La saga de Petro

El nuevo alcalde de Bogotá Gustavo Petro es un hombre obstinado. Su vida de medio siglo, que hace poco completó, es el curso de una pasión creciente por transformar a Colombia. La vida y la política han permitido que nuestros caminos se crucen en varias oportunidades.

Conozco a Petro desde el año 81 cuando nuestras familias eran vecinas a escasos 80 o 100 metros en La Bajada por la vía de Cajicá hacia Tabio. Gustavo era estudiante de economía del Externado, trabajador de comunidad en Zipaquirá, concejal y personero en esa población y uno de los líderes del proyecto de vivienda con toma de terrenos Bolívar 83, integrante clandestino (lo supimos poco después) del M19. Yo era el director del Instituto Sindical María Cano y tenía mucha relación con los sindicatos de la importante zona industrial de Planta de Soda y Zipaquirá.

El joven Petro, un tanto descuidado en su traje, las gafas torcidas y el pelo revuelto, pasaba por las mañanas frente a mi casa buscando transporte para ir a la Universidad en Bogotá. No era intensa nuestra relación, pero teníamos perfectamente claros nuestros roles sociales y había intercambios útiles que muchas veces ocurrieron viajando juntos en los buses de Tabio o Zipa. Era notable su voluntad de involucrarse en las luchas populares y obreras y en la dinámica política de la región.

En los gobiernos de Belisario Betancurt y Virgilio Barco seguí como mucha atención e interés el proceso político general y el del M19 y la UP en particular desde los movimientos en los que militaba, primero el Camilo Torres y luego Nueva Colombia con Orlando Fals y Alfredo Vasquez Carrizosa. En los momentos de tregua y legalidad podíamos encontrar a Petro en eventos políticos abiertos, en su acción clandestina a veces lo veíamos por televisión supercamuflado con gafas oscuras, sombrero de paja, fusil al hombro, haciendo declaraciones como jefe de un escuadrón del M19 en montañas del Tolima.

En los 90 y 2000, a partir de los acuerdos de paz y de la Constitución del 91, fue más fácil hacer seguimiento de la actividad de Petro como diplomático y estudiante en Bélgica y España, como integrante de Alternativa Democrática M19, como impulsor de Vía Alterna y representante a la Cámara por Bogotá. El entró con Antonio Navarro y otros dirigentes de la extinta Alianza Democrática M19 a formar parte del Polo Democrático en 2002, yo lo hice a la vez junto con Lucho Garzón desde las filas del Frente Social y Político. Del simple PD, transitamos al PDI empleando los recursos de la reforma política de 2003.

En 2004 Gustavo Petro me pidió colaborarle en su unidad legislativa y teniendo esa cercanía compartimos los pasos conducentes a la creación del PDA entre PDI, AD y un sector independiente o “tercera pata”, en diciembre de 2005. Apoyé en ese momento su acción para superar los obstáculos que se erigían en el camino de la unidad.

El referente que nos aproximó al crear el Polo y en su candidatura presidencial fue la búsqueda de un proyecto de articulación de fuerzas de izquierda, democráticas y progresistas similar al que se desarrolla en otros países del continente. Nos distanciamos cuando él se separó del Polo en diciembre de 2010 con ocasión de la problemática de la contratación.

En todo este tiempo he visto desarrollarse la fuerte personalidad política de Petro. Inteligencia lúcida, cultura amplia, inclinado a la conducción unipersonal, imaginativo y obstinado contra las mafias, por la paz y la transformación democrática de Colombia que ahora aproximará desde la alcaldía de Bogotá.

[email protected]