democrático, Marta Lucía Ramírez, candidata del Partido Conservador, Enrique Peñalosa, aspirante de la Alianza Verde. /El Espectador

Llega la recta final de la carrera por la jefatura del Estado para el cuatrienio 2014-2108. Cinco candidatos miden fuerzas, pero los sondeos de opinión no dan hoy un ganador absoluto. El 25 de mayo habrá primera vuelta y todo apunta a que el presidente Juan Manuel Santos será el vencedor. Pero requiere la mitad más uno de los apoyos para cobrar la victoria definitiva. De lo contrario, como hace cuatro años, deberá enfrentarse al siguiente aspirante en votos, y esta vez las encuestas perfilan a Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde.

El juego de los sondeos puede fallar y la campaña transcurre sin sucesos de impacto. El denominador común ha sido el silencio de los candidatos que puntean —Santos y Peñalosa—, como si su estrategia fuera no exponerse, al menos en Bogotá, donde la calentura es nacional y cualquier mensaje equívoco cuenta. En cambio el candidato del uribismo, Óscar Iván Zuluaga; la aspirante conservadora, Marta Lucía Ramírez, y la del Polo, Clara López, hacen esfuerzos para jugársela en los debates y sumar respaldos.

Es la dictadura de la medición de favorabilidades que en cada elección presidencial pone los nervios de punta en las campañas, y esta vez obedece a una circunstancia inesperada. Hasta el 9 de marzo, día de las elecciones legislativas, Santos era imbatible y avanzaba firme hacia la Presidencia, montado en la holgura de su coalición de Unidad Nacional. Sin embargo, sus mayorías lograron una victoria estrecha en las urnas, el uribismo le arañó los escrutinios y apareció un actor inesperado: Peñalosa.

Hace cuatro años, la Alianza Verde había dado la alarma. A pesar de que el uribismo estaba con Santos, los partidos tradicionales tuvieron reconocidas figuras y compitieron Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro, los verdes pasaron a segunda vuelta con un candidato sin objetores: Antanas Mockus. Ahora es otro exalcalde de Bogotá, Peñalosa, quien ganó la consulta de su partido con una votación inesperada, aun con la evidente apatía de algunos de sus copartidarios.

Si las tendencias persisten, Santos volverá a medirse con los verdes, esta vez unidos con los progresistas de Petro, pero con otra ecuación política. Ya no es el candidato de Álvaro Uribe, sino de las concertaciones que se dieron desde que se deslindó de su mentor y apostó a un proceso de paz con las Farc. Ahora con Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial; el apoyo del Partido de la U, que cambió de dueño y ya no es uribista sino santista; los liberales alineados a su lado y la ‘pesada’ conservadora esperando a que se hunda la candidatura de Marta Lucía Ramírez para adherir a la reelección.

A su vez, la Alianza Verde también enfrenta otro escenario. En 2010 hubo unión en torno a Mockus y los baluartes de su campaña fueron Luis Eduardo Garzón, Sergio Fajardo y Enrique Peñalosa. Hoy, Garzón está jugado por la reelección de Santos, Fajardo no puede participar en política porque ejerce como gobernador de Antioquia, Mockus no se pronuncia en favor o en contra y el candidato es Peñalosa.

En otras palabras, a 35 días de la primera vuelta presidencial, antes que votos para su plataforma, la más difícil empresa de la Alianza Verde es lograr la unidad. Se dice que el recién rehabilitado en política, el exalcalde de Medellín Alonso Salazar, está cerca de ser jefe de debate de Peñalosa, lo que podría significar el respaldo de Compromiso Ciudadano, el movimiento de Sergio Fajardo. También se aguarda que, a cambio del silencio de Mockus, los derrotados en la consulta interna de la Alianza Verde —los senadores John Sudarsky y Camilo Romero— se sumen a la causa.

No la tiene fácil y ese parece ser su talón de Aquiles. Si la Alianza Verde pasa de nuevo a segunda vuelta, seguramente muchos uribistas aplicarían una nueva lógica: si no gana Zuluaga, que al menos Santos pierda. Pero es precisamente ese eventual respaldo el que suscita desconfianza entre los verdes reticentes. Las mutuas manifestaciones de apoyo entre Peñalosa y Uribe, en el pasado reciente, siembran dudas a la hora de los inamovibles.

Lo cierto es que en todas las campañas se aprestan a enfrentar esta recta final buscando un impulso definitivo. “Todos a la calle”, es por ejemplo la consigna en las toldas del presidente-candidato. “Sabemos que será muy difícil por los ataques viscerales en contra, pero lo importante es mantener la agenda y la tranquilidad, pues sabemos que estamos haciendo lo correcto, sin improvisaciones”, dice Roberto Prieto, gerente de la campaña santista. En próximos días se presentarán oficialmente los pilares del programa de gobierno para ese eventual ‘segundo tiempo’ y la instrucción es “no ahorrar esfuerzos” en los recorridos por todo el país.

La Alianza Verde, por su parte, pretende darle fuerza a la publicidad. La próxima semana arrancan con cuñas en radio y televisión, más los espacios a loa que por ley tienen derecho en la pantalla chica. Peñalosa y su fórmula vicepresidencial, Isabel Segovia, seguirán visitando las regiones y según conoció El Espectador, como no se puede asistir a todos los debates es mejor no ir a ninguno, sería la instrucción. Sin embargo, Claudia López, su jefa de debate, está encargada de asistir a algunos foros y se sigue esperando una decisión de Alonso Salazar de sumarse a la campaña.

Por los lados del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez, jefe de debate de Zuluaga, cree que los más de dos millones de votos obtenidos en las legislativas son un gran punto de partida: “Todos los senadores y representantes electos siguen trabajando como si fuera su elección, hablando con la gente, escuchando, haciendo propuestas. Nos hemos repartido por todo el país y vamos a la segunda vuelta”, dice. La campaña acaba de sumar a Eduardo Duda Mendoça, asesor político brasileño, y según Vélez, los resultados ya se ven con la nueva publicidad: “Yo sí noto a la gente más contenta, mientras que Santos cada vez genera más apatía”.

La premisa de Marta Lucía Ramírez, candidata conservadora, es redoblar esfuerzos pero, sobre todo, seguir al lado de quienes la han acompañado: “Las bases del partido, los parlamentarios que no esperan burocracia a cambio y todos los colombianos que saben que somos la mejor opción”, enfatiza. En este último mes de campaña, la idea es continuar la gira por las regiones de Colombia, promover el pacto por el Pacífico, por la Costa Atlántica y el Eje Cafetero. “Trabajando con la gente, sin grandes maquinarias ni millonarios presupuestos”, resalta Ramírez.

Y en cuanto a Clara López, el primer paso en esta recta final fue el cambio de imagen de la campaña, pasando del eslogan ‘La alternativa es Clara’ al de ‘Colombia, por un buen camino’. “La estrategia es llegar a esos 30 millones de colombianos que en todas las encuestas manifiestan que el país va por mal camino y quieren un cambio”, asegura. La idea es recorrer desde La Guajira hasta Nariño y desde el Chocó hasta Arauca, dando a conocer sus propuestas, junto a Aída Avella, su fórmula vicepresidencial.

Cada quien hace sus cálculos, pero todos saben que el ‘coco’ es Uribe. Aunque el pasado 9 de marzo el expresidente demostró que su nombre convoca y que encabezará una bancada significativa en el Congreso, también es cierto que las encuestas no favorecen a su elegido para las presidenciales, Óscar Iván Zuluaga. Si no alcanza la segunda vuelta, la única forma de impedir la reelección de Santos es torciendo por Peñalosa. Pero el exalcalde sabe que tomar hoy distancia del expresidente es lo conveniente.

Es el juego de no correr riesgos innecesarios y moverse en la política correcta. Pero precisamente ahora que llega la recta final, ese parece ser el punto de quiebre. Si la campaña reeleccionista logra asociar a Peñalosa con Uribe, esa estrategia puede dar más resultados que sus propios programas. En las toldas de la Alianza Verde, como en un ajedrez en el que cualquier movimiento puede implicar jaque-mate, el discurso ha sido en torno a ‘nada que ver’ con dirigentes tradicionales, incluyendo al exmandatario.

Lo cierto es que el tiempo apremia, no llegan noticias de La Habana que puedan darle un giro definitivo a la intención de los electores y las campañas parecen haber llegado a su tope. Como sucede cada cuatro años, el factor perturbador hoy son los sondeos de opinión. Pero en política no se sabe de dónde pueda saltar la liebre. Mañana empieza a despejarse el panorama y con seguridad saldrán desde el espejo retrovisor hasta los miedos del presente.