Se cumplen 28 años del magnicidio del procurador Carlos Mauro Hoyos

El entonces jefe del Ministerio Público fue asesinado por orden del capo Pablo Escobar.

Archivo El Espectador

Hace 28 años, el lunes 25 de enero de 1988, como era su costumbre tras los fines de semana, el entonces procurador general de la Nación, Carlos Mauro Hoyos, salió de su casa de descanso ubicada en el área rural del municipio de El Retiro (Antioquia), rumbo al aeropuerto José María Córdova. Su propósito era viajar a Bogotá en el primer vuelo de la empresa Aces. Sin embargo, en sitio próximo al terminal aéreo fue atacado por varios sujetos que mataron a sus escoltas y luego lo secuestraron. Horas después fue asesinado a tiros.

Natural del municipio de Támesis (Antioquia), el abogado Carlos Mauro Hoyos había tenido una brillante carrera pública. Fue juez promiscuo de El Retiro, jefe de inspectores de Medellín, tesorero de la misma ciudad, secretario de Educación de Antioquia, contralor general de su departamento y representante a la Cámara. En 1986, cuando creía concluida su gestión, fue incluido en la terna para procurador general de la Nación y salió elegido por amplia mayoría. Era la época en que la mafia de Pablo Escobar hacía estragos.

Sin temor alguno, Carlos Mauro Hoyos asumió sus tareas como jefe del Ministerio Público, con una postura clara contra las mafias del narcotráfico. Quizás por eso el cartel de Medellín lo escogió como una de sus víctimas dentro de la estrategia del capo de capos de secuestrar a personalidades del país para presionar en su guerra contra la extradición. Un plan criminal que arrancó el martes 19 de enero, cuando el entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá y futuro presidente de Colombia, Andrés Pastrana Arango, fue plagiado en su sede de campaña.

Una semana después, a escasos metros de la glorieta donde se dividen la vía Las Palmas a Santa Elena y la autopista Medellín-Bogotá, Carlos Mauro Hoyos se vio privado de la libertad. En la acción murieron sus escoltas Jorge Enrique Loaiza y Gonzalo Villegas. El procurador resultó herido y los secuestradores se lo llevaron hacia una finca cercana al sector. Cuando trascendió el hecho, la Fuerza Pública desplegó un gigantesco operativo, que terminó precipitando un desenlace de contrastes entre una y otra víctima.

Hacia las 11:30 a.m., un grupo de policías llegó a inspeccionar una finca en el sector de El Retiro, donde por coincidencia estaba cautivo Andrés Pastrana. Un agente terminó canjeándose por el secuestrado para facilitar su liberación y, al mismo tiempo, garantizar la fuga de los plagiarios. No obstante, minutos después, cuando Pablo Escobar se enteró de lo sucedido con Pastrana, dio una orden perentoria: asesinar al procurador Carlos Mauro Hoyos como una forma de echar abajo el triunfalismo del Gobierno y acreditar a Los Extraditables.

Muchos años después, en el libro El verdadero Pablo, de Astrid Legarda, el confeso narcoterrorista John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, relató descarnadamente el final del procurador. Él mismo acudió al sitio donde estaba oculto y le dijo que iba a ser ejecutado por traición a la patria, al avalar extradiciones y perseguir a Pablo Escobar. El procurador, “con una actitud digna, en silencio y sin implorar por su vida”, se dejó conducir a una cañada cercana al escondite, donde un sicario apodado El Monito acabó con su vida.

Primero, un disparo a la cabeza, y luego dos más cuando cayó al piso. Minutos más tarde, desde un teléfono público, Popeye llamó a la radio a informar la ubicación exacta del cadáver. Y, en efecto, en una plantación de pinos de la finca San Gerardo, a un lado de la carretera Las Palmas, vendado y con las manos esposadas, las autoridades de Policía encontraron el cuerpo sin vida de Hoyos. La noticia conmocionó al país y el sepelio del procurador en Medellín se convirtió en una jornada de protesta del poder judicial.

La reacción del gobierno de Virgilio Barco fue la expedición de un severo régimen penal antiterrorista que se denominó Estatuto para la Defensa de la Democracia. Al mismo tiempo, se prometió que el crimen no quedaría en la impunidad. Pero era apenas el comienzo de la larga oleada narcoterrorista con la que Pablo Escobar Gaviria y sus secuaces ensangrentarían a Colombia. Hoy, 25 años después de este trágico suceso, sólo el recuerdo de un mártir de la democracia constituye el único aliciente contra la desmemoria nacional.

Sus amigos, su familia y sus colegas, sin embargo, lo siguen evocando por valiente. El exministro y exgobernador Horacio Serpa recuerda que fue un hombre de carácter en su actividad política. Con su apoyo se le levantó la inmunidad parlamentaria a Pablo Escobar, y por su iniciativa se pudo sacar adelante uno de los procesos de amnistía de los años 80. Pero más allá de su gestión pública, Serpa lo rememora como un hombre con amplio sentido del humor, que contaba chistes, que le sacaba punta incluso a las situaciones más críticas.

Su amigo Manuel Jaír Castaño agrega que Carlos Mauro Hoyos, a pesar de su cargo, era un hombre muy sencillo. “Todos los fines de semana viajaba desde Bogotá hasta su casa en El Retiro y era habitual su rumba sana: aguardiente y música de cuerda. Siempre le pedía a la banda del pueblo que interpretara Soy colombiano”, la canción que el mismo grupo interpretó cuando el féretro del procurador era conducido a su última morada. Hoy, sus amigos de siempre lo siguen recordando con una eucaristía y una serenata.

Ana María Peláez fue una de sus empleadas de confianza. Su memoria está intacta a la hora de exaltarlo. “Era, sobre todo, un hombre honesto que no discriminaba a nadie y que trataba por igual a políticos, campesinos o conductores. Ayudó mucho en su pueblo, incluso mucha gente se pudo jubilar gracias a él. Fue la persona más querida de El Retiro. Le encantaba la música en vivo porque era muy fiestero, por eso cada año lo recordamos así. Este año volveremos a orar y a brindar por su eterna memoria”.

La familia prefiere el silencio. En una breve misiva enviada a este diario, manifestó simplemente que en la añoranza de los hombres de bien siempre prevalecerá Carlos Mauro Hoyos. Y así es. 28 años después de su magnicidio, el recuerdo del procurador devuelve la película de uno de los momentos más trágicos de la historia contemporánea colombiana. Cuando la mafia de Pablo Escobar, además de centenares de inocentes muertos por sus carros bomba, acabó con una brillante generación de líderes que la memoria colombiana no ha cumplido el deber de rescatar.

*Nota retomada del 25 de enero de 2013 

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