Recursos para educación no son prioridad de esta campaña

Zuluaga y Santos se quedaron cortos en presentar argumentos sobre cómo financiarán la educación.

Quienes han seguido de cerca los debates de la campaña a la presidencia de Colombia, han podido constatar que el candidato presidente, Juan Manuel Santos, y su contendor, el uribista Óscar Iván Zuluaga, se han comprometido a trabajar en programas muy similares, si no idénticos, en materia de educación.

Para arrancar, ambos candidatos se han mostrado preocupados por el hecho de que el país haya ocupado el año pasado la posición 61 de 65 países en las pruebas Pisa, implementadas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) para medir cuán preparados están los bachilleres a la hora de “participar plenamente en la sociedad del saber”.

El pobre desempeño en las pruebas ha desatado una profunda discusión en el país sobre la calidad de la educación, hasta el punto de que hoy una coalición de actores de la sociedad civil han conformado el Pacto por la Educación, a través del cual han buscado, con éxito, que ambos candidatos se comprometan a implementar políticas que fortalezcan todos los engranajes del sistema educativo en Colombia.

Santos y Zuluaga tienen propuestas concordantes y ambiciosas. Sin embargo, también coinciden en sus debilidades: ninguno de los dos ha dicho con certeza cómo piensa lograrlo y, sobre todo, ambos parecen condicionar el éxito de sus programas educativos al desempeño de la economía nacional.

¿En qué coinciden los dos candidatos? Tanto el presidente Santos como el exministro Zuluaga aseguran que ha llegado el momento de implementar una jornada única escolar, que amplíe las horas que los estudiantes colombianos pasan en el colegio. También han anunciado la inversión en infraestructura, el aumento de salarios y programas de formación para el cuerpo docente, dotación tecnológica y ampliación de la capacidad de préstamo del ICETEX para garantizar el acceso a la educación superior de los jóvenes pobres.

El diablo, sin embargo, está en los detalles, y la eliminación de la doble jornada en los colegios pareciera una prueba de ello. Sandra García, profesora de la Universidad de Los Andes, quien participó en el estudio de la Fundación Compartir sobre cómo mejorar la educación en Colombia, afirma que “quien diga que la jornada escolar única estará implementada antes del 2018 en todos los colegios del país es irresponsable. Hacer eso en cuatro años es literalmente imposible”.
En el frente de campaña, los dos candidatos tienen plazos diferentes. Zuluaga habla de “incorporar en los próximos cuatro años la jornada escolar completa”, Santos afirma que su gobierno “avanzará hacia” esa meta. Iván Duque, coordinador programático de la campaña zuluaguista, asegura que incorporar plenamente esta política tomaría cinco años. Entre tanto, Camilo Enciso, subdirector de programas de la campaña del actual presidente, dice que aún no se ha fijado un plazo para implementar la jornada única, puesto que esa fecha depende de la disponibilidad de recursos, que a su vez estará dictada por lo que ocurra en La Habana.

La ampliación de la jornada educativa, como muchos otros puntos en la agenda para la educación de los candidatos, está condicionada al volumen de recursos que el gobierno esté dispuesto a comprometer para lograrlo. Y es justo en este punto en el que más críticas han recibido ambas campañas a la hora de hablar de educación: de nada sirven las promesas, si no hay con qué llevarlas a cabo.

En 1989 el gasto público en educación en Colombia era 2.7% del PIB. Con la Constitución de 1991 y el Sistema General de Participaciones el gasto aumentó a 4.4% del PIB en 1999. Este valor se redujo a 3.5% en el año 2000, y ha tenido valores relativamente constantes entre el 2002 y el 2014. Sin embargo, el gasto sigue siendo bajo si se le compara con otros países de la región: en 1995, Brasil gastaba 4.57% del PIB y en 2011 este valor ascendió a 5.8%. En 1995 Ecuador gastaba 2.13% del PIB, en 2012 llegó a 4.5% y en la Constitución del país se fijo que debe llegar a 6%. Venezuela en 2009 gastaba 6.8% en educación, y México en 2010, 5.2%. En los últimos años, Chile, Brasil, Argentina y México también han realizado aumentos importantes.

Durante los debates presidenciales, ambos candidatos han coincidido, de nuevo, en que los 4,4 puntos del PIB que tiene el sistema educativo no son suficientes. Sin embargo, antes que comprometerse a una distribución en el gasto actual, las dos campañas auguran un mayor crecimiento de la economía, que se verá reflejado en un aumento en el gasto público educativo.

Santos planea incrementar dicho porcentaje en un 25% anual para que al final de su eventual reelección la educación esté recibiendo una cantidad de recursos que ronde el 7% del PIB. Uno de los mensajes electorales más publicitados de su campaña es que el éxito del actual proceso de paz traería la posibilidad de invertir en educación y otros sectores de interés social. “Eso no quiere decir que vayamos a quitar plata del gasto en seguridad y defensa para trasladárselo a otras cosas. Lo que quiere decir es que, si logras un país en paz, tendrás una tasa de crecimiento distinta. La proyección que hemos hecho es que, si el país logra la paz en los próximos meses, vamos a crecer al 7%”, explica Camilo Enciso en las toldas reeleccionistas. Actualmente, la economía nacional crece al 4,5% según el FMI.

Iván Duque, jefe programático de la campaña de Zuluaga y senador electo por el Centro Democrático, fija una meta de inversión pública en educación más baja: “nosotros quisiéramos mantener un presupuesto cercano al 5% del PIB. Eso implica subir más o menos un 0.7% de la inversión”. De acuerdo con él, el presupuesto de educación sería permanentemente mejorable si la administración de Zuluaga realizara su “meta aspiracional” de que Colombia llegue a tasas de crecimiento estable del 6% y, adicionalmente, tuviera tasas de inversión del 30% del PIB.

El conflicto armado no constituye, para Zuluaga, un impedimento para que el país alcance y mantenga estas tasas de crecimiento económico. Prueba de ello, según Duque, es que Colombia creció al 7% en 2007, cuando Zuluaga asumió el Ministerio de Hacienda. Dos años después, cuando aún era ministro, el crecimiento se redujo al 1,7%.

Algunos expertos dudan que ligar la disponibilidad presupuestal del sistema de educación al crecimiento económico futuro del país constituya un compromiso satisfactorio de los candidatos de esta campaña presidencial con las necesidades educativas de Colombia.

Desde el gremio de los profesores, Rafael Cuello, secretario general de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), considera que, independientemente del crecimiento de la economía, el porcentaje del PIB para educación debería llegar al 7,5%.

Mientras tanto, Víctor Manuel Gómez, catedrático de la Universidad Nacional en sociología de la educación, es mucho más categórico en su evaluación de la seriedad de la propuesta: “Es un error estratégico porque un país debe invertir más en educación como formación de capital humano y como construcción de democracia, independientemente de cuánto crezca la economía. Es un tema de prioridad política”. Su colega en la Universidad de Los Andes, Sandra García dice que “doblar el presupuesto en educación apostando a que el crecimiento económico casi se doble es apresurado. Dada la velocidad a la que están evolucionando las campañas, supongo que los candidatos y sus equipos no han tenido tiempo de asimilar el compromiso de aumentar el presupuesto en educación. No es viable hacer eso en el corto plazo”.

Finalmente, Daniel Díaz, vocero de Todos por la Educación, la coalición ciudadana que ha promovido el Pacto que ha sido suscrito por más de 8.000 colombianos, incluyendo ambos candidatos a la presidencia, declara que “para poder financiar el gasto que necesitamos hacer en este momento por la educación tenemos que hacer más que eso. No podemos simplemente depender del crecimiento de los ingresos sino que tenemos que redirigir otros gastos hacia la educación o aumentar los ingresos por impuestos”.

Así las cosas, el polarizado debate electoral que termina este domingo, ha dejado en el aire un vacío para quienes consideran que la educación es la clave para superar los grandes males de la sociedad colombiana. Los candidatos cumplieron, como siempre, en señalar lo que hay que hacer, pero se quedaron cortos en los cómo para lograrlo. 

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