Implicaciones de una semana agitada

Se prendió la campaña política

La reaparición de Germán Vargas Lleras dándoles palo a la JEP y a algunos de sus rivales políticos, que no se quedaron callados, alborotó el avispero.

El Congreso sigue siendo eje de los debates en torno a la paz y, esta semana, hasta con tinte electoral. / Cristian Garavito

La reaparición del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, esta semana, sacudió el ajedrez político nacional. Bien se puede decir que la campaña electoral arrancó ahora sí en firme y, como pintan las cosas, es de esperar que la competencia por convertirse en el próximo inquilino de la Casa de Nariño saque lo peor de la condición humana, como dijo hace poco el presidente Juan Manuel Santos cuando le preguntaron por la postura de su exministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, contraria a los Acuerdos de Paz. Eso sí, Vargas Lleras confirmó lo que muchos de sus críticos decían desde que llegó al Gobierno: “Todo el mundo sabía que estaba en campaña. Nunca lo oculté, porque en el año 2010 presenté mi nombre a la Presidencia”, dijo en entrevista con Noticias Caracol. Y así corroboró que el Ministerio del Interior, el Ministerio de Vivienda y la Vicepresidencia de la República le sirvieron de catapulta para sus aspiraciones actuales.

El revuelo de su llegada, luego de largos meses de silencio, aterrizó en el Congreso, recinto en el que confluyen varios de quienes quieren pelearle al exvicepresidente esas pretensiones electorales en 2018. En primer lugar, porque dos de ellos, aprovecharon el escenario para adelantar un debate de control político sobre los tentáculos corruptos de Odebrecht, que acabó reviviendo aquel viejo término usado en el argot de los que buscan el poder a punta de rencillas: “Todos contra…”. Esta vez, todos contra Vargas Lleras. Hubo acusaciones, insultos, desorden, por supuesto, defensores del exvicepresidente, y el Capitolio fue todo menos el lugar para discutir, con argumentos, los asuntos de la agenda nacional. Al final, los reclamos derivaron en el otro caballito de batalla que servirá de pretexto para algunas —si no todas— de las campañas: el Acuerdo de Paz.

(Lea: La estrategia Messi del partido de la U)

En el Congreso también se han venido discutiendo, sin mayores avances, dos de los proyectos más importantes para implementar lo pactado con las Farc en La Habana. Sólo que los debates de estos, la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y de la reforma política han servido más para casar peleas partidistas que para cumplir con los compromisos adquiridos.

No en vano, el regreso de Vargas Lleras al escenario político significó el ataque frontal en contra de la principal bandera de su antiguo jefe y, en ese sentido, la orden impartida a su colectividad, Cambio Radical, es la de no aprobar ninguna de las dos iniciativas. Orden que, dicho sea de paso, ha venido siendo cumplida a cabalidad por el presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Lara, quien ha confesado que frenó, en su momento, la discusión de la JEP en la Comisión Primera de dicha corporación. Por supuesto, sin desconocer la dificultad que ha tenido el Gobierno a la hora de mantener la gobernabilidad y las precarias mayorías que aún le quedan en el Legislativo.

(Lea: ¿Dardos de Santos a Vargas Lleras?)

De hecho, la falta de quórum obligó a levantar la sesión del miércoles, en la que se discutía la reforma política. Un episodio que se agudizó aún más por el conteo regresivo que anuncia la muerte del fast track. Queda muy poco tiempo para que el mecanismo especial legislativo, a través del cual se buscaban aprobar, de manera expedita, los proyectos de la implementación de la paz sigan funcionando y, hasta el momento, varios de ellos navegan rumbo al naufragio. La situación es tal, que se concertó una reunión entre los senadores Iván Cepeda y Roy Barreras, y el exministro Álvaro Leyva, buscando una estrategia que pueda salvar la reforma y lograr su aprobación antes del 11 de noviembre. ¿Por qué? A partir de esa fecha se abren las inscripciones de las listas al Congreso y, de acuerdo con la interpretación de varios congresistas, las reglas del juego electorales no se pueden modificar una vez comience a correr ese tiempo. Y como se sabe, dentro de las propuestas está el poder llevar listas en coalición.

Además, faltan por aprobar proyectos como el que crea las 16 circunscripciones especiales de paz, la misma estatutaria de la JEP, el que permite el sometimiento a la justicia de bandas criminales como el clan del Golfo y conciliar el texto del proyecto que establece el monopolio de las armas en poder del Estado. Todos complejos que, por más sesiones extras que se convoquen, no saldrán del Legislativo de la forma expedita que esperan quienes apoyan los acuerdos. Incluso, esta misma semana, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido de las Farc, reclamó al Gobierno la tardanza y negligencia a la hora de cumplir lo pactado en el marco de las conversaciones de paz. “En este momento la implementación es un desastre. Si el pueblo colombiano no toma la bandera del Acuerdo de La Habana, vamos a tener una crisis profunda, un fracaso en la conquista y la búsqueda de la paz”, advirtió Jesús Santrich, miembro de su Consejo Político Nacional.

Y, para rematar, esta semana se evidenció que el ocaso del último año del presidente Santos lo golpeó también de manera prematura. El viernes fue la asamblea nacional del Partido de la U, en la que se definiría el escenario político que jugará su partido y, mientras daba su discurso, algunos de quienes fueron sus más fieles alfiles volcaron su apoyo a quien hoy, además del uribismo, es visto también como amenaza para su política de paz: Vargas Lleras. Se trata de un sector que lidera el senador Mauricio Lizcano. En lo que sí se apresuró el primer mandatario fue en reivindicar como suyos los logros en materia de vivienda e infraestructura, al advertir que “eso es producto de este gobierno y esas obras son de este gobierno”, tratando de dar respuesta a su exvicepresidente, quien en varias de sus declaraciones recalcó que los más grandes logros en esos dos frentes se deben a su gestión.

Así, mientras Santos hablaba, Lizcano decidió celebrar la noticia que en un acto en el Parque Nacional entregaba Vargas Lleras: la recolección de dos millones de firmas con las que espera avalar su candidatura. “Llegamos al acuerdo de no presentar candidatos en la convención para que la U se enfoque en otras decisiones. Por ahora, cada miembro del partido seguirá apoyando a sus candidatos. En mi caso, a Germán Vargas Lleras”, dijo el congresista. Y como él, no son pocos los que esperan una luz jurídica, como la propuesta de transfuguismo que promueve la también senadora de esa colectividad, Sandra Villadiego, para migrar hacia otras colectividades. El escenario perfecto que se ajusta al complejo panorama electoral que se avizora, todo por cuenta de que a un presidente se le ocurrió negociar la paz con la guerrilla más grande del continente y decidió abrirle un espacio para que pudiera participar en política. Un hecho que se cumplirá, sin duda, en marzo de 2018.