La semilla de la transparencia

Solo se puede creer en lo que se ve claramente. Ahí radica la importancia de la transparencia como valor, tal vez, uno de los menos habituales en Colombia, situación que se ve reflejada en los continuos escándalos de corrupción en todos los niveles de la sociedad.

Andrea Benavides, directora de la corporación Ocasa, un semillero de veedores ciudadanos. / Andrés Torres
Andrea Benavides, directora de la corporación Ocasa, un semillero de veedores ciudadanos. / Andrés Torres

Lo afirman los ciudadanos, lo reconocen los contratistas, lo aceptan los empresarios y el Estado simplemente ha sido el mejor ejemplo.

Obras sin concluir a lo largo del país, otras que no tienen mayor funcionalidad, elefantes blancos que solo han servido para enriquecer a quienes saben hacer del presupuesto público su trofeo. Sin ir más lejos, Bogotá, la capital del país, ha sido un ejemplo de cómo los contratistas hicieron de la suyas y los principales damnificados fueron los ciudadanos.

No se trata de una simple cuestión de percepción. La última encuesta de la Corporación Transparencia por Colombia, realizada a 858 empresarios del país, deja en evidencia un panorama más que preocupante. El 94% creen que se ofrecen sobornos en los negocios y reconocen que estos se emplean en su mayoría para acelerar trámites y para contribuciones políticas. Tan compleja es la situación que los mismos empresarios advierten “si no se pagan sobornos, se pierden negocios”.

Con este panorama es necesario que sea la misma ciudadanía la que ponga los ojos sobre la contratación, resalte la importancia de la transparencia como un valor fundamental y desenmarañe esa zona oscura en que se ha convertido la contratación pública. Casos no hay muchos, pero en Bogotá un grupo de jóvenes lleva diez años enseñando a hacer vigilancia a la inversión de los presupuestos públicos, convirtiéndose en un semillero de veedores.

Se trata de la corporación Ocasa, cuyo nombre en la ancestral lengua Chibcha se traduce como Verdad, la que se necesita para que la transparencia sea valor preponderante en materia de contratación en el país. La idea es enseñar a jóvenes a hacer vigilancia y seguimiento de los presupuestos.

Su directora, Andrea Benavides, explica que “los jóvenes son finalmente los que definen el futuro del país, por eso es importante crear estos espacios de formación, saber cómo funciona el Estado, ante quien dirigirse para recibir información, saber cómo paso a paso se hacen ejercicios de control social. Hay que identificar actores, saber qué hacer cuando niegan la información, cómo evaluarla y analizarla, todo ese ejercicio es importante. Es hacer visible y transparente la contratación”.

Más de 6 mil jóvenes se han capacitado en Ocasa, muchos de ellos hoy ejercen como veedores ciudadanos que han aprendido a indagar en los Planes de Desarrollo bajo una premisa “lo público es propio y si no hay información, hay que buscarla”. De este modo, han tenido experiencias exitosas como la reinversión de presupuestos en los municipios de Duitama, Paipa y Tunja. Seguimiento al manejo de regalías en Arauca. Revisión de los presupuestos e inversión en elecciones, entre otros.

En la práctica la transparencia es: “la propiedad de los objetos que permite que la luz los atraviese en todo o en parte” y es ese el compromiso que deben asumir los ciudadanos, hacer visible el manejo y la inversión de los presupuestos públicos. Porque como planteaba Santos Tomás: “Hasta no ver no creer”.