In memóriam (1913-2019)

Recuerdos de la Niña Ceci

Falleció esta semana Cecilia Caballero de López, primera dama de la nación entre 1974 y 1978. Fue pionera en la protección de niños y adultos mayores. Evocación con alma vallenata.

Alfonso López Michelsen y su esposa, Cecilia Caballero. / Fotografía de Hernán Díaz. Cortesía: Rafael Moure

A lo largo de la vida del presidente Alfonso López Michelsen, su esposa Cecilia Caballero de López fue ejemplo de discreción, distinción y un tipo de liderazgo prudente y distinto. El país debe recordar a esta primera dama por ser la precursora incansable de la protección a los adultos mayores y a la infancia, desde cuando estos temas no eran prioridad en las agendas gubernamentales. (Vea el álbum de fotos de La Niña Ceci).

Alfonso López y Cecilia Caballero se conocieron de niños. Sus hermanas mayores, María López y Paulina Caballero, fueron inseparables. Gracias a esta amistad, de niña, Cecilia podía ver las procesiones de Semana Santa desde el balcón de los López y tirarles pétalos a los pasos de los caminantes. Ahí forjó su amistad con Alfonso, el mayor de los varones López Michelsen. A pesar de no haber sido novios, siempre supo que se casaría con él. Así lo contó en una entrevista en 2001 para El Espectador: “En el fondo siempre supe que me iba a casar con Alfonso, pero no cuándo”. El día antes de viajar a Estados Unidos, a estudiar en la Universidad de Georgetown, su amigo Alfonso la sorprendió con una visita para comprometerse y pedir su mano. Dos años más tarde se casaron en San Marino, la hacienda familiar. Durante más de siete décadas fueron inseparables. En compañía de sus tres hijos, Alfonso, Felipe y Juan Manuel, recorrieron Colombia de palmo a palmo en los tiempos del MRL; posteriormente viajaron a México exiliados, donde, según ella misma relataba, la Niña Ceci pasó años felices de grandes amistades. (¿Quién fue Alfonso López Michelsen?).

Por ti, Cecilia hermosa, yo daría, yo daría / toda mi vida entera y dos vidas si tuviera”, fueron por décadas los versos dedicados por cantores y juglares a Cecilia Caballero de López en todas las parrandas vallenatas de su vida, que fueron muchas. No hubo ocasión en la que se cantara sin que su esposo le dedicara esa bella canción de Gustavo Gutiérrez. Ella, sonriente y grácil al lado de Alfonsito, en la provincia de Valledupar entabló un romance eterno con el vallenato y se enamoró de la vida sencilla de una región que la acogió y la convirtió para siempre en su Niña Ceci.

Cuando a finales de 1966 se supo en Valledupar que el primer gobernador del Cesar sería Alfonso López Michelsen, los vallenatos —orgullosos de su verdadera independencia—, con profunda alegría se sintieron respaldados por la presencia y estatura política del hijo de López Pumarejo, que ya era una figura nacional de gran reconocimiento, quien daría el norte y marcaría una ruta hacia el progreso para el nuevo departamento. Sin embargo, no se esperaba que su esposa, Cecilia Caballero de López, se convirtiera en líder ciudadana e hija adoptiva de Valledupar, a tal punto que llegó a ser —tal vez— más querida que el propio presidente del mandato claro.

La Niña Ceci, como aprendimos a decirle los vallenatos de todas las edades, llegó a ese pequeño pueblo caliente de hace 50 años sin muchas expectativas. Como ella misma contaba: “Yo me esperaba lo peor, el Valledupar de ese entonces eran cinco calles y no conocía a nadie. Pero al día siguiente llegaron personas que nunca había visto con una bandeja llena de arepitas de queso a darnos la bienvenida. Esos detalles no se olvidan”. Pocos gestos bastaron para que se enamorara del lugar y lo convirtiera en su hogar. Forjó y atesoró entrañables amistades y dejó en la sociedad vallenata una profunda huella, con la impronta de su sencilla elegancia. Su imagen quedó muy alta en la memoria vallenata y se convirtió en referente obligado de lo que debía ser la gestión y actitud de una primera dama.

En solo un año lideró el trabajo de empedrado de la plaza fundacional Alfonso López, llamada así por su suegro, el presidente López Pumarejo, y sembró en el corazón de los vallenatos la importancia de plantar árboles y flores en la ciudad. A ella le debemos la disciplina inculcada de arborizar la ciudad, para que hoy, vista desde el cielo, la ciudad casi se esconda bajo un gran follaje verde que lo cubre todo.

Durante el año de la primera gobernación se propuso también convertir la antigua cárcel del Mamón de Valledupar —un edificio colonial con una arquitectura similar al Panóptico de Bogotá— en la Casa de la Cultura, donde nació un gran movimiento folclórico y el Ballet Vallenato. Doña Cecilia identificó en las personas que la rodeaban un gran sentido de pertenencia y de aprecio por su cultura, y fue precisamente este aprendizaje y esa inquietud sobre lo cultural lo que dejó indeleble en el corazón de los cesarenses.

El mismo día de las arepitas, algunas señoras de Valledupar le regalaron una mochila que no volvió a soltar en ese año. Así mostró a las mujeres de la época cómo la elegancia es el orgullo de lucir lo autóctono. Así, con una mochila arhuaca al hombro y su sonrisa imborrable, se dedicó a recorrer cada pequeño municipio del Cesar, reconociendo todas aquellas cosas que hicieron de esa región uno de sus lugares más queridos.

Después de ese año, en el que López dejara las bases de un departamento que pronto se hizo vibrante y próspero, el gobernador y su esposa, con la carpintería de un puñado de amigos vallenatos, dejaron la marca que definió para siempre a Valledupar: el Festival de la Leyenda Vallenata, su idea cumbre, y el pretexto cultural con el que lanzaron a Valledupar como la tierra del futuro y la nueva meca del folclor colombiano, avizorando incluso que serían la música y la cultura terrígena lo que trazaría el próspero porvenir de esa comarca, adivinando sin rótulos lo que hoy conocemos como economía naranja.

Durante el desempeño público de Alfonso López como canciller, y luego como presidente de la República, Colombia conoció en doña Cecilia su inmensa capacidad de trabajo, su discreción a prueba de vanidades y su gran sensibilidad por la problemática de los adultos mayores.

“Nosotros hemos sido grandes compañeros. Yo he hecho lo mejor por apoyarlo sin llamar la atención. Acompañarlo y hablar de política, saber qué está pasando en el mundo. Así hemos estado durante tantos años. ¿El secreto? No sé, eso es difícil porque he vivido la vida sin programar ni proyectar, todo depende de cada momento y de las circunstancias”. Así hablaba en 2001 de su vida al lado del expresidente López. Seis años después, en 2007, él falleció y ella se trasladó a su amada finca de Anapoima, en la que habían pasado años felices y donde gozó hasta el último día del amor de sus nietas, de sus tres hijos y del cuidado de Lila, su nuera, quien la atendió amorosamente hasta las últimas horas.

Doña Cecilia deja Fundama, la fundación en la que trabajó tantos años y desde donde volcó su interés por cerrar la brecha de una sociedad desigual que siempre le causó la necesidad de hacer más. Ella, una mujer que cultivó una gran cultura universal desde sus años de niña en París, quien pudo recorrer el mundo siendo muy joven, profesaba una gran sensibilidad por la soledad y el abandono de las personas mayores, por eso luchó abnegadamente en pos de mejorar la calidad de vida de los viejos. Sí, Cecilia Caballero de López dedicó la mayor parte de su vida, desde la política y en su órbita personal, al trabajo social y a la misión de su fundación. En ella, y en la memoria de quienes rozamos su existencia, queda la huella de su dulzura y la marca personal de tantos logros derivados de sus preocupaciones sociales.

* Periodista.

Reacciones ante la muerte de "una mujer extraordinaria"

El expresidente Juan Manuel Santos expresó el pasado martes sus condolencias a través de Twitter. “Lamentamos de corazón la muerte de la Niña Ceci. Fue una mujer y una primera dama extraordinaria. Nuestro más sentido pésame a sus hijos y familiares”. Le siguieron otros mensajes, como el del canciller, Carlos Holmes Trujillo. “Alba Lucía y yo expresamos nuestro dolor por la muerte de doña Cecilia Caballero de López. La quisimos, admiramos y agradeceremos siempre la gentileza y afecto que recibimos de ella. Hacemos llegar a Felipe, Alfonso, Juan Manuel y familiares nuestro abrazo solidario y afectuoso”. Era madre del dos veces ministro Alfonso López Caballero y de Felipe López Caballero, uno de los dueños de la revista Semana.

El expresidente César Gaviria, a través de la cuenta del Partido Liberal, dijo: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de doña Cecilia Caballero, esposa del expresidente Alfonso López Michelsen. Mujer de gran vocación por el servicio social, que marcó una época dorada para el empoderamiento de la mujer en la historia y la política colombiana”. “Conversar con ella es un verdadero deleite intelectual”, escribió sobre ella, en el diario El Heraldo, el exministro Alfonso Gómez Méndez en 2013, cuando la Niña Ceci cumplió cien años.

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2019-08-16T21:55:15-05:00

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2019-08-17T20:09:02-05:00

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Sara Araújo Castro * / Especial para El Espectador

Política

Recuerdos de la Niña Ceci

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