"Santos es el poder por el poder"

La excandidata conservadora dice que Colombia debe seguir por el camino de la paz bajo el supuesto de un Estado fuerte y que el presidente está comprando su reelección.

Para Ramírez, la única forma de sacar el país adelante es a través de la política, la cual a veces hay que hacerla como un loto: desde el barro. / El Espectador

Era previsible que Marta Lucía Ramírez terminara apoyando al candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, para la segunda vuelta de la elección presidencial. Al fin y al cabo, nunca ha desconocido su cercanía con el uribismo, aunque también ha mostrado posturas independientes, como cuando expresó su desacuerdo con la reelección de Álvaro Uribe. Tras un acuerdo programático, en el que la paz sin impunidad y con justicia aparece como punto fundamental, Ramírez asumió la jefatura de campaña de Zuluaga y en diálogo con El Espectador, defiende su decisión y, de paso, arremete contra el presidente-candidato y algunos de sus aliados.


Su campaña fue con un partido fracturado. ¿Los conservadores sí están con Zuluaga?

Hay más congresistas con Zuluaga de los que me acompañaron y las bases siguen conmigo. Ha sido difícil y el tratamiento que le ha dado el presidente Santos al partido ha sido desconsiderado. Es una colectividad histórica y la está tratando como un partido de bolsillo, dividiéndolo, haciendo ofrecimientos personales a los congresistas.


¿A qué tratamiento se refiere? ¿Qué tipo de ofrecimientos exactamente?

Deja mucho que desear del talante de Santos. Muestra lo vulnerable que es la institucionalidad. Tenemos un sistema en el que la figura del presidente es muy fuerte y eso llega a todos los niveles del Estado. El presidente usó los recursos de publicidad oficial, los cupos indicativos para comprar congresistas. Es necesaria la reforma al CNE, que no garantiza nada. El magistrado Joaquín José Vives fue abusivo, filtró que se iba a caer mi candidatura y me quitó la posibilidad de estar en la segunda vuelta. El pueblo colombiano no quiere la reelección, hay un consenso de que ha sido un mal gobierno, pero aún así hay una posibilidad de que Santos gane. Eso demuestra que están comprándola.


¿Por qué en el acuerdo con Zuluaga impuso la necesidad de continuar con la paz?

A las negociaciones hay que darles un espacio bajo la premisa de que el Estado debe exigir condiciones humanitarias. No podemos creer el cuento de que se está avanzando, cuando el reclutamiento de niños continúa. Zuluaga ha sido inteligente, está dispuesto a revisar lo negociado, pero vemos una manipulación del deseo de paz.


¿Pero no le pareció importante el avance en materia de reconocimiento de las víctimas?

Dicen que hay un acuerdo de reconocimiento de las víctimas y al leer el texto uno se da cuenta de que es mentira. Al día siguiente dicen que hay víctimas del conflicto por las cuales el Estado debe responder. Al país no lo pueden manipular. Por decencia no debió aprovecharse un proceso de paz para fines electorales. Amnistía Internacional ha dicho que no hay avances en esa materia, porque mientras no haya disposición de someter a la justicia y de responder por crímenes de lesa humanidad, jamás podrá hablarse de víctimas.


Si Santos fue quien dio el paso para una negociación, ¿por qué no escogió ese camino?

No me caracterizo por coger el camino fácil. La paz se está manejando de forma oportunista. ¿Cuál es la coherencia de Clara López que dijo que la paz no era de Santos? Lo mismo dijo Claudia López y ahí están. Acá o hay una gran ingenuidad o acuerdos que no son públicos. Es un popurrí en el que todos tienen intereses. Después entre ellos se matarán para ver quién sucede a Santos, si es elegido, porque es claro que su principal aliado, Germán Vargas Lleras, lo tienen en el cuarto nivel.


¿No cree que las condiciones que ustedes les ponen a las Farc para dialogar son más un sometimiento que una negociación?

Si hay buena voluntad las Farc deben poner de su parte. No les voy a pedir que entreguen las armas antes de concluir el diálogo. Pero hay rangos: el derecho de los niños de vivir en su casa y de no ser obligados a empuñar un arma, ahí es donde se pone a prueba la voluntad. Hay una posición de ellos que es irracional y que el pueblo colombiano debe rechazar.


¿Cuáles son las razones para decir que la seguridad democrática se ha debilitado?

No puede ser que haya solo una estrategia de seguridad del Estado contra la guerrilla, cuando debe ser contra todo tipo de amenaza. He conocido personas a las que les han matado los hijos por no pagar extorsiones. Esa política estaba concebida contra cualquier amenaza. Hoy son las bacrim y eso no importa, hay que combatirlas.


Una de sus banderas es la lucha contra la corrupción, ¿por qué unirse a Zuluaga cuando está en medio del escándalo del ‘hacker’?

Es un tema de trayectoria y llevo 37 años trabajando por este país. Decían que yo era un ‘caballo de Troya’ en el conservatismo y me la jugué por el partido. En los debates quedó demostrado que soy la mejor preparada, tanto que varias de mis propuestas las retomaron los otros candidatos: el presidente Santos hasta ahora habló de universidad gratuita, cuando no lo hizo en su gobierno. Analicé con responsabilidad las dos opciones. La reelección es más de lo mismo y, por el contrario, Zuluaga me parece un hombre limpio, preparado, y yo le dije que apoyaría su campaña si recogía los temas del partido.


Es cierto, pero los cuestionamientos existen...

Le pregunté si había tenido una conversación en la que aceptó información de inteligencia para su campaña, me dijo que no y le creo. El tema del video tiene tanto nivel de incertidumbre que no iba a cambiar mi opinión. Estoy convencida de que en esos escándalos hay muchas cosas oscuras.


¿Oscuras en torno a la justicia?

Lamentablemente esa es la percepción. Hay una Fiscalía que actúa con celeridad para unos casos y otros no. Al tema de los US$2 millones del narcotráfico en la campaña de Santos parece que le están echando tierra. Me preocupa escuchar a la jueza Teresa Barrera, que libera al señor del escándalo del hacker, diciendo que al fiscal no le gustó el sentido del fallo porque no era lo que quería. ¿Qué pasa con las garantías procesales?


Unos dicen que el uribismo sufre de viudez de poder y otros que Santos está aferrado a él, ¿qué lectura hace usted?

Santos es el poder por el poder mismo. Hubiera querido ver un acuerdo programático con tantos que lo han apoyado en su reelección, pero sólo hay sofismas en favor de la paz. Muchos de ellos ya estuvieron en el poder y no hicieron las reformas que se necesitan en el país para lograrla: el desarrollo de las regiones, combatir la pobreza, lograr que haya partidos que estén por encima del bien y del mal, que respondan por la clase política que avalan. De eso habló Álvaro Gómez Hurtado, no es un tema de oligarquía, es una clase que ha tenido el poder político, económico y empresarial y no lo quieren soltar.


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