'Santos tiene que buscar su reelección'

Para el consultor internacional, ni la izquierda ni el uribismo tienen alternativas fuertes para enfrentarlo.

Para Schechter, el expresidente Uribe es muy difícil de entender. / Archivo particular

El primer cliente del consultor Peter Schechter en América Latina fue Virgilio Barco. Desde entonces, en 25 años de trabajo como consultor político desde Washington y Nueva York, ha participado en las campañas ganadoras de Fernando Henrique Cardoso en Brasil, Ernesto Zedillo en México, y César Gaviria y Álvaro Uribe en Colombia, entre otros.

Schechter es un observador curtido de la realidad política de nuestro país. De hecho, la protagonista de su primera novela, Punto de entrada, es una presidenta colombiana. Además de su trabajo como consultor, habla seis idiomas, tiene una finca de cabras en Virginia y desde ahora es el nuevo director del Centro sobre América Latina del Atlantic Council, un poderoso centro de pensamiento en la capital estadounidense. Y a pesar de su nuevo puesto académico, da en El Espectador una mirada de “sicario político”, como él mismo describe su labor, sobre la actualidad electoral en Colombia.

¿Santos se debería lanzar a la reelección?

Si Santos estuviera sentado aquí le diría: “Presidente, definitivamente tiene que lanzarse”. Hago un paréntesis: en los momentos más oscuros de la primera presidencia, Obama estaba almorzando con su vicepresidente Joe Biden y le dice: “Joe, las encuestas me tienen muy bajo, la economía está muy mal, el desempleo no se mueve, esto no se ve muy bien”. Y Biden le contesta: “Barack, no estás lanzándote en contra del Todopoderoso, estás lanzándote en contra de todos los demás”. En las elecciones presidenciales puede que uno no esté pasando por un buen momento, pero hay que escoger entre uno y otro candidato, y en este momento no hay “otros” en Colombia.

O sea, Santos no tiene rival...

Ni la izquierda, ni el partido de Uribe, tienen una alternativa fuerte. Se habla de Navarro y Peñalosa, y eso sería una alternativa seria, pero aún no ha calado. Santos debería consolidar la agenda liberal que ha trazado, que es mover la economía, seguir implementando cambios sociales y sentar las bases de una Colombia más segura a través del proceso de paz. Muy pocos presidentes del mundo han tomado los riesgos políticos que ha asumido Santos con la paz.

¿Qué piensa del anuncio de continuar los diálogos durante las elecciones?

Que Santos sigue tomando riesgos con el tema de la paz, y abre a un flanco que muchos le habían aconsejado no abrir. En eso deja claro que no está jugando a la negociación, sino que se está jugado por la negociación. El riesgo es que mete a las Farc como un árbitro dentro de esas elecciones, cosa que pocos colombianos quisieran. Pero por otro lado, manda un mensaje clarísimo de que esta es una oportunidad única y de que él está dispuesto a jugarse su presidencia por ella.

¿Cuál es el cálculo político de esta decisión?

Es que el país tendrá que decidir no sólo sobre el candidato Juan Manuel Santos vs. otro candidato, sino decidir si se juegan por la paz o dejan eso atrás del todo. Y creo que el presidente cree que el país está con él. La paz es un mensaje atractivo. Luego del acuerdo parcial con las Farc, yo creo que Santos piensa que los colombianos se sienten como él: vale la pena poner las cartas sobre la mesa, ir hasta el fondo y ver si la paz es posible para acabar con décadas de violencia y rencor.

¿Qué hacer con una popularidad menor de 30%?

Lo positivo es que la de Santos tiende a subir, y eso no pasa con todos. Hay gestiones que no logran salirse de la tumba profunda. A mí no me sorprende que luego de la caída esté subiendo de nuevo. No niego que los colombianos quisieran otras alternativas, pero las alternativas son las que hay. Y en 25 años de consultorías políticas he aprendido que la gente formula sus pensamientos electorales dentro de las alternativas reales.

El partido de Uribe se alza como la nueva alternativa política en Colombia, ¿cómo interpreta este movimiento?

Uribe pudo aglutinar una sensación de esperanza y al mismo tiempo de impaciencia. Hizo mucho para cambiar el país. El problema es que no creó una base ideológica para un partido, con metas claras más allá de él mismo. Y yo no he visto nunca, en ningún país, que el apoyo de alguien que no sea el presidente en ejercicio sea decisivo en una elección presidencial.

Uribe sigue siendo un personaje político difícil de entender. Usted lo asesoró en su primera elección, ¿cómo lo ve hoy?

Es un hombre extremadamente difícil de entender. Por un lado, tiene clarísimas ideas de a dónde quería llevar al país en ese entonces. En ese tránsito, hoy se sabe que usó métodos que excedieron lo que la gente quería. Entonces, en este sentido, parecía ser un líder recio, de piel gruesa. Por otro lado, Uribe considera cada crítica como un ataque personal. Interpreta la lealtad de una manera muy estrecha y personalizada. Muy ingenua para un político. Eso es lo que lo hace tan incomprensible. Es duro, pero al mismo tiempo siente todos los ataques a flor de piel.

¿Cuál será el ambiente de la visita de Santos a Washington el próximo 3 de diciembre?

Colombia sigue siendo uno de los pocos países que EE. UU. considera un socio. Eso no sucede con muchos países. Esta visita está ahí desde hace mucho tiempo. Nunca se dijo que estuviera construida sobre algún anuncio concreto. Es una visita entre dos aliados que tienen tiempo de no sentarse un rato.

¿Qué le gustaría ver del encuentro entre Santos y Obama, luego de haberse logrado el acuerdo sobre participación política con las Farc?

A EE. UU. no le incumbe andar dando opiniones sobre qué es lo que quiere de las negociaciones. Dicho eso, yo creo que sí le incumbe apoyar a un presidente que ha tomado riesgos y ha producido importantes logros parciales en este proceso.

¿Será que va a aparecer un documento de Edward Snowden mostrando espionaje de EE. UU. a Santos en la víspera del viaje?

Pues tengo los dedos cruzados para que no suceda. Pero eso es lo que está sucediendo con las visitas de otros jefes de Estado. Siempre parece haber una filtración justo cuando tiene más potencial de hacer daño a una relación.