"Si no hubiera guerra, el hombre sería Peñalosa"

Antanas Mockus revela su interés en aportar a la paz y afirma que Santos no quiere ‘gobernar por gobernar.

El excandidato verde dice que amplió su visión sobre el pacifismo./ Gustavo Torrijos

Cuatro años después de protagonizar la ‘Ola Verde’, el fenómeno político que puso en jaque la aspiración presidencial de Juan Manuel Santos, Antanas Mockus opina sobre la contienda electoral que se avecina. El excandidato del Partido Verde, convencido de que la prioridad nacional es la paz, explica por qué va a votar por su antiguo rival, aunque no desestima los pergaminos que puede tener Enrique Peñalosa. Conversación con el hombre que se convirtió en referente de la cultura ciudadana y el voto consciente.

¿Qué le quedó de la ‘Ola Verde’ de 2010?

Reivindico lo que pasó hace cuatro años: todo fue útil, todo fue bueno. Guardo muy buenos recuerdos aunque también algo de nostalgia y tristeza. La Ola me dejó una serie de lecciones como que, a veces uno quiere corregir demasiada gente al mismo tiempo. Sobre el pacifismo también amplié mi visión política y hoy, más que una cuestión anti – armas, lo considero una actitud vital. Por ejemplo, debemos hacer sentir nuestra solidaridad frente a las muertes violentas, que cada que alguien muera en Colombia de manera violenta provoque una reacción solidaria como cuando murió Jaime Garzón.

¿Cree que la Alianza Verde recoge lo que fue su candidatura en 2010?

Creo que el cimiento está preservado. La gente de la Ola Verde entendió que si no se pega a ciertos principios básicos no le va a ir bien. La vertiente ambientalista al interior de la alianza debe aumentar en su importancia y tener una mayor conexión con los partidos verdes del mundo. Si bien el Partido Verde de hoy no recoge el lado más romántico de la Ola, pienso que sí mantiene su espíritu político. De hecho, no hay una casilla en el espectro para hacer una propuesta ideológica y filosófica mejor que la de ellos. La historia, no quiero decir la votación, preservará su existencia y su viabilidad.

 ¿Se considera afecto o parte de los Verdes?

Hace un par de años me inscribí por la ASI (Alianza Social Indígena, luego Independiente), pero ese es un movimiento que Colombia no toma en serio y que pareciera estar condenado a ser un partido de minorías. En cierta lógica, ese partido que se funda con el pacto constitucional debería resultar unido con los verdes, aunque soy claro en que mi reflexión no busca involucrarme en tramitar una unión entre esas dos organizaciones. Pienso que más allá de haber vinculado personas valiosas, el Partido Verde posicionó muy bien la marca y siento mucho orgullo porque logramos un gran éxito hace cuatro años y porque la consulta reciente mostró que había una gran cantidad de gente en el país a la que le interesaba quién iba a representar esas banderas. Si hace las comparaciones con otras consultas y otros momentos, lo verde va viento en popa.

 ¿Su afán por posicionar el tema de la paz es un respaldo al presidente Santos?

Si no estuviéramos en guerra, el hombre sería Peñalosa. Pero estamos en guerra y en construcción de paz. Lo he dicho claramente desde que le envié la carta a las Farc: estoy dispuesto a dedicar algo de mi tiempo a ayudar a que el proceso se consolide. Para mucha gente la paz sería un alivio y la posibilidad de preservar la vida; para otra, el alivio no es grande porque ha aprendido a convivir con la guerra. En algún sentido, muchos de nosotros estamos anestesiados. El presidente Santos logró consolidarse como el hombre de la guerra y el hombre de la paz, y las Farc en ello pueden encontrar un principio de sinceridad. La paradoja interesante está en que los grandes golpes que le dio Santos a la guerrilla no le granjean una enemistad insoluble con el tema de la paz; al contrario, el hecho de presentarse como el hombre de guerra, heredero de Uribe, le permite a él instalar las negociaciones de paz.

 ¿Está dispuesto a participar en mecánica electoral a favor de Santos?

No me parece correcto orientar el voto de algunas personas a partir del mío, se trata más bien de subir la discusión a los criterios que cada uno tiene para tomar su decisión y en ese sentido yo expongo los míos. Si no fuera por la capacidad de Santos de hacer la paz, mi criterio me llevaría a respaldar a Peñalosa pues, en reunión con él y con Lucho Garzón hace cuatro años, confesamos que nos sentiríamos cómodos con cualquiera de los tres como presidente. Con Enrique comparto gratas historias sobre el trabajo que hicimos juntos por Bogotá, de hecho, de cinco veces que hablo de él, cuatro lo hago bien. Ahora, con respecto a Santos, le recomendaría un mensaje para los ciudadanos y es: “si usted vota por mí, ah camello en el que se mete. Tendrá que recibir a su antiguo enemigo en su barrio, en su vereda”. Este mensaje es importante porque Colombia está preparada para que siga la guerra, lo más cómodo es no hacer la paz

 ¿Es cierto que usted busca una silla en la mesa de diálogo?

Estar en la mesa puede ser más importante que ser el próximo presidente de Colombia, pero pienso que lo primero sería verificar que la gente esté de acuerdo en que yo esté ahí, pues lo contrario sería demasiada confianza en mí mismo. Quizás en los momentos de mayor escepticismo sobre el proceso de paz pueda ayudar. Sin embargo, los miembros de la comisión del Estado lo han hecho súper bien, Humberto de la Calle me parece excelente. Tanto así que no me queda fácil decir que yo lo habría hecho mejor, y sería injusto llegar a desbancar a alguien. Ahora bien, si uno pudiera juntar a todas las personas que cumplen funciones educativas como profesores, periodistas, hasta policías, si uno lograra sumar todo eso a quienes van a respaldar a Santos –no para ganar las elecciones sino para afrontar las vicisitudes del proceso de paz– haríamos mucho por el proceso y por el posconflicto. Es posible que los enviados actuales lleguen exhaustos a la firma de la paz, por lo que todos debemos montarnos en este camello.

 Usted se opuso al 'todo vale', ¿no le preocupa contradecirse al apoyar a un gobierno señalado de incurrir en prácticas como la denominada mermelada a cambio de un loable anhelo de paz?

El tema de la mermelada me irrita, me lleva a sentir incomodidad, y es válido exigirle al gobierno que no pase ciertos límites. Sin embargo, hay una zona de ambigüedad que les permite a algunos defenderla. El mejor ejemplo de esto fue un debate entre Santos, cuando era Ministro de Hacienda, y Gustavo Petro. Petro atacó por la repartición de cupos entre congresistas y Santos le dijo ‘dígame el nombre de un parlamentario que haya cambiado de voto por la asignación de un cupo de inversión regional’, a lo cual Petro tuvo que decir ‘no puedo dar el nombre’. El caso de Yidis Medina habría podido ser la prueba de la teoría de Petro, y nos recuerda la importancia de probar judicialmente que la decisión de prestar un apoyo económico a la región se traduce en el cambio de la intención de voto, más aún cuando la filosofía de asignación de recursos a líderes regionales está respaldada en fallos judiciales. No obstante, el tema de la mermelada va más allá: en Colombia existe una norma social alrededor del favor que dice que yo te hago un favor y tú me lo devuelves, “hay que ser agradecidos”. Quienes trabajan conmigo saben lo desagradecido que soy.

 A propósito de la reelección, ¿no cree que, a pesar de que Santos encarne su anhelo de paz, la figura le hace daño al equilibrio de poderes?

Sí, pero también hay una responsabilidad enorme en juego. Uribe era el gobernante inspirado en una pasión que le dictaba que las Farc eran malas, irremediablemente malas, sin zonas grises. Albergar la esperanza de paz no venía al caso. Por el lado de Santos, en cambio, hay un cálculo frío y racional de que el fin de la paz es, de lejos, más importante que su reelección. Si él logra ese fin a través de su designación, habrá logrado sus sueños y los de muchos. Es casi imposible imaginarlo gobernando por gobernar, ganando por ganar, y no lo afirmo tanto por lo que él dice sino que más bien lo deduzco de los hechos. Posiblemente Santos sea el mejor formado de una generación de líderes en Colombia. Yo, por lo menos, reconozco que me ganó. Diez o veinte años más de guerra no es deseable desde ningún punto de vista. Todos ganamos si se firma la paz.

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