"Sí a la reconciliación"

"Bogotá no cayó en la trampa política del odio", dijo ayer al ganar con el 32% de la votación. Tras un discurso de talante presidencial, el nuevo burgomaestre tiene grandes retos por delante.

“Bogotá no cayó en la trampa de la política del odio y les dijo sí a la reconciliación y a la paz”. 720.308 bogotanos, el 32% de los votantes, eligieron ayer a quien será, desde 2012, el nuevo alcalde de la ciudad: el líder del movimiento Progresistas, Gustavo Petro Urrego.

Petro derrotó en las urnas al exalcalde Enrique Peñalosa (557.000 votos, 25%); la independiente Gina Parody (375.574 votos, 16,75%); Carlos Fernando Galán, de Cambio Radical (284.989 votos, 12,71%), el liberal David Luna, con (93.463, 4,17%), y a otros cuatro candidatos, incluyendo a Aurelio Suárez, aspirante del gobernante Polo Democrático, que obtuvieron menos del 3% de los votos.

Petro apareció ante sus seguidores en el Hotel Tequendama, donde anunció que la red de “nuevas ciudadanías” que lo llevó al poder, será el “primer movimiento político del siglo XXI”.

Un Petro sonriente, elegante, con talante presidencial, aseguró que su movimiento no sólo será distrital, sino nacional, que defenderá la Constitución del 91 y que Colombia “está preparada para hacer la paz”.

También invitó al presidente Juan Manuel Santos para trabajar en equipo por los problemas más urgentes de la ciudad: la construcción del metro, la adecuación de políticas que mitiguen los efectos de la liberalización de la economía global y el TLC con los Estados Unidos, así como la reducción de la segregación social en Bogotá.

“Hoy hemos recibido un mandato popular para dar el gran salto que tiene que ver con la educación pública, caminar hacia una sociedad del conocimiento que pueda competir en el siglo XXI, y asumiremos los demás retos, el de la salud, la vivienda de interés prioritario, el cuestionamiento la Ley 30”, esbozó el alcalde electo.

Los retos de Petro

Petro llega a la Alcaldía de la ciudad en uno de sus peores momentos. Entre la corrupción y las demandas que le esperan al Distrito, por cuenta del incumplimientos de muchos contratos, los años por venir, como repetía en campaña el exalcalde Jaime Castro, será de sequía y no de bonanza.

Por consiguiente, el próximo alcalde tendrá que ser muy hábil para garantizar la salud fiscal de la ciudad, mientras les cumple a sus electores la pléyade de promesas que esgrimió durante su campaña. A eso se suma, según Fredy Barrero, decano de la escuela de Ciencia Política de la Universidad Sergio Arboleda, la necesidad de que Petro “se baje de sus aspiraciones presidenciales y se concentre en la ciudad”. Para Barrero, el discurso del nuevo burgomaestre demuestra sus ambiciones nacionales y observa con preocupación que asuntos como la seguridad y la movilidad hayan estado ausentes de su primera alocución.

Pero eso no es todo. Durante los últimos años la gestión administrativa de la ciudad ha sufrido un profundo deterioro en manos de políticos, funcionarios y contratistas corruptos, quienes a través de triangulaciones y chantajes han desangrado al Distrito. Petro construyó gran parte de su campaña sobre las denuncias de estas irregularidades y ahora deberá asumir un liderazgo firme para desmontar, las mafias que han desangrado como garrapatas la burocracia local.

Finalmente, el alcalde electo deberá continuar con la manera armónica en la que la actual alcaldesa, Clara López, ha conducido las relaciones con el Gobierno Nacional y la Gobernación de Cundinamarca, socios fundamentales en proyectos urgentes de la ciudad.

“Hay muchas obras, incluyendo el metro, que deberán ser coordinas interinstitucionalmente, y para eso es necesario que el nuevo alcalde deje su posición contestataria y construya relaciones interinstitucionales”, dice el director de Cifras y Conceptos, César Caballero.

Esto será un reto grande. Sobre todo si se tiene en cuenta que Petro anunció que construirá un movimiento nacional con claras ambiciones presidenciales.

Petro deberá decidir si confronta o coopera con el presidente Santos. De esta relación depende el futuro de la construcción de la primera línea del metro, que ya fue pactada por el Gobierno y el Distrito, pero cuyo trazado es rechazado por Petro. También la reapertura del hospital San Juan de Dios, y a implementación de políticas fundamentales que el mismo Petro mencionó ayer, como la aplicación de la Ley de Víctimas y la reducción de la desigualdad en Bogotá.

De cara al futuro, y tras el sinsabor dejado por el Polo Democrático, sobre los hombros de Gustavo Petro recae la responsabilidad de reconstruir un movimiento de centro izquierda viable, moderno y eficaz. De eso depende el futuro de la ciudad y el suyo propio.