Sergio Fajardo arremete contra el Partido Verde

En una carta enviada a Compromiso Ciudadano, el gobernador de Antioquia habla de la "gran frustración" que fue su experiencia Verde.

El gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, se refirió en las últimas horas al Partido Verde, colectividad por la cual fue elegido para ese cargo.

Fajardo, en carta enviada a Compromiso Ciudadano, habló de la "gran frustración" que siente de su experiencia Verde.

"Se desvanecieron muchos sueños. No fuimos capaces de pasar de discusiones atadas a intereses personales, poderes pequeños, nunca explícitos: un mundo oscuro en muchos sentidos", citó.

Y continuó: "Nunca nos preocupamos por construir, en serio, una identidad y en contadas ocasiones vislumbramos algo que nos permitiera pensar y unirnos con algún ideal o proyecto de altura".

El gobernador envió su misiva justo pocos días después de la alianza del Partido Verde con el movimiento Progresistas del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro Urrego.

CARTA A COMPROMISO CIUDADANO

Amigas y Amigos,
Quiero compartir con ustedes mis reflexiones, a mano alzada, en forma muy breve y sobre la marcha, acerca de este mundo de la política nuestra y la política Verde.

Para mi la “experiencia verde” ha sido una gran frustración. Se desvanecieron muchos sueños. No fuimos capaces de pasar de discusiones atadas a intereses personales, poderes pequeños, nunca explícitos: un mundo oscuro en muchos sentidos. Nunca nos preocupamos por construir, en serio, una identidad y en contadas ocasiones vislumbramos algo que nos permitiera pensar y unirnos con algún ideal o proyecto de altura. La verdad es que esta historia es la historia de la incapacidad, de la falta de ideales, de sueños. Tristemente, relaciones artificiales, interesadas, en la mayoría de los casos oportunistas y, siempre, coyunturales. Decepción y desconfianza. Se dice que así es la política.

Cuando escucho y leo lo que está pasando ahora, vuelvo a la misma película. No ha cambiado nada y, si nos decimos la verdad, no podrá cambiar. En ningún momento nos sentamos a discutir lo que pasó, jamás hablamos de lo que hemos hecho, de lo que pensamos y queremos. No es un problema de personas. Conozco muchas y sé lo valiosas que son y lo que significan, las aprecio y admiro. Es un asunto muy sencillo: No tenemos principios ni sueños compartidos. Nunca construimos unas reglas claras. Así es imposible que salga algo diferente. Puede “sonar la flauta política” en un segundo, pero será efímero: vendrá un entusiasmo oportunista y luego se desinflará. Todo termina siendo una maniobra electoral.

Siempre estaré agradecido con las personas que han dedicado tiempo y esfuerzos a trabajar por el sueño de Compromiso Ciudadano. Es un grupo extraordinario. La semilla está sembrada. Creo y quiero profundamente lo que hacemos, le he dedicado mi vida a estos ideales, cada día los valoro más, pero también soy consciente de mi incapacidad para ayudar a crear las condiciones para que nuestros amigos y amigas puedan participar, destacarse y ser protagonistas. Los errores cometidos están ahí para reconocerlos y no repetirlos. No puedo oponerme a los avances de otras personas que tienen derecho a ensayar y a encontrar y descubrir nuevas alternativas. No quiero ser un obstáculo.

Pienso que nuestro poder es otro, el de nuestros orígenes cuando éramos un grupo de indignados que llegamos a la política cargados de ideales y sueños. Unos indignados que nos atrevimos a participar y a organizarnos para llegar al poder. Llegamos e hicimos.

Estamos haciendo. Ese es nuestro aporte. Nuestro gran aporte. No tiene sentido cambiar y perder la identidad. En toda intervención que hago escribo nuestra fórmula: Coherencia + Consistencia=Confianza. Esta es y tiene que ser la fórmula. Estoy seguro de que hay formas contemporáneas de organizarse y mantenerse vigentes en política sin tener que repetir la historia conocida, y romper con la coyuntura fatalista que señala que es ahora o nunca y que estamos obligados a hacer algo que no queremos en aras de alcanzar la salvación. Si algo nos ha caracterizado es la inteligencia y capacidad para construir nuevas formas de acción política que están acordes con nuestra identidad. Se puede, se debe.

En oportunidades algunas personas de muy buena fe me dicen que es importante “que tenga un partido para el 2018”. La verdad es que en el 2018 no he pensado, ni pensaré en esos términos. Ya son muchas las experiencias y tengo claro que no haré política que no sea por ideales y sueños, esa idea de juntarse para ganar termina en una falacia. Nos encontramos con principios, programas y palabra. De resto, no vale la pena.